El Banco de España ha advertido de que avanzar hacia una sociedad sin dinero en metálico supone un “escenario de alto riesgo” y ha insistido en la importancia de conservar billetes y monedas como herramienta esencial para la inclusión financiera, al tiempo que admite que la evolución hacia una economía totalmente digital “no es inevitable”.
En su análisis “Futuro sin billetes: ¿utopía o distopía?”, el organismo explica que, para que un sistema donde solo existan medios de pago digitales funcionase correctamente, sería imprescindible una infraestructura tecnológica “tan robusta” que garantizase una conectividad permanente y una protección eficaz frente a fallos y ciberataques, incluso en situaciones extremas o de desastre.
Los autores del trabajo, la directora de Efectivo del Banco de España, María José Fernández, y el jefe de la división de Relaciones con Fabricantes y Agentes, Félix Redondo, recalcan que, aun en un escenario de ciberseguridad “infalible” y conectividad plena, el uso de billetes y monedas seguiría siendo “indispensable”.
“El dinero físico no debe verse como un vestigio del pasado, sino como una red de salvaguarda tan necesaria como los extintores en un edificio digitalmente inteligente o las escaleras en cualquier rascacielos”, sostienen los especialistas, que reivindican el papel del efectivo como respaldo del sistema.
El documento advierte de que suprimir en el futuro los billetes y las monedas podría “excluir a determinados colectivos, como las personas no bancarizadas o con bajas competencias digitales”, dejando fuera del sistema de pagos a parte de la población.
Ante la posibilidad de pasar de una economía basada en el efectivo a otra sin él, el Banco de España recalca que “no es ineludible”. Sin embargo, avisa de que, a medida que se profundiza en esa transición, esta deja de ser “fácilmente reversible”, ya que no permite ir adelante y atrás sin costes significativos.
La institución remarca, además, que el acceso sencillo al efectivo no está garantizado por sí mismo. Fernández y Redondo recuerdan que sostener la red necesaria —imprentas, fábricas de moneda, canales de distribución, transporte de fondos, cajeros automáticos y oficinas bancarias— resulta “complejo y costoso”.
“Según disminuye su uso, los costes por operación aumentan, reduciendo su eficiencia y poniendo en riesgo su continuidad. Si se deja de utilizar efectivo, hay que reducir la infraestructura necesaria para fabricarlo y distribuirlo. Entonces, en una situación crítica podríamos encontrarnos sin una red suficiente para garantizar el acceso al efectivo”, alertan los economistas.
La experiencia de Suecia y la protección del efectivo
En relación con este escenario, el Banco de España recuerda el caso de Suecia, que llegó a plantear que en 2025 sería un país sin efectivo. No obstante, las autoridades suecas —tanto el Gobierno como el Banco Central— han rectificado, aprobando normas para protegerlo, promoviendo su uso habitual y recomendando mantener una reserva de billetes en el hogar como medida de seguridad.
El país nórdico actuó durante años como referente mundial en pagos digitales y aspiraba a encabezar el modelo ‘cashless’. Numerosos comercios dejaron de aceptar dinero físico y las entidades financieras fueron retirando el efectivo de su operativa, lo que redujo el volumen de billetes en circulación a cerca de la mitad desde 2008.
En la actualidad, las autoridades suecas han concluido que, ante emergencias o fallos tecnológicos, el efectivo continúa siendo esencial. Por ello han impulsado iniciativas para reforzar su presencia, como imponer por ley que supermercados y farmacias lo acepten, facilitar el ingreso de efectivo en los bancos y recomendar a la ciudadanía disponer de unas 1.000 coronas (algo menos de 100 euros) por adulto para hacer frente a posibles crisis.
En este marco, los autores del artículo señalan que, aunque el porvenir de los pagos sea “mayoritariamente digital”, el dinero en metálico sigue siendo un “imprescindible compañero de viaje”.
Por este motivo, recalcan que el efectivo es “una pieza clave” del engranaje económico, un derecho para los ciudadanos y una salvaguarda frente a fallos tecnológicos y riesgos de exclusión financiera.
El texto subraya que, junto con el euro digital —la iniciativa del BCE para desarrollar un formato digital del efectivo—, la permanencia de los billetes y monedas permite un modelo de convivencia entre medios de pago públicos y privados, físicos y digitales, que protege la libertad de elección, refuerza la resiliencia del sistema y favorece la inclusión de toda la población.
“El avance tecnológico no tiene por qué ser una sustitución, sino una suma. El éxito de nuestro sistema de pagos no se medirá por lo rápido que logremos eliminar el dinero físico, sino por nuestra capacidad de mantener un modelo híbrido en el que convivan la eficiencia de lo digital y la red de seguridad de lo físico”, concluyen la directora de Efectivo del Banco de España y el jefe de la división de Relaciones con Fabricantes y Agentes.