Cincuenta años del histórico discurso de Juan Carlos I en Washington que abrió la puerta a la democracia

Se cumplen 50 años del discurso de Juan Carlos I en Washington, clave para la Transición y el respaldo de EEUU al futuro democrático de España.

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(Foto De ARCHIVO) WASHINGTON, ESTADOS UNIDOS - 2 DE JUNIO DE 1976: El Rey De España, Juan Carlos I, Ofrece Un Discurso Frente Al Congreso De Los Estados Unidos Durante Un Viaje Oficial Al País Americano. EUROPA PRESS

(Foto De ARCHIVO) WASHINGTON, ESTADOS UNIDOS - 2 DE JUNIO DE 1976: El Rey De España, Juan Carlos I, Ofrece Un Discurso Frente Al Congreso De Los Estados Unidos Durante Un Viaje Oficial Al País Americano. EUROPA PRESS

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El discurso pronunciado por Juan Carlos I en Washington, en el que utilizó por primera vez la palabra “democracia” para referirse al futuro político de España, cumple este 2 de junio cincuenta años. La mayoría de los historiadores lo considera un momento decisivo de la Transición, enmarcado en el primer viaje oficial al extranjero del monarca y visto como el respaldo de la principal potencia occidental al camino democrático español.

A las 12.30 horas del 2 de junio de 1976, Juan Carlos de Borbón entró en el Capitolio, anunciado por el maestro de ceremonias, para ofrecer un discurso en inglés de 2.190 palabras distribuidas en 33 párrafos, que terminó con una ovación de más de seis minutos por parte de los 435 congresistas y senadores de Estados Unidos.

Aquel viaje fue la primera visita oficial a EEUU de un rey de España e incluyó, entre otros actos, una audiencia privada con Gerald Ford en el Despacho Oval. Según la documentación desclasificada de la Administración estadounidense, el presidente quedó gratamente impresionado por Juan Carlos.

“La Monarquía hará que, bajo los principios de la democracia, se mantengan en España la paz social y la estabilidad política, al mismo tiempo que se asegure el acceso ordenado al poder de las distintas alternativas de gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados”.

Ese fue el pasaje considerado “clave” por Juan Carlos Pereira Castañares, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense, porque introduce la palabra “democracia” por primera vez en un foro internacional y porque “habla de elecciones de una forma muy bien elaborada”.

Para Guillermo García Crespo, doctor en Historia por la Universitat Autónoma de Barcelona y profesor de Historia Contemporánea de España en la Universidad Carlos III de Madrid, aunque se trató de un episodio “relevante” de la Transición, “no lo fue más que el nombramiento de Adolfo Suárez, la Ley para la Reforma Política, las elecciones de 1977 o incluso la propia muerte de Franco”.

Aun así, este investigador sostiene que la intervención de Washington generó “las condiciones de posibilidad política” para que, un mes después, Carlos Arias Navarro presentara su dimisión como presidente del Gobierno y el rey designara a Adolfo Suárez. Recuerda, además, que ya el 26 de abril el monarca había calificado a Arias como “un desastre sin paliativos” al frente del Ejecutivo, en una entrevista con ‘Newsweek’.

García Crespo subraya que “la caracterización del rey en aquellos momentos tiene diferentes prismas”, pero defiende que el monarca viaja a EEUU “consciente de lo que quiere obtener de la visita al líder del mundo libre”.

“El rey utilizó el altavoz estadounidense para decir lo que a lo mejor no se atrevía a decir aquí y lanzar un mensaje inequívoco y una promesa de liderar la democratización”, afirma García Crespo.

El aval de Estados Unidos y el Tratado de Cooperación

En el escenario internacional de 1976, “asegurarse el apoyo de Estados Unidos solo se podía hacer siendo una democracia”, apunta el historiador Francisco J. Leira, autor de ‘Retratos de la Transición. La memoria que escondimos en el desván’.

Para Washington era, además, “imprescindible” que el tránsito fuera “pacífico” y “lento”, coinciden los especialistas, con el fin de “garantizar la estabilidad” y evitar un proceso “demasiado revolucionario”.

