La regularización de personas migrantes aprobada por el Gobierno copa buena parte del debate público. Una de las medidas sociales más relevantes de la legislatura y que no ha estado exenta de polémica, tanto por las reticencias de la derecha como por la exclusión de los apátridas. En una entrevista con Demócrata, la diputada de Sumar (Más Madrid), Tesh Sidi, valora el impacto de la regularización, poniendo también el foco en sus sombras.
Desde la situación de los apátridas saharauis hasta las tensiones en el seno del Ejecutivo, pasando igualmente por la crisis de la vivienda, la digitalización y la política internacional, Tesh Sidi traza un diagnóstico crítico de la legislatura y de sus retos pendientes.
REGULARIZACIÓN DE MIGRANTES
Pregunta: La regularización de migrantes ya está en marcha. Usted la ha peleado mucho y entiendo que lo considera una buena noticia, pero en los últimos días se ha detectado una mácula, un aspecto a mejorar: la situación de los apátridas.
Respuesta: La regularización de migrantes en nuestro país o en cualquier país es siempre una extraordinaria noticia. Recuerdo cuando llevábamos el formulario de recogida de firmas, entonces yo ni siquiera tenía la nacionalidad española. Es uno de los motivos que me trajo a la política institucional, los derechos de los y las migrantes. No nos enfrentamos a una realidad burocrática por ser nacionales españoles, pero si tú no tienes empadronamiento, no puedes tener un alquiler, ni Seguridad Social, no puedes ni siquiera entrar a unas urgencias. Es clave, yo he estado ahí y lo veo como un logro personal y de todos los colectivos que han articulado la estrategia y la han llevado al Congreso, es un ejemplo de poder ciudadano. Y por supuesto, dar las gracias a mi partido, Más Madrid, y Sumar, que estuvieron negociando en el seno del Gobierno. Es de las grandes medidas que nos llevamos de la legislatura.
Lo que no sabíamos, o lo que no sabía la Tesh del 2020 recogiendo firmas, es que este Reglamento llevaría una letra pequeña, dejando fuera a las saharauis, a los míos. Todas las personas tienen derecho a regularizar su situación y no expulsarlos a la marginalidad, a la esclavitud. Sé que suena muy loca esta palabra, pero yo sé lo que es cobrar en negro y no poder batallar 3,50 euros en un bar frente a 2,50 euros en la época de Rajoy. Ese derecho de lo da un NIE, te lo da un DNI. Si no, estás en un régimen de esclavitud, no como la concebimos en el siglo pasado, pero no deja de ser una marginalidad.
Se han quedado fuera por una decisión política del PSOE los y las apátridas saharauis. No es casualidad. No es casualidad.
P: ¿Cuándo se entera de esta exclusión?
R: Vi el Reglamento el 6 de febrero y me llega por la Abogacía Saharaui esa exclusión. Se me encienden todas las alertas y digo ‘no puede ser, no puede ser que el propio PSOE en términos políticos sea tan torpe’. Al dejar fuera a los apátridas estás desmereciendo el trabajo de esos colectivos y esas personas.
"Cuando vi que excluyeron a los saharauis dije ‘no puede ser tan torpe el PSOE'"
P: Entiendo que, ahora mismo, este punto es de sus prioridades políticas. ¿Ha hablado con el PSOE para abordarlo? ¿Se han abierto o se muestran reticentes?
R: Creo que gracias a nuestro espacio vamos a conseguir doblegarles con mecanismos jurídicos, pero no con su voluntad política. Estamos estudiando vías en el marco de la propia apatridia. Comprendemos que ya que los solicitantes de asilo van a ir al otro régimen extraordinario, se acelerarían de alguna manera los propios apatridias. Lo más importante para la gente solicitante de cualquier proceso de regularización es poder trabajar.
No me gusta especificarlo en mi persona, pero yo estuve 10 años sin poder ver a mi familia, ni a mi madre por el estatuto de apátrida, porque no puedes salir del país. Se casaron mis hermanas, nacieron mis sobrinos… La vida sucede mientras regularizas tu situación.
Pasa lo mismo con la homologación de títulos. Si no estás regularizado, puedes ser ingeniero o doctor como mis hermanos, que no vas a poder optar. Estamos perdiendo un capital humano y de conocimiento de inmigrantes que supondría una mejora del 1% del PIB, si hablamos en términos racistas y economicistas.
"Estamos perdiendo un capital humano y de conocimiento de inmigrantes que supondría una mejora del 1% del PIB"
P: Esta visión que dibuja contrasta con un asunto que se ha sucedido en paralelo: la “prioridad nacional” que han pactado PP y Vox en Extremadura y Aragón.
