El catedrático Juan Antonio Madrid ha explicado que dormir “limpia el cerebro” gracias a la acción del sistema glinfático, que facilita la eliminación de metabolitos como la beta-amiloide, vinculada al desarrollo del Alzheimer. Al mismo tiempo, el sueño consolida la memoria, ayuda a procesar las emociones y contribuye a potenciar la creatividad.
Durante una conferencia promovida por la Real Academia de San Quirce y la Fundación Lilly, Madrid ha advertido sobre las consecuencias de la exposición a la luz artificial durante la noche, que reduce la secreción de melatonina —la denominada oscuridad química— y provoca un retraso en la conciliación del sueño.
“Vivimos en un mundo para el que no estamos biológicamente preparados, pasamos de recolectores expuestos a la luz natural a pasar el día frente a pantallas y dormir en entornos artificiales. Recuperar hábitos compatibles con nuestra biología, respetar los ritmos circadianos, reducir la luz azul nocturna y valorar el sueño es clave para la salud física y mental”, ha expuesto Madrid.
En esta línea, el especialista ha incidido en que los seres humanos pasan entre 25 y 30 años de su existencia durmiendo. “Pensar que eso no es fundamental en nuestra salud, en nuestro estado de ánimo y en nuestra forma de ser es un error”, ha señalado.
El investigador ha apuntado asimismo que casi todos los organismos con un sistema nervioso complejo duermen, desde las abejas hasta los pulpos, que presentan patrones equiparables al sueño REM humano. En mamíferos marinos como los delfines, el denominado sueño unihemisférico les permite descansar mientras conservan la conciencia necesaria para respirar y protegerse de los depredadores.
Madrid ha repasado también algunos hitos de la ciencia del sueño: los experimentos pioneros de la investigadora rusa Marie Manaseina a finales del siglo XIX, que demostraron que la falta de sueño resulta mortal antes que la ausencia de alimento, y la identificación del sueño REM en 1953 por Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman, tras observar movimientos oculares rápidos en un niño.
Por último, el catedrático ha detallado que existen dos grandes modalidades de sueño. El NREM o sueño profundo, responsable en gran medida de la recuperación física y que supone en torno al 70% del total, y el REM, en el que la actividad cerebral es muy intensa, aparecen los sueños más vívidos y se integran emociones y recuerdos. Ambos tipos se alternan en ciclos que se repiten aproximadamente cada 90-120 minutos.