Los antecedentes inmediatos de 1974, con la Revolución de los Claveles en Portugal y la caída de la dictadura de los Coroneles en Grecia, que “rozaba muy de cerca a Juan Carlos y Sofía”, explican este interés, según la historiadora Encarnación Lemus, premio Nacional de Historia en 2023. Ella enmarca este momento de la Guerra Fría en un contexto de “aflojamiento y dejar caer las dictaduras militares en Europa” tras la “Paz de Helsinki” de 1975.

El discurso de Juan Carlos proporcionó también “el empujón necesario”, en palabras de Lemus, para desbloquear la ratificación del Tratado de Cooperación y Amistad que España había suscrito el 24 de enero de ese mismo año con el secretario de Estado, Henry Kissinger, y que seguía pendiente en la Cámara de Representantes estadounidense, recelosa aún del legado franquista.

Encarnación Lemus considera esa ratificación “el único logro serio del primer gobierno de Juan Carlos”. A su juicio, fue “un gesto de confianza” de la Administración Ford hacia la figura del rey que facilitó posteriormente la integración de España en organismos internacionales como la Comunidad Económica Europea (CEE), precursora de la actual Unión Europea, y la OTAN.

“Lo que hubiera gustado a la administración Ford y también a la monarquía y al gobierno español, es que el tratado estuviera ya refrendado y aprobado y el rey pudiera hacer la firma oficial durante su viaje”, reconoce la historiadora.

Un discurso medido y una sociedad en ebullición

La primera parte del discurso ante el Capitolio fue redactada por el historiador Vicente Palacio Atard y giraba en torno a los lazos históricos entre España y Estados Unidos con motivo del bicentenario de la independencia norteamericana. La segunda, obra del entonces ministro de Exteriores, José María de Areilza, se centraba en la coyuntura política española y, según Pereira Castañares, fue la que “marca ya el camino que va a seguir”.

Las expresiones se calibraron con sumo cuidado para poner en marcha un proceso democrático “pacífico” que dio paso a una “alegría contenida”, en expresión del historiador Francisco J. Leira Castiñeira, que recuerda que apenas habían transcurrido seis meses desde la muerte de Franco.

Según Leira, el monarca era consciente de que en las calles españolas emergía “una pulsión social” que iba más allá de los partidos agrupados en la Junta y la Plataforma Democrática —posteriormente fusionadas en “la Platajunta”— y de una “necesidad de realizar algún tipo de cambio”. El problema, apunta, es que “tampoco se sabía hacia dónde ir”, aunque admite que “entonces la democracia era algo que todos, de alguna forma, estaban más o menos de acuerdo”.

Areilza fue también el responsable de coordinar el viaje como jefe de la diplomacia, si bien el rey siguió de cerca todos los detalles, según el relato de Juan Carlos Pereira Castañares. Este historiador añade que “el único que no se enteró del contenido del discurso fue Arias Navarro, que lo vio en su despacho con cara de enfado”.

El embajador estadounidense en Madrid, Wells Stabler, desempeñó igualmente un papel relevante al orientar un proceso de Transición “paso a paso”, en línea con las recomendaciones de Gerald Ford a Juan Carlos I. Washington veía en el monarca “la figura ideal” para conducir el cambio, “pues el rey tenía los poderes heredados de Franco y podía hacer lo que quisiera”, sostiene también Pereira Castañares.

Legitimidad, dudas y papel de los medios

La historiadora Encarnación Lemus subraya que el rey “consiguió legitimar su proyecto de futuro a corto y medio plazo para la política para España” pese a las reticencias iniciales. Francisco Leira recuerda que Juan Carlos “tenía la legitimidad de origen por la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947”, pero carecía aún de la “legitimidad de ejercicio”.

En la misma línea, Guillermo García Crespo incide en que el monarca “carecía de ese apoyo popular” y que “no tenía legitimidad en el entorno de la oposición democrática española ni a nivel internacional”.

A pesar de ello, el historiador coincide con la mayoría de sus colegas en que “había muchas dudas de si el sucesor designado por Franco sería capaz de pilotar el proceso transicional”.

Pereira Castañares destaca, además, la relevancia de la cobertura de los periodistas que acompañaron al rey en esta primera visita oficial a EEUU y el tratamiento que le dedicó Televisión Española, que modificó su parrilla para emitir en directo el discurso, con traducción simultánea del entonces corresponsal de TVE en Nueva York, Jesús Hermida.