Andrius Kubilius: "Si Europa pierde la confianza en Starlink, la empresa sufrirá las consecuencias"

En una entrevista en exclusiva con Demócrata, el responsable de la defensa europea advierte de los riesgos de la dependencia tecnológica de Estados Unidos, reclama una respuesta más contundente frente a la guerra híbrida de Rusia y confía en que España asuma un papel más activo en la construcción de una industria militar europea integrada

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El edificio Berlaymont, en la rotonda Schuman, es el corazón regulatorio de la Unión Europea. La sede de la Comisión Europea. Allí se redactan, negocian y presentan las leyes que después afectarán a 452 millones de habitantes. En los últimos años, buena parte de los esfuerzos comunitarios se han dirigido a construir lo que se ha denominado la "Europa de la defensa".

Como tantas otras mañanas en Bruselas, la coreografía para adentrarse en sus pasillos comienza por guardar el paraguas y sacudirse la lluvia de los abrigos. Quedan escasas horas para que Estados Unidos anuncie un conato de alto el fuego entre Rusia y Ucrania. Fuera, el otoño ya se hace notar. Como ese amigo que aparece en una fiesta sin avisar. Dentro, en la décima planta, aguarda uno de los protagonistas del diseño de la nueva arquitectura de seguridad europea. Su cartera, hasta hace poco inexistente, se ha convertido rápidamente en una de las de mayor peso político dentro del Ejecutivo comunitario.

En una extensa entrevista en exclusiva con Demócrata, el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius (1956), alerta de las consecuencias de los últimos apagones en los servicios de vigilancia de Ucrania y se muestra convencido de que algo está cambiando en la posición del Gobierno español respecto a la seguridad europea: "Está empezando a comprender mucho mejor la necesidad de una mayor unidad para superar la fragmentación y desarrollar nuestra industria".

Pregunta: Lleva casi dos años en el cargo como primer comisario europeo de Defensa y Espacio. ¿En qué aspectos funciona mejor hoy la cooperación con la OTAN que cuando usted empezó?

Respuesta: En primer lugar, las actividades de la Unión Europea en materia de defensa son mucho más intensas que hace unos años. No se desarrollan en competencia con la OTAN, sino precisamente en aquellos ámbitos en los que Europa puede aportar un valor añadido.

La OTAN aporta el poder militar. La Unión Europea, por su parte, aporta el poder económico e industrial de nuestras empresas, que necesitan producir aquello que requieren nuestras capacidades de defensa. Esas capacidades, sin embargo, las define la OTAN mediante los denominados objetivos de capacidades.

La Alianza establece los planes militares, y eso es algo que nosotros no hacemos, ni debemos hacer.

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P: La OTAN establece objetivos de capacidades para cada aliado, mientras que la UE está seleccionando ahora sus propios Proyectos de Defensa de Interés Común. Son dos procesos diferentes.

R: Esa coordinación se produce a través de los gobiernos nacionales, que están presentes tanto en la OTAN como en la Unión Europea.

No es ningún secreto. Los Estados miembros saben perfectamente qué capacidades necesitan desarrollar y, para hacerlo, necesitan la asistencia de la Unión Europea. A diferencia de la UE, la OTAN tiene todas las competencias necesarias para elaborar planes militares y definir los denominados objetivos de capacidades, pero no dispone de capacidad jurídica para recaudar fondos adicionales, por ejemplo.

Tampoco tiene la posibilidad de aplicar las políticas industriales que nosotros sí podemos desarrollar. Así es como llegamos a lo que yo denominaría una sinergia total.

P: ¿Cómo garantiza la Comisión que sus prioridades estén alineadas con lo que la OTAN exige a los gobiernos nacionales?

R: La OTAN planifica nuestras capacidades y nosotros trabajamos con los Estados miembros. A través de la Agencia Europea de Defensa, los países están trabajando en nueve ámbitos de desarrollo de capacidades, mediante las denominadas coaliciones de capacidades. Además, tanto nosotros como los Estados miembros identificamos determinados proyectos que tienen una verdadera dimensión paneuropea.

