Alemania se prepara para una de las reformas más delicadas de los próximos años: la del sistema de pensiones. Como ocurre en otros países europeos, el modelo actual, basado en que las pensiones se financian directamente con las cotizaciones de trabajadores y empresas, soporta una presión creciente por el envejecimiento de la población.
Cada vez hay más pensionistas y menos trabajadores en proporción para sostener el sistema. Ante ese desequilibrio, una comisión de expertos nombrada por el canciller conservador Friedrich Merz ha propuesto retrasar gradualmente la edad de jubilación hasta los 70 años en 2092. El informe, presentado esta semana, servirá de base para una reforma profunda que el Gobierno alemán quiere llevar al Parlamento después del verano.
Un fondo de pensiones inspirado en Suecia
La otra gran propuesta es crear un fondo de pensiones inspirado en el modelo sueco. El mecanismo consistiría en que trabajadores y empresas aportaran obligatoriamente hasta un 2% del salario bruto anual a un fondo que invertiría en activos financieros. La idea es que ese capital sirva como complemento al actual sistema público de reparto.
Merz ha defendido que recurrir al mercado de capitales puede ser “el factor clave” para garantizar la viabilidad y la estabilidad del sistema de pensiones a largo plazo. Según el canciller, esta fórmula permitiría “aliviar una carga enorme de los hombros de la generación joven”.
El modelo sueco también ha aparecido en los debates sobre pensiones en otros países europeos, incluido España, donde distintas voces han planteado fórmulas mixtas para reforzar el sistema público ante el envejecimiento demográfico.
“El sistema público no ha llegado a su fin”
La jurista Constanze Janda, copresidenta de la comisión, ha defendido que la reforma no significa el final del sistema público de pensiones. Según Janda, se trata de un sistema “estable” que ahora debe adaptarse a nuevas circunstancias demográficas y económicas. El mensaje busca rebajar la tensión política en torno a una propuesta que afecta directamente a millones de trabajadores.
La ministra de Trabajo, la socialdemócrata Bärbel Bas, se ha mostrado partidaria de aprobar íntegramente las recomendaciones de la comisión. Sin embargo, dentro de su propio partido, el SPD, los sectores más a la izquierda rechazan parte del planteamiento. También la Confederación Sindical Alemana, la DGB, considera inaceptables muchas de las opciones incluidas en el informe.
La edad legal ya subirá a 67 años en 2031
Alemania ya tenía previsto elevar la edad legal de jubilación hasta los 67 años en 2031, aunque con diferencias según el año de nacimiento y el tiempo cotizado. También se mantienen excepciones para personas con discapacidad y para quienes hayan cotizado durante 45 años, que pueden jubilarse antes.
La novedad de la comisión llega a partir de 2031. Los expertos proponen vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida. Si los alemanes viven más años, también deberían trabajar más tiempo, aunque no de forma automática en la misma proporción.
Dos años más de trabajo por cada año ganado de vida
La fórmula propuesta reparte el aumento de la esperanza de vida en una proporción de dos a uno. Es decir, por cada año adicional de vida ganado, dos tercios se destinarían a prolongar la vida laboral y un tercio a ampliar el periodo de jubilación. En la práctica, eso supondría aproximadamente medio año más de trabajo por década.
Con este sistema, la edad de jubilación se situaría en 67,5 años en 2042 y alcanzaría los 70 años en 2092. Si la esperanza de vida no aumentara, se mantendrían los baremos actuales.
La generación del baby boom, clave para el sistema
El problema de fondo es demográfico. Alemania tiene 83,5 millones de habitantes y una población activa de 44,3 millones de personas. Dentro de esa fuerza laboral pesa especialmente la generación del baby boom, que empezará a salir del mercado de trabajo en masa durante los próximos años.
Según la Oficina Federal de Estadística alemana, Destatis, más de una cuarta parte de la población activa tiene 55 años o más. En 2040, unos 13,3 millones de trabajadores habrán superado la edad legal de jubilación que estará entonces en vigor, los 67 años.
El Gobierno quiere evitar que esa salida masiva desequilibre todavía más el sistema. Por eso busca incentivar que más personas sigan trabajando después de alcanzar la edad legal de retiro.
La jubilación activa ya está en marcha
Desde enero está en vigor otra medida del Gobierno de coalición de conservadores y socialdemócratas: la jubilación activa, conocida en Alemania como Aktivrente. Esta fórmula permite que los jubilados sigan trabajando y puedan ganar hasta 2.000 euros al mes libres de impuestos, independientemente de la pensión que ya cobren.
La medida tiene una doble finalidad. Por un lado, prolongar la vida laboral de quienes quieran seguir activos. Por otro, mantener cotizaciones adicionales, ya que tanto empleados como empleadores cotizan por esas cantidades. El Ministerio de Finanzas sostiene que eso ayuda a aliviar la presión sobre la sanidad pública y sobre el propio sistema de pensiones.
Los “minijobs”, en el punto de mira
El informe de la comisión incluye 33 propuestas distribuidas en unas 80 páginas. Entre ellas figura una reforma profunda de los llamados minijobs, empleos a tiempo parcial con un salario máximo de 603 euros al mes. Los expertos proponen mantener esta figura solo para estudiantes y suprimirla en la mayoría de los demás casos.
La comisión considera que los minijobs se han convertido en una trampa laboral, especialmente para las mujeres. Al cotizar menos, estos empleos no solo perjudican al sistema público, sino que también reducen los derechos futuros de pensión de quienes los desempeñan.
Una reforma con fuerte coste político
La reforma de las pensiones se perfila como una de las grandes batallas políticas del Gobierno de Merz.
El Ejecutivo defiende que los cambios son necesarios para garantizar la estabilidad del sistema y evitar que las generaciones jóvenes soporten una carga insostenible. Los sindicatos y sectores de la izquierda, en cambio, temen que la reforma traslade demasiado peso a los trabajadores y abra la puerta a una mayor dependencia de los mercados financieros.
El debate alemán anticipa una discusión que ya atraviesa a buena parte de Europa: cómo sostener las pensiones públicas en sociedades cada vez más envejecidas, con menos población activa y con carreras laborales más fragmentadas.
Una señal para el resto de Europa
La propuesta alemana no se leerá solo en clave interna. Alemania es la mayor economía de la Unión Europea y sus reformas suelen marcar tendencia en el debate económico continental. Si Berlín avanza hacia una jubilación ligada a la esperanza de vida y hacia un fondo de pensiones complementario basado en inversión financiera, otros países seguirán de cerca el experimento.
La pregunta de fondo es la misma en casi toda Europa: quién pagará las pensiones de las próximas décadas y durante cuántos años deberá trabajar cada generación. Alemania ya ha puesto una respuesta sobre la mesa: más vida laboral, más ahorro obligatorio y más mercado de capitales para sostener un sistema que empieza a notar el peso de la demografía.