El ministro de Exteriores de China, Wang Yi, ha reiterado este lunes el apoyo de Pekín a la junta militar que controla Birmania desde febrero de 2021, durante una visita oficial a la capital, Naipyidó. En el marco del viaje, se ha entrevistado con su homólogo birmano, Tin Maung Swe, en la que supone la segunda reunión de este tipo desde que Min Aung Hlaing fue confirmado como presidente del país.
Durante el encuentro, Wang ha subrayado que China “permanecerá al lado de las autoridades birmanas a nivel internacional” y que prevé “acelerar los proyectos conjuntos adoptados” en fechas recientes. Asimismo, ha trasladado su respaldo a la nueva estructura de las Fuerzas Armadas, sometidas a un proceso de reforma en los últimos meses.
El máximo responsable de la diplomacia china ha insistido en que Pekín continuará “respaldando la soberanía y la integridad territorial de Birmania”, así como su “estabilidad”. En esta línea, se ha comprometido a impulsar la “cooperación para garantizar paz en las áreas fronterizas” y “facilitar el comercio” bilateral.
Wang también ha abogado por “expandir la cooperación en materia energética” entre ambos países, además de reforzar los vínculos en sectores tecnológicos y de minería. “Nos comprometemos a apoyar el proceso de paz interno birmano y a tomar medidas contra las organizaciones ilegales involucradas en operaciones de fraude online”, ha precisado, de acuerdo con un comunicado difundido por el Ministerio de Exteriores chino.
El ministro ha añadido que “China seguirá defendiendo la postura de Birmania a nivel internacional bajo el marco establecido por la ONU y por la ASEAN”, en un momento en el que Min Aung Hlaing ha manifestado su intención de recomponer las relaciones con el bloque regional del Sudeste Asiático.
Por ahora, la ASEAN mantiene el veto a la participación de altos mandos militares birmanos en sus cumbres, como respuesta al golpe de Estado y a la falta de avances en la aplicación del plan de cinco puntos acordado por el bloque para encauzar una transición política, que contempla, entre otros aspectos, el cese de los ataques. En lugar de avanzar en dicho compromiso, la junta ha intensificado sus operaciones militares, provocando un aumento significativo de víctimas civiles.