Necesitamos sistemas de defensa paneuropeos que los Estados miembros no pueden desarrollar individualmente. Por ejemplo, la defensa aérea y antimisiles, la iniciativa de defensa contra drones o la defensa marítima de toda la región oriental del mar Negro. Existen numerosos ámbitos en los que nos hacemos mucho más fuertes si desarrollamos estos proyectos conjuntamente.

P: Europa sigue dependiendo de Estados Unidos en ámbitos fundamentales. Si Washington reduce su implicación, ¿cuáles de estas capacidades podría asumir Europa antes de 2030?

R : Estamos desarrollando muchas capacidades nuevas por nuestra cuenta. Actualmente, dependemos en gran medida de los datos espaciales proporcionados por Estados Unidos y de capacidades como Starlink o Starshield, que los estadounidenses también están facilitando a Ucrania.

Estamos desarrollando nuestras propias capacidades, empezando por las comunicaciones. Nuestro Starlink europeo, por llamarlo de alguna manera, es IRIS². El proyecto está avanzando de una manera muy positiva y eficaz, y tendremos la primera fase de ese sistema operativa en 2029.

Contamos con una especie de precursor de ese nuevo sistema: GOVSATCOM, que integra los activos nacionales de comunicaciones seguras por satélite de los que disponen los diferentes gobiernos. Evidentemente, la calidad de sus servicios es inferior a la que ofrecerá IRIS², pero estamos avanzando a muy buen ritmo.

P: La producción europea de defensa ha aumentado desde 2022, pero las empresas aseguran que siguen sin disponer de pedidos a largo plazo, mientras que los gobiernos consideran que la industria avanza demasiado despacio. 

R. Hay muchas cuestiones que debemos abordar para entender por qué todavía no estamos alcanzando unos volúmenes de producción que nos permitan estar seguros de que somos capaces de disuadir a Rusia de cualquier posible agresión, no solamente contra Ucrania, sino también contra Europa. Rusia sigue produciendo más que nosotros en determinados ámbitos.

Está destinando una enorme cantidad de recursos financieros a su defensa. Si comparamos el gasto en términos de paridad de poder adquisitivo, y no simplemente en cifras nominales, la situación resulta especialmente significativa.

El próximo año Rusia gastará, en términos nominales, alrededor de 180.000 millones de euros. Eso supone más de un 30% adicional respecto a lo que está gastando este año. Pero si tomamos esos 180.000 millones de euros y los medimos en términos de paridad de poder adquisitivo, veremos que los rusos van a gastar una cantidad equivalente, o incluso ligeramente superior, a la nuestra.

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P: ¿Qué está frenando realmente la producción?

R: Sin duda, nos gustaría ver mucha más unidad entre los Estados miembros a la hora de proporcionar contratos a largo plazo a las empresas. Aquí tenemos el problema de lo que denominamos la fragmentación de nuestro mercado de defensa y de nuestras políticas de defensa. Tenemos 27 Estados miembros y cada uno tiene sus propias ideas sobre cómo realizar sus adquisiciones y cómo desarrollar su industria. Eso genera obstáculos y dificultades para aumentar nuestra producción.

Esa es nuestra prioridad: avanzar desde 27 mercados nacionales hacia un único mercado integrado de defensa. Permitiría a nuestras industrias ser mucho más competitivas y capaces de producir lo que necesitan nuestros ejércitos y gobiernos, pero también aumentar su escala, modernizarse e innovar. No existe una decisión mágica que podamos adoptar para que, de repente, todo sea completamente diferente. Llevará tiempo. Disponemos de muy poco si realmente nos tomamos en serio nuestra preparación defensiva 

P: Hablemos de la industria española. El país dispone de una industria de defensa importante, con capacidades destacadas en construcción naval, electrónica, aeronáutica y espacio. Sin embargo, solicitó alrededor de 1.000 millones de euros en préstamos del programa SAFE, frente a los más de 40.000 solicitados por Polonia. 