R: Lo que veo no es que haya derechas, es que está Vox. Vox lidera y el PP y sus políticas se están desintegrando poco a poco. Siempre pongo un ejemplo. A mi me acogió una familia española, gente con casas, y tú podías discrepar sobre ciertas cosas. Ahora, discrepas con ellos [con las derechas] tu condición de humano.
Es que cuando interlocuto con el PP o con Vox tengo que justificar mi existencia como ser humano. No estamos hablando de discrepancias económicas, están atentando contra convenciones, contra instituciones y contra lo que garantiza lo que ellos llaman la civilización. Si esas tesis las compra la supuesta derecha moderada… En Andalucía va a pasar lo mismo. Si Moreno Bonilla no tiene mayoría, va a tener que poner en el artículo 1 del acuerdo el concepto de “prioridad nacional”, eso es del nacional socialismo nazi.
"Cuando interlocuto con el PP o con Vox tengo que justificar mi existencia como ser humano. La "prioridad nacional" es del naciona socialismo nazi"
Cunado entró Vox en las instituciones hemos tenido que escuchar justificaciones de los socialistas diciendo que ‘son solo racistas’, como si eso no fuera grave. Ahora, persiguen al colectivo LGTBI, a las mujeres…. El fascismo es ir a por todas las colectividades y nadie se va a salvar porque rinden a unas élites que no están en España, están en Florida. Se posicionan con Trump y Netanyahu. No defienden el patriotismo de la vivienda, ni el del feminismo, ni el del amor. Hemos visto un cambio absoluto. A mi esa “prioridad nacional” me preocupa.
VIVIENDA
P: Cambiando el tercio, acaba de mentar la crisis de vivienda. Usted es portavoz en la Comisión de Vivienda. Sánchez dijo en su momento, allá por 2023, que esta sería la legislatura de la vivienda. Recientemente se ha aprobado el Plan Estatal, pero la sensación en la calle es que no llegan las medidas. Si mañana acaba la legislatura, ¿Sumar estaría satisfecho con los avances hechos en este campo?
R: La coalición de Sumar estaría contenta con la batalla que hemos dado de la mano de los sindicatos por la vivienda. Es la matriz de un Gobierno progresista. Es que si una diputada no puede ni ahorrar para una entrada de una hipoteca, díselo a una familia. Ya no hablamos de propietarios, estamos hablando del alquiler, que estamos ya en niveles de co-housing, co-living, de gente mayor que la echan de sus casas y de desguazar hogares como quien desguaza un coche para venderlo por piezas más caras que en su conjunto.
Nosotras damos la batalla, pero sabemos cuál es nuestra fuerza y que ese ministerio no es nuestro. A través de Bustinduy hemos peleado el régimen sancionador para perseguir pisos turísticos, un gran agujero que quedó en la Ley de Vivienda. También con esta prórroga de los alquileres. Pero no es suficiente.
La ministra [Isabel Rodríguez] hace propuestas en favor de los propietarios, pero no de la abuelita de cinco pisos, estamos hablando de grandes tenedores. El PSOE está intentando desviar el foco en la trampa de construir más. Se puede construir más, pero eso lo vamos a ver en cinco o diez años. La vivienda es la gran asignatura del Gobierno. De qué sirve que el PSOE se alegre de la subida del SMI si la ministra de Vivienda no pone coto a los fondos buitre y nos dejan solos defendiendo la prórroga con el decreto de alquileres.
P: Sumar no tiene Vivienda, pero tiene otros ministerios y tampoco están pudiendo aprobar según qué leyes. Las sanitarias de Mónica García, la del Cine de Urtasun… ¿Crees que el PSOE está siendo en parte desleal bloqueando algunas o responde más a un Congreso fragmentado? ¿Qué lectura hace de su paso por el Gobierno?
R: El PSOE es un partido hegemónico heredero del bipartidismo y hay que empujarle para que mire a la izquierda. Atiende a unas élites, en este caso [vivienda] del rentismo. Yo siempre me remito a una frase que decía Anguita, que es ‘queredme menos y votadme más’. La realidad es que la izquierda nunca ha llegado a gobernar en su totalidad y tenemos una fuerza de cinco ministerios. Habrá quien diga que hay que abandonar los espacios de poder, pero es lo que a ellos, al bipartidismo, le interesa: gobernar en solitario. Nuestro paso por el Gobierno nos ha permitido conocimiento y aprender mecanismos.
