El padre acusado en Cantabria de maltrato y abusos sexuales a su hija niega los hechos: “Le puse unas normas, nada más”

El padre acusado en Cantabria de maltrato habitual y abusos sexuales a su hija menor niega los hechos y alega que solo impuso normas de convivencia.

4 minutos

Juicio al acusado de maltratar y abusar sexualmente de su hija menor EUROPA PRESS

Juicio al acusado de maltratar y abusar sexualmente de su hija menor EUROPA PRESS

Añadir DEMÓCRATA en Google

Pregunta a FREN

Publicado

4 minutos

Más leídas

El hombre procesado por presuntamente maltratar de forma habitual y abusar sexualmente de su hija menor, con la que convivía en fines de semana alternos, ha rechazado este martes todas las acusaciones durante el juicio celebrado contra él. Ha sostenido que únicamente estableció reglas de convivencia en el domicilio.

“Le puse unas normas y nada más”, ha declarado en la vista oral, que ha tenido lugar en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cantabria. La víctima ha prestado declaración a puerta cerrada y, tras la práctica de la prueba, las partes han mantenido sus escritos, convirtiendo en definitivas sus conclusiones.

El Ministerio Fiscal mantiene su solicitud de una pena superior a nueve años y cuatro meses de prisión por un delito de maltrato habitual, otro continuado de abuso sexual a menor y un tercer delito de maltrato físico en el ámbito de la violencia doméstica. Además, reclama una indemnización de 7.000 euros para la joven por las secuelas psicológicas que arrastra.

Durante su interrogatorio, el acusado ha señalado, a preguntas de todas las partes, que tenía una “buena relación” con su hija y ha negado haberla insultado o haber protagonizado discusiones con ella, insistiendo en que se limitó a imponer unas normas de convivencia.

También ha rechazado haber entrado en el baño mientras la menor se duchaba o haberle quitado la toalla. En relación con la ropa de la chica, ha indicado que en ocasiones no le parecía “la correcta”, aunque ha negado que llegara a romperle prendas.

La denuncia partió de la madre de la menor. Según el relato del ministerio público, el acusado se habría aprovechado de la “relación de confianza” con su hija para actuar “de forma habitual” durante seis años, “con ánimo de sumergir a la menor en un estado de temor, angustia, humillación y ansiedad permanente, cercenando su derecho a la libertad y a la seguridad”.

En esa línea, el fiscal sostiene que el hombre habría desplegado “de forma sistemática y reiterativa una conducta vejatoria, humillante y agresiva respecto de la menor, afectando a su integridad física y psíquica, y libertad e indemnidad sexual”.

El procesado, que en el periodo investigado vivía con su madre y su hermana, ha ofrecido una versión distinta. Ha afirmado que la menor tenía conflictos en el instituto, que faltaba “muchísimo” a clase, que “le gustaba salir” y que incluso “le quitaba” dinero a su madre “a escondidas”.

Asimismo, ha explicado que atravesaba dificultades económicas y que, tras el divorcio, no podía abonar la pensión de manutención fijada judicialmente.

Relato de la madre y actuación del instituto

La madre de la joven, denunciante de los hechos, ha declarado que presenció agresiones del padre a la menor cuando se enfadaba, detallando que le daba “bofetadas, patadas... donde cuadraba”. Ha añadido que en ocasiones la niña regresaba a casa con moratones, que justificaba diciendo que “habían ido al río o habían estado con la bicicleta”.

También ha descrito insultos del padre hacia sus dos hijas, a las que, según ha señalado, llamaba “putas” o “guarras”, y ha asegurado que el hombre consumía cocaína.

La mujer ha explicado que tuvo conocimiento de los tocamientos a través de los Servicios Sociales, después de que la menor relatara lo sucedido en el instituto. Ha indicado que actuó siguiendo las indicaciones de dichos servicios y ha negado haber influido en el testimonio de su hija, que no le había contado nada antes por “miedo” a que pensara que “no la iba a creer”.

Ha admitido, además, que la joven faltaba al centro educativo, que sufría bullying y que llegó a desaparecer dos o tres días, motivo por el que presentó la correspondiente denuncia.

En el juicio también han declarado la trabajadora social, el educador social y una psicóloga que atendieron a la menor, así como su jefa de estudios. Todos han coincidido en que la chica tenía dificultades para expresarse, que emocionalmente estaba “mal” y “muy afectada” y que “no había posibilidad de estar fingiendo”. “Me parece que decía la verdad. Eso no se lo inventan así gratuitamente los alumnos: es muy complicado”, ha manifestado la docente.

Esta última ha explicado que observó marcas y heridas en la nariz y en los brazos de la joven. En un primer momento, la alumna le dijo que se las había hecho con la bici, pero posteriormente le confesó que se las había “pegado” su padre.

Versión de la familia paterna y final del juicio

Por parte de la defensa han comparecido la madre y dos hermanas del acusado, quienes han negado que el padre propinara golpes, insultos o maltratos a la menor. No obstante, la abuela de la víctima ha reconocido que en su casa “tenía unas normas” y ha mencionado la forma de vestir de la chica, que en ocasiones iba “en sujetador y con el pantalón roto”.

La abuela ha contado que, tras la denuncia, preguntó a su nieta qué había ocurrido y que la adolescente le respondió que “nada”, que eran “cosas” de su “mamá”.

También ha indicado que, pese a la orden de alejamiento dictada, la menor siguió acudiendo a su vivienda. Ha precisado que la madre la llevaba y la recogía allí, y que en la casa se encontraba el padre. “Por allí andaba, en casa, no le voy a echar”, ha manifestado para justificar su presencia.

Una vez practicada toda la prueba testifical y pericial, las partes han ratificado sus conclusiones provisionales como definitivas, con ligeros ajustes del fiscal en las peticiones de prohibición de comunicación y aproximación. El juicio ha quedado visto para sentencia.

Hola, soy Fren. ¿Cómo te ayudo?