R:  Yo diría que España debería estar preparada para solicitar más préstamos, porque ahora estamos llegando a una segunda convocatoria de SAFE. Tenemos 21.000 millones de euros sin utilizar.

Si no se recurre al endeudamiento, instaría a todos los Estados miembros, especialmente a aquellos que cuentan con industria, a realizar inversiones y proporcionar contratos. Y esos contratos no deberían llegar a la industria española únicamente desde el Gobierno español. Precisamente por eso necesitamos un mercado abierto: para que las mejores industrias puedan obtener contratos de todos los demás países.

Espero que el Gobierno español apoye la propuesta de la Comisión de aumentar el gasto en defensa y espacio en el próximo Marco Financiero Plurianual. Ese dinero será muy necesario. Y, para gastarlo de manera prudente, debemos estar mucho más unidos.

Eso es lo que buscamos. Veo que el Gobierno español está empezando a comprender mucho mejor la necesidad de una mayor unidad para superar la fragmentación y desarrollar nuestra industria.

P: ¿Ve a las empresas españolas liderando importantes programas europeos de defensa, o participando principalmente en consorcios europeos de mayor envergadura?

R: Veo muchas empresas españolas muy buenas y muy fuertes. También las veo muy activas en diferentes foros de la industria europea de defensa. Es importante que España disponga de una industria tan sólida.

Como he dicho, consideramos fundamental que tanto las empresas como los gobiernos nacionales comprendan los beneficios de impulsar un mercado de defensa más integrado.

Pregunta: Ucrania ha denunciado recientemente problemas con las alertas de sus aliados sobre ataques rusos con misiles, señalando a Estados Unidos. ¿Cómo valora esta situación?

Respuesta: Algunos de los servicios fundamentales que proporcionan los estadounidenses, como los servicios espaciales de Starlink o determinados servicios de inteligencia, también se prestan mediante contratos financiados por la Unión Europea. No son un regalo de Estados Unidos ni de Elon Musk. Son contratos que se pagan con dinero europeo, con fondos de los países europeos.

Espero que, a pesar de todas las campañas políticas en Estados Unidos, de las elecciones y demás, especialmente las industrias estadounidenses que proporcionan armamento y servicios importantes, como los espaciales, sigan prestando atención a la previsibilidad de sus servicios.

Starlink no solamente proporciona apoyo a Ucrania. Es una gran empresa global que también está interesada en el mercado europeo y quiere estar presente en él. Si los europeos empiezan a desconfiar de la previsibilidad de sus servicios, si pierden la confianza en ellos, la propia compañía sufrirá las consecuencias.

Andrius Kubillius: 

“Los mecanismos de toma de decisiones en materia de política exterior y seguridad ya no responden a nuestras necesidades actuales”

P:  ¿Le preocupa que puedan producirse problemas similares con las tecnologías estadounidenses que se utilizan dentro de la Unión Europea?

R: Estoy hablando precisamente de previsibilidad. Ese es mi mensaje, que es muy sencillo. Los estadounidenses tienen buenas tecnologías. Han estado invirtiendo durante mucho tiempo en su industria de defensa. Por eso sus empresas están más avanzadas en comparación con la industria europea.

Y esa es la razón por la que, cuando desarrollamos nuestras capacidades de defensa, en algunos casos seguimos comprando armamento estadounidense, porque hay determinados sistemas que todavía no producimos en Europa. Pero, paralelamente, necesitamos desarrollar nuestra propia industria de defensa. Ese es un objetivo que debemos perseguir al mismo tiempo.

P: Durante su último discurso sobre el Estado de la Unión, la presidenta Ursula von der Leyen anunció la creación de un Consejo Europeo de Seguridad. 

