Road show televisivo fallido de Haley Stevens, con tropiezo incluido en la CNN

En ABC dijo que no quería hacer daño a nadie. En CNN, Anderson Cooper insistió en lo que dejó sin explicar: cómo pasó en una noche de respaldar a Abdul El-Sayed a pedir el voto para su rival republicano en Michigan

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La congresista demócrata por Michigan Haley Stevens declara su voto a favor del republicano Mike Rogers, a 1 de octubre de 2026 Dominic Gwinn / Zuma Press / Europa Press
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La congresista defendió ante Anderson Cooper su respaldo a Mike Rogers, pero no identificó el hecho que la llevó a retirar su apoyo al demócrata Abdul El-Sayed. En ABC News aseguró que no pretendía «hacer daño a nadie». El-Sayed le respondió con cuatro palabras: «Nada de esto importa».

El sábado por la noche, Haley Stevens celebraba que Abdul El-Sayed hubiera rechazado el contenido de un anuncio sobre Israel que los había enfrentado. El domingo por la mañana apareció en una iglesia de Detroit junto a Mike Rogers, el republicano que disputa a El-Sayed un escaño en el Senado. Y el domingo por la noche, cuando la congresista acudió a CNN, Anderson Cooper quiso saber qué había pasado entre esos dos momentos. Stevens habló de sus diferencias con el candidato demócrata, de sus vecinos y de cómo se sentía al despertar. No señaló un episodio concreto que explicara el giro. 

Cooper insiste: el desacuerdo sobre Israel ya existía el sábado

Stevens tenía una explicación para su malestar. Un grupo ajeno a la campaña de El-Sayed había difundido un anuncio que vinculaba la ayuda estadounidense a Israel con el encarecimiento de la compra. La congresista lo consideraba ofensivo y había exigido una condena más clara. El sábado, El-Sayed se desmarcó del anuncio y Stevens acogió públicamente sus palabras. Esa secuencia era precisamente lo que interesaba a Cooper: si ambos habían acercado posiciones, ¿por qué rompieron horas después? 

El presentador puso sobre la mesa la novedad más visible de aquel fin de semana: Stevens había dejado de estar invitada a un acto en una iglesia al que iba a acudir con El-Sayed. Quiso saber si aquello había sido decisivo. La congresista rechazó que Cooper diera por buena esa interpretación y sostuvo que el problema iba más allá de un acto de campaña. Dijo que al despertar tenía clara su decisión y que anunciarla le había quitado un peso de encima. 

El intercambio más revelador llegó cuando Stevens recordó que todavía no había votado. Cooper le preguntó entonces si podía volver a cambiar de opinión. Esta vez la respuesta fue inequívoca: su decisión estaba tomada. Su apoyo a Rogers era firme; lo que seguía sin aclarar era por qué había decidido hacerlo público precisamente ese domingo. 

En ABC, El-Sayed se niega a prolongar la pelea

En ABC News, Stevens abordó las consecuencias personales de su decisión. Aseguró que no pretendía «hacer daño a nadie». El-Sayed, que la derrotó en las primarias demócratas de agosto, respondió que «nada de esto importa». Los dos perseguían objetivos distintos ante las cámaras: ella quería defender su derecho a apoyar a un republicano sin renunciar a su identidad demócrata; él intentaba que el último día de campaña no girase en torno a su antigua rival. 

Para Stevens, el problema de la gira televisiva es que explicar una discrepancia no basta para explicar un cambio de voto. Sus objeciones a El-Sayed eran conocidas cuando aún lo respaldaba. Para Rogers, en cambio, el beneficio inmediato es más sencillo: una congresista demócrata ha defendido en dos cadenas nacionales que prefiere verle a él en el Senado. Cuántos votantes de Michigan la acompañarán es otra cuestión. El último sondeo de The New York Times y Siena, que daba a El-Sayed once puntos de ventaja, terminó sus entrevistas el mismo domingo de la ruptura.