El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado este martes una orden ejecutiva centrada en inteligencia artificial que establece un nuevo marco de colaboración entre el Gobierno y las principales empresas tecnológicas del país para evaluar modelos avanzados antes de su lanzamiento público, según informa la cadena de noticias NBC News.
Tal y como ha adelantado por su parte el portal estadounidense Axios, el texto adopta un enfoque más limitado que las versiones anteriores y aplaza decisiones clave sobre la regulación de los modelos más avanzados de IA.
La medida llega apenas una semana después de que Trump frenara la publicación de un borrador más ambicioso, al considerar que algunas de sus exigencias podrían perjudicar la competitividad tecnológica de Estados Unidos frente a otros países.
Más ciberseguridad y menos regulación inmediata
La nueva orden ejecutiva pone el foco en la seguridad nacional y en los riesgos derivados de las capacidades cada vez más avanzadas de la inteligencia artificial.
El texto establece que varias agencias federales deberán reforzar sus capacidades de ciberseguridad y colaborar en la creación de un nuevo sistema de coordinación conocido como "centro de intercambio de información de ciberseguridad".
Además, el Departamento del Tesoro, la NSA, la CISA, el NIST y responsables de la Casa Blanca dispondrán de 60 días para desarrollar un procedimiento clasificado que permita evaluar las capacidades cibernéticas de los modelos de IA más avanzados.
El objetivo será determinar cuándo una herramienta debe considerarse un "modelo de frontera", una categoría reservada para sistemas con capacidades especialmente potentes y potencial impacto en la seguridad nacional.
Trump evita imponer licencias obligatorias a la IA
Uno de los aspectos más destacados de la orden es que descarta, al menos por ahora, la creación de sistemas obligatorios de autorización gubernamental para desarrollar o distribuir modelos de inteligencia artificial.
Según Axios, el empresario y asesor tecnológico David Sacks y el director adjunto del Consejo Económico Nacional, Ryan Baasch, impulsaron una cláusula que impide interpretar la norma como una autorización para implantar licencias, permisos previos o mecanismos de aprobación estatal obligatorios para las empresas del sector.
Esta decisión supone una señal de respaldo a las compañías tecnológicas que han advertido sobre el riesgo de que una regulación excesiva frene la innovación estadounidense.
La Casa Blanca gana tiempo
La nueva orden ejecutiva también refleja la falta de consenso dentro de la propia Administración sobre cómo regular la inteligencia artificial más avanzada.
De acuerdo con Axios, las negociaciones continuaron hasta las últimas horas antes de la firma y el texto final representa una solución intermedia que permite a la Casa Blanca ganar tiempo mientras estudia futuras medidas.
La Administración Trump sostiene que la IA fortalece a Estados Unidos, pero reconoce que también genera nuevos desafíos para la seguridad nacional que requieren una respuesta coordinada entre agencias y colaboración permanente con la industria tecnológica.
Por el momento, Washington opta por reforzar la vigilancia y la evaluación de riesgos, dejando para más adelante la decisión sobre una regulación más profunda de los sistemas de inteligencia artificial de última generación.