El presidente de China, Xi Jinping, ha ofrecido este jueves a su homólogo estadounidense, Donald Trump, un recibimiento de máxima solemnidad en su visita oficial a Pekín, con un programa que ha incluido honores militares y un banquete de Estado en el Gran Salón del Pueblo.
La escenografía, más fastuosa de lo habitual, demuestra la importancia que Pekín concede a esta visita, la primera del mandatario estadounidense al país asiático en casi una década.
Trump se ha mostrado especialmente prudente durante el encuentro, mucho más que de costumbre. En este sentido, ha evitado responder a preguntas sobre Taiwán, cuestión que tensiona las relaciones entre las dos mayores potencias del mundo, y ha mantenido un tono centrado en destacar la buena amistad que mantiene con su homólogo chino.
El presidente estadounidense ha definido a Xi como un “líder brillante” y un “gran amigo”, mientras que el dirigente chino ha apostado por una relación basada en la cooperación, asegurando que China y Estados Unidos deben actuar como socios y no como rivales.
China advierte de que su posición sobre Taiwán es innegociable
“Cuando teníamos algún problema, lo resolvíamos rápidamente”. Así se ha referido Trump a la buena sintonía personal que comparte con Xi Jinping. Lo ha hecho previamente a una reunión que se ha prolongado por más de dos horas.
Pese a ese clima de cordialidad, el principal foco de tensión ha vuelto a situarse en Taiwán, que no entra en los planes de China con Estados Unidos. Una relación que Xi prefiere mantener en clave económica.
El mandatario chino ha advertido a Trump de que cualquier movimiento de Washington que altere el equilibrio actual en torno a la isla podría provocar un escenario extremadamente peligroso y derivar en un conflicto entre ambos países.
El mensaje del presidente chino llega en un momento especialmente sensible, ya que Pekín rechaza frontalmente que Estados Unidos continúe suministrando armamento a Taiwán, territorio que China considera parte inseparable de su soberanía.
Una cumbre de negocios
Más allá de la cuestió de Taiwán, Trump busca en esta visita dos objetivos prioritarios. El primero, avanzar en acuerdos comerciales que refuercen la relación económica bilateral.
El segundo, recabar la ayuda de Xi Jinping para presionar a Irán con el fin de garantizar la reapertura del estrecho de Ormuz, una ruta marítima esencial para el suministro energético global y sobre todo para China, puesto que trancurre por él la mitad del petróleo que el Gigante Asiático consume.
Sobre las exigencias que Washington lanza a Teherán, Trump ha asegurado que China apoya su pretensión para que Irán no debe desarrollar armas nucleares.
En las reuniones también ha estado presente la cuestión tecnológica, uno de los principales ámbitos de competencia entre Washington y Pekín. Trump había presentado esta visita a China como un gran viaje de negocios, rodeado por una nutrida delegación de algunos de los empresarios más influyentes de Estados Unidos. Entre ellos figuran Elon Musk, al frente de Tesla, Inc. y SpaceX; Tim Cook, máximo ejecutivo de Apple Inc.; y Jensen Huang, consejero delegado de NVIDIA.
En la comitiva también ha estado presente el hijo del mandatario estadounidense, Eric Trump, responsable de la gestión de la compañía inmobiliaria de su padre. El empresario ya había aprovechado anteriores viajes oficiales, especialmente en el Golfo Pérsico, para impulsar operaciones inmobiliarias y acuerdos empresariales vinculados al entorno familiar del presidente.
Durante esta visita a Pekín, uno de los movimientos que podría avanzar es el acuerdo entre World Liberty Financial, la firma de criptomonedas vinculada a la familia Trump, y la tecnológica china Nano Labs.
De tensiones arancelarias a reforzar la cooperación bilateral
Según la Casa Blanca, ambos mandatarios han abordado fórmulas para reforzar la cooperación económica bilateral, con especial atención a la apertura del mercado chino a las empresas estadounidenses y al incremento de las inversiones procedentes de China en sectores estratégicos de Estados Unidos.
La reunión se produce en el contexto de la tregua comercial de un año alcanzada el pasado mes de noviembre, tras el encuentro que Donald Trump y Xi Jinping mantuvieron en la ciudad surcoreana de Busan.
En su anterior visita a China, en 2017, Trump denunció que Pekín se había “aprovechado” durante años de la relación comercial con Estados Unidos, aunque entonces evitó responsabilizar directamente al Gobierno chino y atribuyó esa situación a las decisiones adoptadas por anteriores presidentes estadounidenses.
Aquel viaje marcó el inicio de una etapa de crecientes tensiones económicas entre las dos potencias, que alcanzó su punto álgido el año pasado, cuando Trump elevó de forma temporal los aranceles sobre productos chinos hasta el 145%, justificando la medida por el desequilibrio comercial y por el papel de China en el suministro de precursores químicos utilizados para fabricar fentanilo.
Las miradas puestas en la reunión del viernes en la residencia de Xi Jinping
La agenda continuará este viernes con una reunión entre Trump y Xi Jinping en la residencia oficial del presidente chino, donde ambos compartirán un té y un almuerzo de trabajo antes de que la delegación estadounidense abandone el país asiático.
Washington y Pekín podrían anunciar mañana nuevos mecanismos para encauzar su relación comercial y una posible prórroga de la tregua arancelaria.
A la espera de los anuncios previstos para el viernes, la primera jornada de la cumbre en Pekín ha dejado una imagen de distensión entre las dos mayores economías del mundo.
Trump ha adoptado durante esta visita un tono mucho más conciliador hacia China, alejándose del discurso más duro defendido tradicionalmente por amplios sectores del Partido Republicano, que consideran a Pekín como el principal rival estratégico de Estados Unidos.
Con sus declaraciones y gestos, el presidente estadounidense se ha aproximado a una idea que Xi Jinping viene defendiendo desde hace años: que una relación económica abierta y estable entre China y Estados Unidos no solo beneficia a ambos países, sino que también contribuye a la estabilidad y la paz mundial.