Por qué el terremoto de magnitud 7,2 en Perú no ha provocado una alerta de tsunami

La magnitud por sí sola no determina el riesgo: el epicentro estaba en el interior de los Andes y la Marina de Perú descartó una amenaza para la costa

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Mapa del Centro Sismológico Nacional de Perú
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Un terremoto de magnitud 7,2 puede asociarse inmediatamente con el riesgo de un tsunami, pero la magnitud no basta para que una gran ola llegue a generarse. El terremoto registrado este jueves en Perú tuvo su epicentro bajo el territorio continental, en la región andina de Ayacucho, y no bajo el océano Pacífico.

La Marina de Guerra del Perú descartó una amenaza de tsunami tras el seísmo, según confirmó Associated Press.

Un terremoto fuerte no implica necesariamente un tsunami

Para que un terremoto provoque un tsunami importante deben coincidir varias condiciones.

Una de las principales es que el movimiento se produzca bajo el mar o muy cerca de la costa y consiga desplazar de forma suficientemente brusca una gran masa de agua.

El propio IGP explica en su información sísmica que los terremotos superiores a magnitud 7 con epicentro en el mar pueden generar tsunamis.

Por tanto, dos terremotos con una magnitud semejante pueden tener consecuencias completamente distintas dependiendo de dónde se encuentre su foco y de cómo se produzca la ruptura.

El epicentro estaba en el interior de Perú

En el terremoto de este jueves existe un elemento decisivo: su epicentro estaba en Ayacucho, lejos del océano.

El IGP lo situó 35 kilómetros al norte de Coracora y a 108 kilómetros de profundidad. El USGS utilizó otros parámetros —magnitud 6,7 y 66 kilómetros de profundidad— y lo situó 38 kilómetros al noroeste de Upahuacho, pero ambas mediciones coinciden en lo fundamental para el riesgo de tsunami: fue un terremoto continental.

No se produjo, por tanto, una ruptura del fondo oceánico capaz de desplazar verticalmente una masa de agua suficiente para originar un tsunami destructivo.

Magnitud, profundidad y localización: qué significa cada dato

La magnitud mide el tamaño del terremoto y la energía liberada. No indica directamente cuánto daño va a producir en una ciudad concreta.

La profundidad señala a qué distancia bajo la superficie se encuentra el foco o hipocentro. En términos generales, los terremotos superficiales pueden producir sacudidas especialmente intensas cerca del epicentro, aunque el efecto final depende de muchos otros factores.

La localización del epicentro resulta fundamental cuando se evalúa un tsunami. Un gran terremoto ocurrido tierra adentro puede provocar deslizamientos, derrumbes y daños en edificios, pero no desplaza directamente el fondo marino.

También importa el tipo de ruptura. Los grandes tsunamis tectónicos suelen estar relacionados con movimientos capaces de provocar un desplazamiento vertical significativo del lecho oceánico.

Perú sí ha sufrido tsunamis provocados por grandes terremotos

La diferencia se aprecia al comparar el terremoto de Ayacucho con algunos de los grandes seísmos históricos de Perú.

El terremoto de Lima y Callao de 1746, estimado en torno a magnitud 8,8, rompió un extenso segmento de la zona de subducción y desencadenó un tsunami destructivo. El gran terremoto del sur peruano de 1868 también generó un tsunami.

El terremoto de Arequipa de 2001 y el de Pisco de 2007 son ejemplos más recientes de grandes movimientos sísmicos asociados a tsunamis en la costa peruana. El IGP documentó que el de Pisco, de magnitud Mw 7,9, tuvo su epicentro unos 60 kilómetros al oeste de la ciudad, en el océano.

El seísmo de este jueves presenta una configuración diferente: el origen se encontraba en el interior de los Andes.