El primer ministro británico, Keir Starmer, afronta la mayor crisis política desde su llegada al poder en 2024. La debacle del Partido Laborista en las elecciones locales y autonómicas ha desencadenado una rebelión interna que amenaza con abrir un proceso formal para apartarle del liderazgo si aumenta el número de diputados críticos dentro del Partido Laborista.
La crisis llega además en un momento especialmente delicado para Reino Unido, con nerviosismo en los mercados, caída de la libra y el ascenso meteórico de Nigel Farage y de Reform UK como principal fuerza antiestablishment y contra el bipartidismo del país.
Diversos medios británicos aseguran que decenas de diputados laboristas cuestionan abiertamente el liderazgo de Starmer tras los malos resultados electorales, especialmente en antiguos bastiones obreros del norte de Inglaterra y en Gales.
La dimisión esta misma mañana de la ministra Miatta Fahnbulleh, primer miembro del ejecutivo de Starmer en abandonar el gobierno, entre críticas a la política que se ha venido desarrollando y al mismo primer ministro -de quien ha dicho que ha perdido la confianza de la opinión pública y de ella misma-, es más leña para el fuego de esta crisis.
Starmer, por su parte, ha comunicado a su gabinete este martes que piensa continuar en su cargo de primer ministro británico y líder laborista.
El umbral clave: 81 diputados laboristas
El mecanismo interno del Partido Laborista establece que un líder puede verse obligado a afrontar un desafío formal si al menos el 20% de los diputados laboristas en Westminster solicitan una elección interna.
Con la actual composición parlamentaria de los laboristas, eso supondría alrededor de 81 diputados. Si se alcanzara esa cifra se activaría formalmente un proceso de contestación interna, Starmer tendría que competir en una nueva elección de liderazgo y podrían presentarse otros candidatos del partido.
A diferencia del sistema conservador, donde basta una carta privada al denominado Comité 1922, el laborismo exige un procedimiento más estructurado y reglado.
En caso de abrirse el proceso votarían los diputados, los afiliados y los sindicatos vinculados históricamente al partido.
El auge de Reform UK agrava el miedo interno
La gran preocupación dentro del Partido Laborista no es únicamente el desgaste de Starmer, sino el crecimiento de la formación populista Reform UK. El partido de Farage ha conseguido capitalizar el descontento económico, el rechazo a la inmigración, la frustración con el coste de vida y la sensación de agotamiento del sistema bipartidista británico.
Algunas encuestas sitúan incluso a Reform UK como primera fuerza en intención de voto nacional, algo impensable hace apenas dos años.
Eso ha provocado pánico entre numerosos diputados laboristas que temen perder sus escaños si Starmer continúa debilitándose.
Nerviosismo económico y temor a otra crisis política
La presión política sobre Downing Street coincide además con un nuevo episodio de tensión financiera.
La rentabilidad de la deuda británica a largo plazo se ha disparado en los últimos días y algunos analistas ya comparan parcialmente el ambiente político con el vivido durante la crisis del Gobierno de Liz Truss en 2022.
Los mercados temen una guerra interna prolongada en Labour, cambios bruscos en política económica y una pérdida de estabilidad institucional.
¿Quién podría sustituir a Starmer?
Aunque oficialmente no hay una operación sucesoria abierta, en Westminster ya circulan varios nombres como posibles alternativas si la crisis escala.
Entre los dirigentes más mencionados aparecen Angela Rayner, Wes Streeting y Andy Burnham. Burnham, situado más a la izquierda que Starmer, es visto por parte de las bases como un perfil capaz de recuperar voto obrero perdido frente a Farage.
Rumores sobre fechas y posible relevo
Por ahora no existe ninguna fecha oficial para una eventual sustitución de Starmer, pero la prensa británica sí habla ya de varios escenarios internos.
Uno de ellos pasa por esperar al verano y analizar nuevas encuestas, elecciones parciales y la evolución económica. Otro escenario contempla movimientos internos antes de la conferencia anual del Partido Laborista prevista para otoño, momento tradicionalmente sensible para cambios de liderazgo. Algunos diputados temen, además, que retrasar demasiado una decisión permita a Farage consolidarse como principal alternativa política nacional antes de las próximas generales.