La izquierda lo que no puede perder es la honestidad y el poder de la calle. Hay que explicar cómo funciona esto y hay una complejidad parlamentaria. Uno de nuestros errores es haber dicho que es un bloque de investidura progresista, que lo dijo el PSOE, no nosotros, pero teníamos que habernos desmarcado. Tenemos claro que hay una mayoría plurinacional de investidura, pero las medidas… El PP no para de votar con Puigdemont, y las que no, con el PSOE.
También hay una segunda derivada, que es la complejidad autonómica. Somos un Estado plurinacional y así debe ser. Las autonomías tienen más capacidad legislativa sobre vivienda que el propio Estado, y lo mismo en materia sanitaria.
Y luego, a mí me molesta que muchas de las cosas que conseguimos se ven difuminadas por los casos de corrupción que han salido del PSOE. Conseguimos el embargo de armas y saltó el caso Cerdán.
Hemos empujado para que se firmara el reconocimiento del Estado de Palestina, este real decreto-ley de vivienda, la universalidad de la Sanidad Pública, damos la batalla de la reducción de jornada laboral, la salud mental, la agenda verde… Eso no vino del bipartidismo ni del PSOE.
"Muchas de las cosas que conseguimos se ven difuminadas por los casos de corrupción que han salido del PSOE"
TRANSFORMACIÓN DIGITAL
P: Usted es ingeniería informática y lleva en su grupo las cuestiones de Transformación Digital. Hace poco se ha desbloqueado la Ley de Protección de menores en entornos digitales. ¿Qué análisis hace de la propuesta?
R: Lo he dicho tanto para la ley de regulación de plataformas digitales como en el acceso de menores a redes sociales: el prohibicionismo es como darle un coche a alguien después de los 18 años y decirle ‘venga, conduce’, sin haber un acompañamiento. Y ese es el mayor problema de las políticas educativas, la digitalización de la sociedad, que no es lo mismo que digitalizar servicios de la ciudadanía. Creo que excluir o centrar siempre nuestra atención en los menores y no mirar hacia las plataformas es el error.
Si una sociedad es alcohólica en su conjunto, el padre y la madre, no podemos decir ‘vamos a aislar al niño’. No, porque la propia sociedad está borracha de desinformación, de falta de herramientas, de falta de tiempo, que les pasa a muchos padres, que no tienen tiempo porque no hay políticas de conciliación.
Ahora, la norma la han negociado desde el Ministerio de Juventud e Infancia, con un trabajo de acompañamiento de 50 expertos, hay un aval de una norma fehaciente y buena. Creo que sí puede salir porque es un debate que preocupa a muchas familias, no diría solo por la infancia, sino por la propia democracia y la soberanía digital.
P: Precisamente, hace unas semanas entrevistamos en Demócrata a la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, y tuvimos una charla en este sentido. Ella planteó redes sociales públicas, libres de algoritmos tóxicos.
R: Es imposible desde la perspectiva de la ingeniería. El problema es una cuestión de sesgos. Tendríamos que garantizar una independencia absoluta de los gobiernos para poder construir esa realidad paralela y competir con estas plataformas. Es posible hacer una red social pública, por supuesto, pero tienes que conseguir que la ciudadanía esté. Y para eso, tienen que tener mecanismos de transparencia, de objetividad y de independencia gubernamental. Podemos caer en el debate de la identificación en las redes sociales, y claro, dar el DNI a una red social cuyo dueño está en Florida no me tranquiliza, pero tampoco que un activista lo ponga para que el Gobierno acceda. Muchas veces, pensamos las políticas públicas cuando estamos en los gobiernos, pero siempre tenemos que pensarlas en cuando no estemos. ¿Qué va a hacer nuestro adversario cuando no estemos?
Yo abogaría más por una soberanía pública de datos. Las plataformas tienen todos estos datos y los monetizan, te están comercializando a ti y a mí. No me gusta demonizar las redes sociales, gracias a ellas hemos podido llegar incluso a la política institucional, sirve para llamar a nuestros familiares en otros lugares… Tienen una parte muy positiva. Tengamos altura de miras porque es un debate de futuro.
P: Todo esto, además, se ha enturbiado con según qué usos de la IA. ¿Cómo ve la regulación en este campo? ¿Qué pasos se pueden dar?
R: Para mí uno de los temas es comprender los datos como una soberanía nacional. Los gobiernos, ¿cómo han operado hasta ahora? A mi me preocupa si me espía Rusia o si me espía otro país. Las redes sociales son una caja transparente que hacen creer al individuo que tiene libertad individual y es libre de comunicar y hacer, pero hay un observador, dentro y fuera de esa caja transparente.
