Francia y Alemania han decidido poner fin al desarrollo conjunto del futuro caza europeo FCAS (Future Combat Air System), un proyecto valorado en alrededor de 100.000 millones de euros que aspiraba a convertirse en la columna vertebral de la aviación militar europea en las próximas décadas.
Según información publicada por la agencia Reuters, el canciller alemán Friedrich Merz y el presidente francés Emmanuel Macron han aceptado que las diferencias entre Airbus y Dassault han hecho inviable el programa tal y como estaba diseñado desde su lanzamiento en 2017, al que España se incorporó posteriormente.
Un programa reducido a su capa digital
Aunque el desarrollo del avión de combate queda desmantelado, ambos gobiernos han acordado mantener parte del proyecto, especialmente el desarrollo de sistemas de drones y la denominada “nube de combate”, un sistema de comunicaciones y gestión de datos destinado a integrar aeronaves, sensores y plataformas militares en un entorno único de operaciones.
En este ámbito también participa España a través de Indra, responsable de una parte clave de los sensores y la arquitectura tecnológica del sistema.
Un golpe a la autonomía militar europea
La ruptura del FCAS supone un nuevo revés para la aspiración de la Unión Europea de disponer de un caza propio de sexta generación.
En la actualidad, las fuerzas aéreas europeas siguen dependiendo de aeronaves de cuarta generación, mientras que Estados Unidos mantiene ventaja tecnológica con el F-35, un caza de quinta generación con capacidad furtiva avanzada.
Tras la ruptura del proyecto conjunto, Airbus se perfila como el principal actor dispuesto a continuar el desarrollo de un caza de sexta generación de forma independiente o junto a nuevos socios. El grupo europeo ya cuenta con experiencia en programas como el Eurofighter, lo que podría servir de base para un nuevo proyecto.
España, que participa en el programa con una inversión estimada de unos 700 millones de euros a través de Airbus e Indra, queda ahora en una posición de espera. El país ha defendido en varias ocasiones la necesidad de desbloquear el FCAS y, con el escenario actual, su estrategia dependerá de la evolución de los nuevos proyectos que surjan desde la industria europea.