La candidatura de Yolanda Díaz para dirigir la Organización Internacional del Trabajo abre una carrera electoral mucho más reducida y compleja de lo que podría sugerir el tamaño del organismo. La decisión no corresponde a una votación de todos los países integrantes de la OIT ni a la Asamblea General de Naciones Unidas.
El próximo director o directora general será elegido por los 56 miembros titulares del Consejo de Administración de la organización: 28 representantes de gobiernos, 14 de los trabajadores y 14 de los empleadores. Es decir, la vicepresidenta deberá construir una mayoría entre tres grupos con intereses y sensibilidades muy diferentes.
Su principal rival es el actual director general, el togolés Gilbert F. Houngbo, que ya ha formalizado su candidatura para un segundo mandato con el respaldo de su país. La elección se celebrará el 16 de noviembre mediante voto secreto. El vencedor comenzará su mandato el 1 de octubre de 2027.
¿Quién puede presentar una candidatura?
Las candidaturas pueden ser registradas por cualquiera de los Estados miembros de la OIT o por un miembro titular o adjunto de su Consejo de Administración. España ejerce, por tanto, de promotora formal de la candidatura de Díaz.
El plazo permanece abierto hasta el 31 de agosto. Esto significa que el cartel electoral todavía no está necesariamente cerrado y que podrían incorporarse nuevos aspirantes durante las próximas semanas.
La propuesta española debe ir acompañada de la documentación requerida, como la carta de nominación, el currículum de la candidata y una declaración en la que exponga su proyecto para la organización.
Un examen público y otro a puerta cerrada
La campaña institucional tendrá una primera fecha clave el 23 de septiembre. Ese día, los candidatos participarán en un acto interactivo público organizado por la OIT para explicar sus propuestas y responder preguntas.
La sesión servirá para confrontar sus planes sobre asuntos como la expansión de la inteligencia artificial, los derechos laborales, el trabajo en plataformas digitales, la igualdad, las cadenas mundiales de producción y la delicada situación financiera de la organización.
El segundo examen será mucho menos visible. El 9 de noviembre, una semana antes de la votación, los aspirantes comparecerán en sesiones privadas ante los miembros del Consejo de Administración. Allí tratarán de convencer directamente a quienes tienen derecho de voto.
La elección definitiva se celebrará también a puerta cerrada.
¿Cuántos votos necesita Díaz?
Para ser elegida, una candidatura debe obtener más de la mitad de los votos de los miembros del Consejo con derecho a participar. Con los 56 puestos titulares cubiertos, la mayoría se sitúa habitualmente en 29 votos.
La votación es secreta y pueden celebrarse tantas rondas como sean necesarias. Cuando existen varios aspirantes, el candidato con menor respaldo va quedando eliminado, de modo que sus votos deben redistribuirse entre los supervivientes.
La ajustada elección de 2022 muestra la importancia de cada papeleta. Houngbo obtuvo entonces 30 votos, apenas uno más que la mayoría necesaria, después de dos rondas de votación.
Los sindicatos, el punto de partida más favorable
El bloque más propicio para Díaz es, a priori, el de los trabajadores. La vicepresidenta es abogada laboralista, dirige el Ministerio de Trabajo desde 2020 y ha situado el diálogo social y la ampliación de los derechos laborales en el centro de su trayectoria política.
El Gobierno presenta como principales credenciales las reformas laborales aprobadas durante su mandato, las subidas del salario mínimo y la reducción de la temporalidad. Pedro Sánchez también ha subrayado que sería la primera mujer y la primera representante española al frente del organismo.
Las principales organizaciones sindicales españolas han valorado positivamente la posibilidad de su candidatura, aunque eso no garantiza un respaldo automático de los 14 representantes internacionales de los trabajadores. En el Consejo participan sindicalistas de diferentes regiones, culturas políticas y prioridades laborales.