Es importante desdomesticar a las sociedades de las propias suscripciones. Sé que es muy complicado, especialmente tras la pandemia. Todos tenemos como anestesia colectiva ponernos un capítulo de Netflix.
Nosotros hemos llevado al Congreso el tax the robots. ¿Qué ocurre con el mercado laboral? Vas a Zara, al supermercado y cada vez hay más cajas automáticas. Si hemos traído a tantas personas a las grandes capitales y ahora les estamos enviando al paro, no va a ser un problema de Zara, ni de Amancio Ortega, ni de Google; va a ser del Ministerio de Trabajo.
Que un algoritmo decía la jornada laboral de cualquier persona y que los riders vayan más rápido repartiendo, recae en el Ministerio de Sanidad porque son más bajas. Ese ese el modelo de país que tenemos que plantar cara.
Si hay más Inteligencia Artificial, hay mayor índice de productividad. ¿Qué pasa con ese tiempo? Se lo está quedando el capital. Y no me quiero encender, pero es más bien un problema de modelo de país. Tenemos que abogar por soberanía de datos y hacer políticas públicas, porque con los datos puedes acelerar las listas de espera, reducir los atascos de tráfico…
POLÍTICA EXTERIOR
P: Con respecto a política exterior, antes ha mentado a Trump. Con la guerra de Irán, parece que la causa Palestina y el Sáhara Occidental se han visto orillados. ¿Cómo ve a España en estos debates?
R: He militado en muchos movimientos palestinos y me es muy doloroso que sea un genocidio el que lo dé a conocer dentro de la sociedad española. Ahora, todo el mundo ubica Palestina y quiñen es el malo de la película. El pueblo palestino lleva sufriendo un genocidio desde la constitución del Estado de Israel. Ahora, el presidente del Gobierno dice que es un genocidio, como si fuera propuesta suya… Pero yo me alegro de que el PSOE se haya movido hacia esta tesis.
Del pueblo saharaui ni hablamos, porque España ahora mismo ya no es un acto relevante, más allá de la nacionalidad, más allá de cuestiones de cooperación, ha perdido su ventaja competitiva dentro del Magreb. En términos geopolíticos y económicos, España ha tenido que bajar ahora a Argelia para diversificar la llegada de energía. Creo que no han sido muy estratégicos.
No espero gran cosa, pero sí que hay que incentivar el municipalismo. Hay muchos municipios socialistas muy comprometidos. Hay que intentar revertir la posición del PSOE desde el municipalismo.
Más que hablar de Palestina y el Sáhara como España individualmente, tenemos que proteger una posición europea. Quien también está en peligro es la propia UE, su integridad, cartas y valores. Aquí el Gobierno es verdad que está teniendo posiciones mucho más dignas. Yo hago la broma siempre de que Pedro Sánchez tampoco es el Che Guevara, pero tiene un empuje. A Pedro Sánchez no le quedó otra que escuchar a Sumar y a Bustinduy, pero me preocupa que se quede en la política discursiva porque seguimos teniendo trato con Israel, que es la mayor amenaza ahora mismo para el mundo.
"Quien también está en peligro es la propia UE, su integridad, cartas y valores"
P: A lo largo de la entrevista, según he apuntado, ha citado en cuatro ocasiones a Bustinduy. ¿Cree que puede ser la persona idónea para liderar el espacio en las próximas elecciones generales?
R: Tengo una afinidad con Bustinduy porque siempre llevamos política exterior, él es un gran diplomático y siempre hablamos de estas cosas y lleva las comisiones en las que yo estoy. Es necesario consolidar todo lo que estamos logrando. Él ha dicho que no, pero es una fantástica propuesta para liderar el espacio a nivel nacional. Pero el candidato o candidata que saquemos, ahí estará para aunar todos los grandes logros.
La entrevista, larga y llena de matices, concluye y, apenas unos segundos después de apagar las cámaras, se escucha el sonido de un antiguo teléfono. Era el fijo de la sala Argüelles del Congreso, lugar de grabación de la charla. Los presentes nos preguntamos si alguien intentaba avisarnos de que nos habíamos pasado de hora y requería el espacio. Tesh Sidi se animó a levantar el teléfono y, para sorpresa de todos, era una llamada entrante para la centralita de la Cámara Baja. Una ciudadana quería información para visitar la institución. Tras un intercambio de impresiones ameno, la diputada de Sumar y representante de Más Madrid se comprometió a recibirla, facilitándole su email para contactar. Un golpe de suerte para la mujer propiciado por una diputada siempre accesible.