La batalla del 5% en Alemania: unas décimas pueden cambiar quién gobierna en Berlín y Mecklemburgo

Los sondeos sitúan a varios partidos al borde de la entrada en los parlamentos regionales. Su resultado puede modificar las mayorías, ampliar las opciones de coalición o dejar sin socios suficientes a quienes aspiran a gobernar.

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La candidata de La Izquierda a las elecciones de la ciudad-estado de Berlín, Elif Eralp, tras conocerse el resultado de la encuesta que le da la victoria Sebastian Gollnow/dpa
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La noche electoral alemana tiene otra batalla más allá de quién queda primero. Se libra alrededor del 5%: la frontera que puede separar a un partido con representación parlamentaria de otro que no participa en el reparto proporcional de escaños. En Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental, varias formaciones aparecen tan cerca de ese límite que unas décimas podrían cambiar las posibilidades de formar Gobierno.

Las estimaciones de Forschungsgruppe Wahlen para ZDF, publicadas al cierre de los colegios este domingo 20 de septiembre, colocan a BSW en el 5% en Berlín. En Mecklemburgo, la CDU aparece con el 5%; Los Verdes, con el 5,5%; y BSW, con el 4,8%. Son sondeos al cierre, no resultados definitivos del escrutinio. 

Para esas formaciones, la diferencia entre quedarse ligeramente por debajo o alcanzar el umbral puede tener consecuencias mucho mayores que una pequeña variación porcentual. Para las demás, puede modificar tanto su peso en la Cámara como la lista de aliados disponibles.

Por qué el 4,9% y el 5% pueden producir resultados muy distintos

En el reparto proporcional se tienen en cuenta las candidaturas que cumplen los requisitos electorales. Cuando una formación queda excluida, sus votos no se transfieren a otra: dejan de contar para ese reparto.

Eso aumenta el peso relativo de los partidos que sí participan. Por tanto, una candidatura puede obtener un porcentaje de escaños superior a su porcentaje sobre el conjunto de votos válidos.

Un ejemplo puramente ilustrativo permite entenderlo. Si de cada cien votos diez corresponden a partidos excluidos, el reparto proporcional se realiza sobre los noventa restantes. Una formación con treinta votos tendría un tercio de esa base, aunque su apoyo sobre el total fuese del 30%. El cálculo real incorpora además el método electoral y los mandatos directos.

Las reglas tampoco son idénticas en ambos territorios. Berlín contempla una excepción al umbral vinculada a la obtención de un mandato directo. En Mecklemburgo, los mandatos directos ganados se conservan aunque el partido no alcance el porcentaje exigido para el reparto proporcional. Por eso no siempre es correcto equiparar “menos del 5%” con “ningún diputado”.

Mecklemburgo: el futuro Gobierno también se juega entre los partidos pequeños

La atención se concentra en el duelo entre AfD y el SPD de Manuela Schwesig. Sin embargo, conocer al vencedor no bastará para saber quién puede gobernar.

La CDU, Los Verdes y BSW aparecen alrededor del umbral en los primeros sondeos. Que entren todos, solo algunos o ninguno produciría parlamentos distintos, incluso si apenas cambiara la distancia entre los dos partidos principales.

La entrada de una formación añade un posible interlocutor para negociar, pero también reduce el peso relativo de las demás en el reparto. Su exclusión elimina esa opción de pacto y puede aumentar la proporción de escaños de partidos que no han ganado votos adicionales.

No hay, por tanto, una regla según la cual la entrada de cualquier partido pequeño favorezca automáticamente una mayoría alternativa a AfD. Depende de qué formación sea, de cuántos diputados obtenga y de con quién esté dispuesta a pactar.

Berlín: BSW puede alterar el reparto sin convertirse en socio

En la capital, la situación de BSW añade otra incertidumbre a la disputa por el Gobierno. Su presencia o ausencia influiría en la distribución de diputados entre Die Linke, CDU, Verdes, SPD y AfD.

Pero entrar en el Parlamento no equivale a tener asegurado un papel en el Ejecutivo. La candidata de Die Linke, Elif Eralp, descartó durante la campaña una coalición con BSW, según informó Die Welt. Esa posición limita las conclusiones que pueden extraerse de una simple suma de porcentajes.

La distinción es decisiva: un partido puede cambiar las mayorías por el hecho de conseguir escaños, aunque termine en la oposición y no participe en ningún acuerdo de gobierno.

Un 5% en pantalla todavía no garantiza la entrada

Los porcentajes de un sondeo son estimaciones sujetas a incertidumbre. Un 5% publicado al cierre no certifica que el resultado final alcance el mínimo legal.

Tampoco basta con mirar una cifra redondeada durante el escrutinio. Cerca del umbral importan los votos exactos, los que quedan pendientes de contar y las reglas aplicables. Una diferencia que desaparece al redondear puede separar dos desenlaces parlamentarios.

Por eso, mientras las primeras posiciones acaparan los titulares, conviene seguir también a las candidaturas situadas alrededor de esa frontera. La cuestión no es únicamente cuánto obtiene cada una, sino cómo cambia la Cámara si logra entrar.

La primera posición dará al vencedor un argumento político para reclamar el Gobierno. La batalla del 5% puede determinar si encuentra una mayoría para conseguirlo.