Lufthansa ha decidido cancelar cerca de 20.000 vuelos entre mayo y octubre de 2026, en plena temporada alta de verano, como parte de un plan de ajuste para hacer frente al fuerte encarecimiento del combustible.
La medida se enmarca en el contexto de tensión geopolítica en Oriente Próximo, con el estrecho de Ormuz como punto crítico para el suministro energético global.
No hay escasez inmediata, pero sí precios disparados
La subida acelerada del precio del combustible, que se ha disparado en las últimas semanas, el riesgo de interrupciones en el suministro por la inestabilidad en Oriente Próximo y la necesidad de reducir costes operativos ha llevado a la aerolínea a recortar vuelos.
El ajuste afectará principalmente a vuelos en rutas europeas y de menor rentabilidad desde sus principales hubs: Frankfurt, Múnich, Zúrich, Viena o Bruselas.
El objetivo es reducir el consumo de combustible —con un ahorro estimado de decenas de miles de toneladas— y proteger los márgenes en un contexto de costes al alza.
En este contexto, no hay indicios de un recorte específico de vuelos hacia el mercado español.
Señal de alerta en la aviación
Pese al volumen de cancelaciones, la reducción equivale aproximadamente a un 1% de la capacidad total de la aerolínea, lo que limita el impacto directo sobre los pasajeros. Sin embargo, la decisión lanza una señal clara al sector: la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Próximo ya está teniendo efectos tangibles en la aviación comercial.
Ormuz condiciona el tráfico aéreo global
El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, es un factor determinante para el sector aéreo. La volatilidad del crudo y del jet fuel está obligando a las aerolíneas a replantear su operativa, con recortes de vuelos y ajustes de capacidad que podrían extenderse si persiste la incertidumbre.