La oposición tunecina asentada fuera del país ha celebrado este domingo que miles de ciudadanos se hayan movilizado en distintas ciudades de Túnez contra el Ejecutivo encabezado por el presidente Kais Saied, coincidiendo con el quinto aniversario de la disolución del Parlamento, fecha que también marca la proclamación de la república tunecina.
“La oposición tunecina en el extranjero subraya la necesidad de proteger las instituciones y las instalaciones públicas y privadas, así como de garantizar una justicia pronta a través de un poder judicial independiente para exigir responsabilidades a todos aquellos que hayan cometido delitos contra el pueblo tunecino”, ha indicado en un comunicado publicado por el activista y bloguero Thamer Bedida.
En esta línea, los opositores han valorado que en la víspera cientos de personas se manifestaran en la capital para reclamar la dimisión de Saied y “exigiendo que el poder se le devuelva al pueblo y que rinda cuentas” por presuntos delitos de corrupción, además de “socavar la independencia del poder judicial y de las instituciones estatales”.
“Fue una demostración magnífica que desbarata cualquier intento de distorsión, menosprecio o siembra de dudas por parte de los secuaces del régimen golpista”, han subrayado los opositores en el exilio, agregando que esto hace que se “desmorone” la imagen de que el Gobierno de Saied goza de “popularidad.
La oposición en el extranjero ha pedido aprovechar el impulso de las protestas para abrir una “nueva etapa” que permita romper el “aislamiento internacional, erradicar la pobreza y la tiranía”, así como “establecer una democracia auténtica” en el país norteafricano.
El grueso de esta oposición, articulada sobre todo en torno al Frente de Salvación Nacional (FSN), viene denunciando desde hace años las decisiones de Saied y reclama su salida del poder, especialmente tras la oleada de arrestos de opositores, activistas y periodistas bajo acusaciones de corrupción o terrorismo.
Túnez, visto durante años como uno de los escasos referentes de transición democrática tras la ‘Primavera Árabe’, ha experimentado en el último lustro un deterioro de derechos y libertades atribuido al presidente. Sus detractores comparan cada vez más su liderazgo con el de Zine el Abidine ben Alí, que gobernó el país entre 1987 y 2011.