¿Dimitirá Sánchez si pierde el 29N? Los 110 escaños de su ‘prima de riesgo’ en el PSOE

Pedro Sánchez no tiene un número de escaños que le obligue a dejar la Secretaría General del PSOE si pierde las elecciones del 29 de noviembre. Pero los precedentes socialistas, las reglas internas aprobadas después de su caída de 2016 y las encuestas actuales convierten los 110 diputados en una frontera política especialmente significativa. El verdadero precipicio aparece más abajo: caer de los 100 abriría un escenario que el PSOE solo ha conocido dos veces en democracia.

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El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, preside la reunión de la Comisión Ejecutiva Federal (CEF) del PSOE, en la sede del PSOE en Ferraz, a 5 de octubre de 2026, Diego Radamés - Europa Press
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Pedro Sánchez ha convocado elecciones generales para el 29 de noviembre y, por primera vez desde que regresó al liderazgo socialista en 2017, afronta unas urnas en las que el debate no termina en quién gobernará España. También está en juego qué ocurrirá dentro del PSOE si pierde La Moncloa.

La pregunta tiene una trampa. No existe en los estatutos socialistas una cifra de diputados a partir de la cual un secretario general tenga que dimitir. Ni 110, ni 100, ni 90.

Pero sí existe una frontera política. Y hoy, cruzando la historia electoral del PSOE, las actuales encuestas y el sistema interno que protege al secretario general, los 110 diputados aparecen como el número más razonable para medir la "prima de riesgo" de Sánchez.

No sería un buen resultado. Sí podría ser un resultado defendible.

110 escaños: por qué esa cifra importa

El PSOE tiene actualmente 121 diputados, los obtenidos en las elecciones generales de 2023. Llegar a 110 supondría perder 11 escaños, pero mantendría al partido claramente por encima de los dos peores resultados de su historia reciente, los 90 diputados de 2015 y los 85 de 2016.

Hay otro elemento que convierte los 110 en una cifra especialmente simbólica. Fueron exactamente los diputados que obtuvo el PSOE en 2011, entonces el peor resultado de su historia democrática. Además, 110 es el número mínimo para tener un grupo parlamentario 'fuerte', que sea capaz de rivalizar con el PP. El 'bonus' aquí es claro: cuanto más cerca quede de Feijóo, mejor. Es decir un 110 frente a un 130 no sería igual que un 110 frente a un 140.

Recordemos que en 2011 los socialistas venían de 169 diputados y cayeron a 110. Perdieron 59 escaños. Si Sánchez pasara ahora de 121 a 110 perdería 11. El mismo número tendría, por tanto, un significado político radicalmente diferente.

Las encuestas colocan ahora al PSOE entre 103 y 110

El dato tiene todavía más sentido al mirar las fotografías demoscópicas con las que comienza la campaña. El promedio de DatosRTVE del 5 de octubre coloca al PSOE en 104 diputados, 17 menos que en 2023. PP y Vox sumarían 202. RTVE construye su promedio a partir de 146 encuestas de 22 casas demoscópicas publicadas durante el último año. 

El último Sigma Dos para El Mundo estima 103 diputados para el PSOE. SocioMétrica lo coloca en 106. Data10 es bastante más favorable a Sánchez y eleva a los socialistas hasta los 110. 

Es decir, los 110 no están elegidos arbitrariamente. Son actualmente la parte alta de las últimas proyecciones privadas de escaños. Alcanzarlos significaría que Sánchez habría mejorado durante la campaña respecto al promedio con el que parte.

Los 90 diputados de 2015

Pedro Sánchez obtuvo 90 diputados en diciembre de 2015. Era entonces el peor resultado de la historia del PSOE. No dimitió. Ferraz defendió que el partido había resistido el avance de Podemos y Sánchez permaneció como secretario general, negoció una investidura y volvió a presentarse a las elecciones seis meses después. En junio de 2016 llegó un nuevo mínimo: 85 diputados.

Continuó al frente del PSOE durante tres meses y terminó dejando la Secretaría General el 1 de octubre de 2016, pero no como consecuencia automática de los 85 escaños. Cayó después de perder por 132 votos contra 107 una batalla interna en el Comité Federal sobre la estrategia del partido y la convocatoria de un congreso extraordinario. El peor resultado electoral del PSOE no expulsó por sí mismo a Sánchez. Lo hizo posteriormente una derrota orgánica.

Aquí está probablemente el dato más relevante para calcular la supervivencia de Sánchez después del 29-N: las reglas internas del PSOE cambiaron después de aquella crisis. Los Estatutos Federales aprobados en el 41º Congreso establecen que para revocar a un secretario general elegido mediante primarias hace falta primero que más del 50% del Comité Federal apruebe iniciar la censura mediante voto secreto.

Pero eso ya no basta. En el plazo de un mes, la destitución debe ser sometida también a una consulta entre la militancia. Solo si la mayoría de los votos emitidos respalda la revocación cesa la Ejecutiva y se constituye una gestora. 

La reforma introducida tras el regreso de Sánchez en 2017 buscaba precisamente impedir que volviera a producirse una destitución como la de 2016 exclusivamente mediante una batalla entre dirigentes. Entonces se explicó que el nuevo modelo daba a los militantes la última palabra sobre el cese del líder

Para que el PSOE expulse a Pedro Sánchez, los críticos necesitarían ganar primero en el Comité Federal y después ganar entre los militantes.

La auténtica línea roja puede estar en 100, no en 110

Aquí aparece la diferencia entre la frontera de supervivencia y la frontera de crisis. Un PSOE con 110 diputados habría perdido respecto a 2023, previsiblemente también La Moncloa si se cumplen las actuales estimaciones de PP y Vox, pero podría presentar el resultado como una resistencia muy superior a la que anticiparon numerosos sondeos durante la legislatura.

Con 105 o 106, el argumento sería más difícil, aunque Sánchez seguiría conservando una representación claramente superior a la de sus resultados de 2015 y 2016. El salto cualitativo aparece alrededor de los 100.

Un resultado de 99 diputados sería el tercer peor registro del PSOE en unas generales desde la Transición, únicamente por encima de los 90 de 2015 y los 85 de 2016. Durante este mismo año varias encuestas ya han situado al partido alrededor de ese umbral.  Bajar de las tres cifras tendría, por tanto, un impacto político y visual mucho mayor que pasar de 110 a 106.

Hay otra protección para Sánchez: todavía controla el partido

El resultado electoral tampoco llegará a un PSOE que tenga abierto actualmente un proceso sucesorio. Sánchez fue reelegido secretario general en el 41º Congreso de diciembre de 2024 sin que se presentara una candidatura alternativa. La Ejecutiva Federal que propuso obtuvo el 90% del respaldo de los delegados. 

En junio de este año, pese a la acumulación de problemas judiciales y electorales, el Comité Federal volvió a cerrar filas mayoritariamente con él. La excepción pública más destacada fue Emiliano García-Page. 

Eso no garantiza lo que ocurriría tras una derrota nacional en las elecciones generales del 29 de noviembre, pero sí establece el punto de partida: quien quisiera sustituir a Sánchez necesitaría construir una alternativa orgánica y después superar el mecanismo de doble legitimidad, Comité Federal y militancia, previsto en los estatutos.