Incluso obteniendo los 14 votos sindicales, Díaz necesitaría al menos otros 15 entre gobiernos y empresarios para alcanzar la mayoría.
El bloque empresarial, el terreno más difícil
El principal obstáculo se encuentra previsiblemente entre los 14 representantes de los empleadores. Algunas de las medidas defendidas por Díaz —desde los aumentos del salario mínimo hasta la reducción de jornada o la regulación de las plataformas— han generado enfrentamientos con las organizaciones empresariales españolas.
La CEOE ya había advertido, antes de la confirmación de la candidatura, contra la posibilidad de utilizar la elección para reformular agendas políticas dentro de la OIT. Fuentes conocedoras del organismo consideran improbable que Díaz obtenga un apoyo mayoritario en el grupo empresarial.
Sin embargo, el bloque no tiene por qué votar de manera completamente uniforme. La OIT se basa precisamente en la búsqueda de acuerdos tripartitos y una candidatura puede captar respaldos individuales mediante compromisos sobre estabilidad institucional, seguridad jurídica o sostenibilidad empresarial.
Los 28 gobiernos tendrán la llave
La verdadera batalla se producirá entre los representantes de los gobiernos. Son la mitad del electorado y constituyen el único bloque con capacidad suficiente para inclinar por sí solo la elección.
Díaz necesita convertir su candidatura española en una candidatura con apoyos europeos y, al mismo tiempo, evitar que sea percibida únicamente como una propuesta de la izquierda europea. El Gobierno tratará de proyectarla como una aspirante capaz de representar también al Sur global, según el mensaje difundido por la propia vicepresidenta.
Para ello será necesario negociar voto a voto con gobiernos europeos, latinoamericanos, africanos y asiáticos. Los respaldos públicos pueden servir como señal política, pero no aseguran el resultado porque la papeleta es secreta.
El rival de Díaz cuenta con la ventaja del cargo
Houngbo parte con una ventaja evidente: dirige la OIT desde octubre de 2022, conoce a sus órganos internos y tiene experiencia en distintas instituciones de Naciones Unidas. Fue además el primer africano elegido para dirigir la organización, un elemento que puede favorecer la continuidad de apoyos regionales y diplomáticos.
La candidatura de Díaz deberá plantear la elección como una disyuntiva entre continuidad y cambio. Su discurso se apoya en la necesidad de reforzar los derechos laborales y recuperar la centralidad política de la OIT en un momento marcado por la inteligencia artificial, el debilitamiento del multilateralismo y las dificultades financieras.
Houngbo, por su parte, puede defender la experiencia adquirida durante su primer mandato y presentarse como una opción de estabilidad en plena crisis presupuestaria.
¿Qué posibilidades reales tiene Yolanda Díaz?
La candidatura es competitiva, pero no parte con una mayoría asegurada. Su vía hacia la victoria pasaría por tres movimientos simultáneos: Conseguir un respaldo muy amplio entre los representantes de los trabajadores, reunir alrededor de la mitad de los votos gubernamentales y captar algunos votos empresariales o compensar posibles fugas sindicales con más apoyos de gobiernos.
Su principal fortaleza es ofrecer una candidatura política reconocible, con experiencia ministerial y una agenda laboral definida. También puede beneficiarse del debate sobre la necesidad de que una mujer dirija por primera vez la organización.
Su principal debilidad es la dificultad para presentarse como una figura de consenso ante el bloque empresarial y ante gobiernos conservadores. A ello se suma la ventaja institucional de Houngbo y la capacidad del actual director para movilizar apoyos construidos durante años dentro de la OIT.
La elección, por tanto, no se decidirá únicamente por la trayectoria de los candidatos. Dependerá de la capacidad diplomática del Gobierno español para tejer una coalición transversal. En una votación de solo 56 personas y con papeleta secreta, dos o tres cambios de posición pueden decidir quién dirigirá la política laboral internacional durante los siguientes cinco años.