El coste de los principales productos agrícolas básicos podría repuntar hasta un 8,5% este año como consecuencia de la guerra de Irán, de acuerdo con un estudio de Crédito y Caución que evalúa el impacto del conflicto sobre las grandes economías mundiales a partir de dos posibles escenarios en función de cuánto se prolonguen las hostilidades.
En el escenario central, el informe plantea un acuerdo de paz relativamente rápido y el levantamiento del bloqueo del estrecho de Ormuz en mayo. En el escenario más pesimista, en cambio, se contempla el cierre de esta vía estratégica durante seis meses y una intensificación de la guerra a medida que fracasan las negociaciones.
En ambos supuestos, el encarecimiento de los fertilizantes acabará trasladándose a los precios de los alimentos a finales de año. A ello se suma que la subida de la energía impacta en todas las fases de la cadena alimentaria, desde la siembra y la recolección hasta el procesado, el almacenamiento y la distribución.
Según las proyecciones de Crédito y Caución, el precio medio mundial de los principales productos agrícolas básicos podría incrementarse un 8,5% en 2026 y un 3,8% en 2027. Estas tasas se alejan claramente de las previsiones anteriores al estallido del conflicto, que apuntaban a avances del 0,7% y del 2,5%, respectivamente.
El transporte es otro de los grandes damnificados, especialmente el tráfico marítimo. Un encarecimiento sostenido del 50% en la cotización del crudo podría disparar los costes del transporte por mar entre un 15% y un 20%, presionando aún más los precios finales.
Al mismo tiempo, el abastecimiento de metales clave para industrias estratégicas atraviesa serias tensiones. La región del Golfo concentra en torno al 10% de la producción global de aluminio, y una parte sustancial de ese volumen cruza el estrecho de Ormuz. La interrupción de esos flujos podría desencadenar una fuerte crisis de precios a escala mundial. Incluso con un alto el fuego temprano, la reactivación de las plantas detenidas podría demorarse varios meses.
En cuanto al impacto geográfico, el análisis concluye que los países de Oriente Medio serán los más golpeados, debido a su fuerte dependencia de la exportación de combustibles fósiles y de sectores muy intensivos en energía y orientados al exterior, como los químicos y los metales. Las economías de Asia-Pacífico, salvo China, también sufrirán de forma notable por su elevado consumo de petróleo y gas procedentes de Oriente Medio.
Europa figura igualmente entre los grandes demandantes de gas del Golfo, pero arrastra todavía las secuelas de la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania. En este contexto, se espera que la producción manufacturera de la zona euro retroceda un 0,2% en 2026, caída que podría profundizarse hasta el 1,9% en el escenario más adverso.
A escala global, el efecto inmediato del conflicto es un repunte de los precios del petróleo y el gas, que se traslada al coste de los alimentos y alimenta una mayor inflación, lo que termina provocando un recorte del gasto de los hogares.