Europa tendrá más interlocutores con capacidad para poner límites a Donald Trump en Washington. La victoria demócrata en el Senado y las proyecciones que le atribuyen también la Cámara de Representantes en las 'midterms' abren una etapa distinta en la relación transatlántica. El presidente seguirá al frente de la política exterior estadounidense, pero deberá lidiar con un Congreso dispuesto a fiscalizar sus decisiones.
Para una empresa europea que exporta a Estados Unidos, la primera pregunta será si bajarán los aranceles. Para Ucrania, si llegarán nuevas ayudas. Para los gobiernos europeos, si podrán contar con una relación más previsible con su principal aliado militar.
La respuesta no será la misma en todos los frentes. El nuevo equilibrio parlamentario ofrece instrumentos para negociar y ejercer presión, pero no implica una retirada inmediata de las medidas adoptadas por Trump. Tampoco cambia al responsable de sentarse con los dirigentes extranjeros o de dirigir la diplomacia estadounidense.
Los aranceles no desaparecen con la derrota republicana
El efecto comercial más inmediato será político: Trump afrontará mayor escrutinio sobre los costes de sus aranceles y sobre las empresas y consumidores que los pagan. Los demócratas podrán promover investigaciones, reclamar explicaciones y plantear cambios legislativos.
Eso no equivale a una rebaja automática para los productos europeos. El Congreso ha delegado determinadas facultades arancelarias en el presidente mediante distintas leyes. Modificar esas atribuciones o revertir medidas puede exigir una legislación que Trump tenga capacidad de vetar.
Reuters ya señalaba antes de las elecciones que una victoria demócrata aumentaría la presión parlamentaria sobre la política comercial, pero difícilmente produciría por sí sola una retirada general de los aranceles. Superar un veto presidencial requiere dos tercios en ambas cámaras, una exigencia muy superior a obtener una mayoría ordinaria.
Para los exportadores españoles y europeos, el resultado abre una oportunidad de influir sobre la política comercial estadounidense. Todavía no permite recalcular costes dando por hecho que vender en aquel mercado será más barato.
Bruselas gana otra vía de negociación en Washington
El cambio refuerza la importancia de la relación de las instituciones europeas con el Congreso. Las comisiones que se ocupan de comercio, presupuestos y asuntos exteriores pueden convertirse en espacios para discutir decisiones de la Casa Blanca y sus efectos sobre los aliados.
La Unión Europea seguirá teniendo que negociar con la Administración de Trump. Pero podrá buscar apoyos parlamentarios para defender compromisos, explicar el impacto de una medida o promover soluciones que interesen también a empresas y trabajadores estadounidenses.
Ese trabajo tendrá que apoyarse en intereses concretos. Una mayoría demócrata no significa que Washington vaya a asumir las preferencias europeas sobre industria, agricultura o regulación. Los legisladores estadounidenses también responderán ante sus propios electores.
La relación económica que está en juego es considerable: el Consejo de la UE describe el vínculo transatlántico como la mayor relación bilateral de comercio e inversión del mundo. Los compromisos comerciales vigentes seguirán siendo el punto de partida de cualquier negociación.
Ucrania puede encontrar más respaldo, aunque las ayudas no están garantizadas
Para Kiev, un Congreso más favorable a sostener a Ucrania puede facilitar iniciativas de ayuda, presión sobre Rusia y vigilancia de las decisiones presidenciales. También puede elevar el coste político de un cambio de rumbo que perjudique a los aliados europeos.
La herramienta más importante será la negociación de las leyes de financiación y defensa. Los legisladores pueden intentar incorporar medidas de apoyo a Ucrania en paquetes más amplios que la Casa Blanca necesite aprobar.
Sin embargo, convertir esa posibilidad en suministros y recursos exige acuerdos concretos. El presidente conserva el veto y un papel central en la ejecución de la política exterior. Los expertos consultados por Kyiv Independent antes de las elecciones advertían precisamente de esa diferencia entre disponer de un Congreso receptivo y conseguir que nuevas medidas entren en vigor.
Europa no puede presupuestar desde hoy un incremento de la ayuda estadounidense. Sí puede trabajar con una correlación de fuerzas más favorable para intentarlo.
La presión para gastar más en defensa seguirá
La derrota de Trump no anula los compromisos adoptados por los miembros de la OTAN ni elimina las necesidades militares europeas. El objetivo acordado en La Haya contempla llegar en 2035 al 5% del PIB en defensa y gastos relacionados con la seguridad, con al menos un 3,5% destinado a los requisitos centrales de defensa.
Las midterms pueden modificar el tono de la discusión y reforzar a quienes defienden la cooperación transatlántica. No sustituyen las decisiones nacionales sobre presupuestos, capacidades y compras de material.
Para España, tampoco constituyen por sí mismas una modificación de su posición o de las exigencias que recibe dentro de la Alianza. Cualquier cambio tendrá que concretarse en decisiones de los gobiernos y en negociaciones entre aliados.
Irán y la energía: más control no significa un final inmediato de la guerra
La política estadounidense en Oriente Próximo afecta a Europa por sus consecuencias sobre la seguridad, el transporte marítimo y los mercados energéticos. Una mayoría demócrata podrá investigar la gestión de la guerra con Irán y disputar su financiación o sus objetivos.
Pero sería prematuro traducir el resultado electoral en una bajada segura del petróleo o en el final de las operaciones militares. El presidente mantiene amplias facultades en política exterior, y las iniciativas parlamentarias destinadas a restringirlas pueden encontrarse con obstáculos legales y vetos.
Para Europa, eso deja abiertos dos escenarios: más negociación con Washington o una presidencia que busque compensar sus dificultades internas con decisiones internacionales. El resultado electoral no permite dar ninguno de ellos por seguro.
Un Trump debilitado puede seguir siendo imprevisible
La tentación europea será interpretar el vuelco como una vuelta a la relación anterior a Trump. Sin embargo, el cambio se produce en el Congreso, mientras el presidente conserva el Despacho Oval y seguirá siendo el interlocutor principal de los gobiernos extranjeros.
Antes de las elecciones, responsables europeos y de la OTAN consultados por AFP ya expresaban dudas sobre cuánto podría moderar su política exterior una derrota parlamentaria. La preocupación era que los límites internos no se tradujeran necesariamente en una conducta internacional más previsible.
La nueva mayoría del Senado sí podrá intervenir en la confirmación de embajadores y otros altos cargos sujetos a ese procedimiento. Eso añade un control sobre futuros nombramientos, aunque no releva automáticamente a quienes ya ejercen sus funciones.
Qué debe mirar Europa a partir de ahora
Los primeros indicadores serán las prioridades de las nuevas mayorías, las propuestas sobre aranceles y las negociaciones de financiación de la Administración. También habrá que observar qué medidas sobre Ucrania consiguen apoyos de ambos partidos.
El cambio institucional no se produce de inmediato. Los mandatos de los nuevos congresistas comienzan en enero de 2027; hasta entonces seguirá actuando el Congreso saliente. Ese intervalo permitirá comprobar qué decisiones intenta cerrar la Administración antes de enfrentarse al nuevo reparto de poder. posteriores a dirigentes europeos.