R: El mensaje fue muy claro. Debemos comprender que las doctrinas y los mecanismos de toma de decisiones en materia de política exterior y seguridad que se crearon en Europa durante tiempos de paz ya no responden a nuestras necesidades actuales.

Debemos examinar lo que yo denomino nuestra preparación institucional en materia de defensa: cómo nos organizamos, cómo tomamos las decisiones y si nuestros procedimientos todavía nos permiten adoptarlas a tiempo.

P: ¿Qué se espera exactamente de este nuevo organismo?

R: El contenido más preciso de este Consejo, qué podrá hacer, cómo funcionará y cómo estará organizado, son cuestiones sobre las que quizá conozcamos más detalles con la Estrategia Europea de Seguridad que se está preparando actualmente.

Estamos debatiendo todos estos asuntos y existen diferentes puntos de vista sobre cómo debería organizarse y establecerse. Yo hablo más bien de un doble enfoque que debemos adoptar, y que está relacionado con la denominada Unión Europea de Defensa, incluida en mi carta de misión.

Dentro de esta nueva arquitectura europea de defensa, que abarcaría a países como los Estados miembros, Canadá, Reino Unido o Ucrania, podría existir un Consejo de Seguridad más reducido. Pero esos son detalles que, por supuesto, todavía necesitan debatirse.

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P: ¿Qué puede adelantarnos sobre la estrategia común de la Unión Europea contra los ataques híbridos que se está preparando actualmente?

R. Estamos viendo claramente que las amenazas híbridas rusas están aumentando. Rusia tiene una estrategia muy clara, la denominada doctrina Gerasimov. Tienen un objetivo muy claro: conquistar los corazones y las mentes de la población del país al que están atacando.

Intimidar a la población, generar una sensación de miedo e intentar conseguir que disminuya su apoyo a la defensa de su propio país y, especialmente, por ejemplo, su apoyo a Ucrania.

P: ¿Cuáles son los pasos concretos que necesitan aprobar entonces?

En primer lugar, debemos reforzar nuestros servicios de inteligencia. Estudiar cómo fortalecerlos todavía más y cómo desarrollar enfoques más coordinados para evaluar la situación y permitirles prevenir ataques híbridos.

Después, si los ataques se producen, necesitamos disponer de buenos instrumentos para defendernos. Por ejemplo, capacidades de ciberdefensa o mecanismos de protección de nuestras infraestructuras energéticas, entre otros.

Además, necesitamos tener la capacidad de atribuir rápidamente el origen de esos ataques híbridos. Y, a continuación, debemos disponer de mecanismos de respuesta. Esto último es especialmente importante en estos momentos. Nuestra respuesta debería causar el mismo dolor que recibimos a través de esos ataques híbridos.

P: ¿Harán falta nuevos instrumentos?

R: Además de las sanciones que ya estamos aplicando y del incremento del apoyo a Ucrania, algunos países han demostrado que, cuando Rusia los ataca, su respuesta inmediata puede ser precisamente aumentar la ayuda a Ucrania. Es el caso, por ejemplo, de Dinamarca.

Pero, más allá de eso, quizá también debamos estudiar algún tipo de instrumentos de los que habitualmente no hablamos en público.

OFF the record

Kubilius no ha dejado ninguna pregunta sin responder. Ha cumplido la promesa sellada antes de comenzar la conversación. "Dispuesto a lo que necesitéis", había asegurado quien fuera también primer ministro de Lituania. Tras una extensa entrevista en su despacho, repasa en su teléfono móvil los últimos detalles de una agenda que no da tregua, mientras las cámaras y las grabadoras comienzan a apagarse.

Antes de abandonar la décima planta del Berlaymont, el equipo del comisario se interesa por Demócrata y por el interés que las nuevas iniciativas europeas en materia de seguridad pueden despertar entre sus lectores. "Ha sido un placer", se despide Kubilius. Fuera, Bruselas sigue bajo amenaza. No solo por agentes externos. También por una lluvia que convierte los paraguas en el sistema de defensa más codiciado por sus ciudadanos.