Dermatólogos desmontan el falso mito del callo solar y alertan de que la piel no se acostumbra al sol

Dermatólogos alertan de que el supuesto callo solar no existe, el bronceado es daño acumulado y solo la fotoprotección adecuada reduce el riesgo cutáneo.

3 minutos

Dermatólogo VITHAS

Dermatólogo VITHAS

Añadir DEMÓCRATA en Google

Pregunta a FREN

Publicado

3 minutos

Más leídas

Expertos en Dermatología han vuelto a poner el foco sobre el "falso mito" del "callo solar", muy difundido de nuevo en redes sociales, al recordar que "la piel nunca se acostumbra al sol" y que "no existe ningún mecanismo que haga inmune a la piel frente al daño provocado por la radiación ultravioleta".

Así lo subraya el doctor Antonio González, dermatólogo de Vithas Valencia 9 de Octubre, quien insiste en que "el llamado 'callo solar' no es un término médico". Detalla que lo que muchos perciben como una supuesta adaptación progresiva al sol es, en realidad, "un mecanismo de defensa frente a una agresión". La piel reacciona sintetizando más melanina y engrosando levemente la capa córnea, pero "ese proceso no evita que la radiación continúe dañando las células".

El especialista recalca que el bronceado, tradicionalmente asociado a una piel más fuerte, no es más que la huella visible de un daño biológico. Cuando la radiación ultravioleta incide sobre la piel, se producen alteraciones en el ADN de las células cutáneas y el organismo responde aumentando la melanina para tratar de atenuar parte de ese impacto. No obstante, esa protección es muy limitada y nunca sustituye a las medidas de fotoprotección. "Pensar que una persona está protegida porque ya está morena es uno de los errores más frecuentes del verano. El bronceado no elimina el daño acumulado ni impide que continúe produciéndose", ha comentado.

El dermatólogo matiza que la exposición solar también puede resultar beneficiosa si se realiza con moderación, ya que la luz del sol interviene en la síntesis de vitamina D, contribuye a regular el ritmo circadiano y puede mejorar el estado de ánimo y el bienestar general. Sin embargo, estos efectos positivos no exigen largas estancias al sol ni exponerse en las franjas horarias de mayor intensidad. Según explica el Dr. Antonio González, "nuestro organismo no necesita pasar horas tomando el sol para obtener sus beneficios. Una exposición moderada y responsable suele ser suficiente, mientras que el exceso únicamente incrementa el riesgo de daño cutáneo".

En caso de abusar del sol, lo que sí se acumula es envejecimiento cutáneo y riesgo de cáncer de piel, ya que el daño por radiación ultravioleta es progresivo y puede hacerse visible mucho tiempo después. "La radiación solar acelera el envejecimiento de la piel y favorece la aparición de manchas, arrugas prematuras y pérdida de elasticidad. También puede producir alteraciones de la pigmentación y lesiones precancerosas como las queratosis actínicas", ha advertido. A ello se suma un aumento de la probabilidad de desarrollar distintos tipos de cáncer cutáneo, como el carcinoma basocelular, el carcinoma epidermoide y el melanoma, el más agresivo por su capacidad para metastatizar. Recuerda que muchas de estas lesiones aparecen tras décadas de exposición acumulada y se relacionan con hábitos adquiridos desde edades tempranas.

Claves para una fotoprotección eficaz

Para minimizar estos riesgos, los especialistas recomiendan emplear fotoprotectores de amplio espectro con SPF 50 o superior en exposiciones prolongadas, aplicarlos entre 20 y 30 minutos antes de salir al exterior y renovarlos cada dos horas, especialmente tras el baño o si hay sudoración intensa. También aconsejan evitar el sol en las horas centrales del día, usar sombreros de ala ancha, gafas homologadas y prendas con tejido de protección ultravioleta, además de desterrar la idea errónea de que un bronceado intenso equivale a estar protegido.

El doctor González añade que la fotoprotección oral "puede ser un complemento útil dentro de una estrategia integral de prevención", aunque nunca debe sustituir a las barreras físicas ni a las cremas solares. Más allá de protegerse del sol, los dermatólogos insisten en la necesidad de revisar la piel de forma periódica para detectar de manera precoz posibles lesiones sospechosas. "Una mancha que cambia de tamaño, color o forma, una costra que no termina de cicatrizar o una lesión que sangra de forma repetida son señales de alerta que deben ser valoradas por un dermatólogo. La detección precoz sigue siendo una de las herramientas más eficaces para mejorar el pronóstico del cáncer de piel", ha apostillado.

Hola, soy Fren. ¿Cómo te ayudo?