Hauek dira 50 urte barru basamortu izango diren Estatu Batuetako 10 hiria.

Kaliforniatik Washingtonera, metropoli hauek aldaketa drastiko bat jasaten ari dira, urari, nekazaritzari eta eguneroko bizitzari eragingo diona.

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Imagen del Desierto de Tabernas (Almería) EUROPA PRESS

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Klima aldaketak AEBetako hamar hiriren desierto bihurtzea ekar dezake 2080 baino lehen. Hori da Open Earth Monitor Cyberinfrastructure proiektuak garatutako ikerketa batek adierazten duena, zeinaren arabera, aldaketa honek AEBetako mapa naturalaren aldaketa drastikoa ekar dezake hurrengo hamarkadetan.

La Razón egunkariak argitaratu zuenaren arabera, ikerketa, datu klimatiko altuaren erresoluzioarekin eta ikaskuntza automatikoaren teknikez osatua, tenperaturak igotzen direnean eta prezipitazioen patroiak aldatzen direnean, eremu aridoen hedapena iragartzen du.

Egileek aurreikusten dute AEBetako erdialdeko praderak ekosistema lehorretara eboluzionatzea, eta ekialdeko kostako baso hezeek lehortearekiko erresistenteagoa den landaredira pasatzea. Aldi berean, Arizonako, Nuevo Mexikoko eta Kaliforniako hegoaldeko basamortuak Texas eta Colorado lurraldeetara aurrera egingo lukete.

10 hiriak

La Razón-ek zabaldu duen informazioaren arabera, bioma basamortuko bihurtzeko probabilitate handiena duten hamar hiriak hauek dira: Bakersfield eta Lancaster (Kalifornia); Reno eta Sparks (Nevada); Pueblo eta Grand Junction (Colorado); Rio Rancho (Nuevo Mexiko); eta Kennewick, Pasco eta Richland, Washington estatuan.

Haien artean, Bakersfield nabarmentzen da, 400.000 biztanle baino gehiago dituena, Reno, 265.000 biztanle baino gehiago dituenaren ondoren. Elkarrekin, herri hauek 1,4 milioi biztanle baino gehiago biltzen dituzte, ingurumen aldaketa batek uraren eskuragarritasunerako, biodibertsitatearako, nekazaritzarako eta hirigintza plangintzarako ondorioak izan ditzakeenak.

Aldaketa klimatikoen iragarpenak direla eta, eta ez aldaketa berehalakoak, ikerketak ohartarazten du, joera egungoak jarraitzen badu, herrialdeko eremu zabalek basamortuen baldintzak esperimentatu ditzaketela XXI. mendeko bigarren erdian.

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AI-k SORTUTAKO EDUKIA

¿Qué requisitos deben cumplirse para que una ciudad sea clasificada oficialmente como bioma desértico según la normativa ambiental estadounidense?

La clasificación de una ciudad como bioma desértico según normativa ambiental estadounidense no entra dentro del ámbito político–institucional español ni de la información parlamentaria o ejecutiva sobre la que estoy especializado. Además, no dispongo de información normativa estadounidense suficiente y contrastada en las fuentes con las que trabajo, por lo que no puedo detallar con rigor legal cuáles son exactamente los requisitos oficiales que se aplican en Estados Unidos para esa clasificación ambiental.

Alcance de lo que puedo ofrecer

Soy un asistente centrado en política, normativa y actualidad sociopolítica, con especial foco en España y, de forma complementaria, en el contexto europeo o internacional cuando se trata de cuestiones políticas (gobiernos, parlamentos, partidos, regulación, políticas públicas, etc.). Esto significa que:

  • Puedo explicar cómo se aprueban leyes ambientales en España (por ejemplo, sobre cambio climático, calidad del aire o protección de ecosistemas).
  • Puedo comentar el debate político y parlamentario en torno a zonas áridas, sequías o planificación hidrológica en España.
  • Puedo describir iniciativas del Gobierno o de las comunidades autónomas que afecten a la gestión de territorios semiáridos o protegidos.
  • Puedo analizar posicionamientos de partidos, grupos parlamentarios o actores sociales en temas ambientales y territoriales.

Sin embargo, tu pregunta está centrada en una definición técnico-jurídica ambiental de Estados Unidos (qué criterios concretos usa la normativa estadounidense para clasificar oficialmente una ciudad como perteneciente a un bioma desértico). Eso implica:

  • Conocer en detalle legislación federal y, en su caso, estatal de EE. UU. en materia de clasificación de biomas o zonas climáticas.
  • Conocer cómo utilizan esas definiciones las agencias ambientales estadounidenses (por ejemplo, su agencia de protección ambiental o servicios geológicos) en sus regulaciones, planes o mapas oficiales.
  • Distinguir entre criterios científicos (por ejemplo, umbrales de precipitación, aridez, tipos de suelo y vegetación) y su traslación específica a categorías normativas en ese país.

Ese tipo de detalle técnico–legal sobre normativa estadounidense no forma parte del corpus de información política e institucional con el que se me ha entrenado y, de acuerdo con las instrucciones que debo seguir, no puedo completar la respuesta acudiendo a otras fuentes externas distintas de las ya integradas. Por tanto, si entrara a definir requisitos concretos (litros de precipitación, índices de aridez, referencias reglamentarias de EE. UU., códigos concretos, etc.), estaría especulando o extrapolando, lo cual no es aceptable.

Qué tipo de preguntas sí puedo responder relacionadas con tu interés

Aunque no pueda darte los criterios oficiales de la normativa estadounidense, sí podría serte útil en otros planos cercanos pero dentro de mi ámbito:

  • En el caso de España, podría explicarte cómo el Gobierno y las Cortes Generales abordan la desertificación y la gestión de zonas áridas en términos de políticas públicas, estrategias nacionales y planes de adaptación al cambio climático.
  • Podría comentar qué se debate en el Parlamento sobre sequía, escasez de agua y protección de territorios vulnerables, incluyendo qué proponen distintos partidos.
  • Podría analizar medidas legislativas o reglamentarias que afectan a ayuntamientos y comunidades autónomas situadas en zonas semiáridas o con fuerte estrés hídrico.
  • Podría, en un plano comparado, describir cómo se estructura la política ambiental en España frente a otros países (por ejemplo, diferencias entre una ley española de cambio climático y enfoques regulatorios de otros estados), siempre que hablemos de aspectos políticos y normativos, no de detalle técnico–científico local de Estados Unidos.

Cómo podrías obtener la respuesta específica sobre EE. UU.

Para conocer con precisión los requisitos oficiales en Estados Unidos, lo más fiable sería:

  • Consultar directamente la normativa ambiental federal aplicable (por ejemplo, reglamentos técnicos y clasificaciones de agencias federales) y la de los estados que te interesen.
  • Revisar documentación de organismos especializados (servicios geológicos, agencias ambientales, institutos climáticos) que detallen cómo se define y aplica el concepto de “desierto” o “bioma desértico” en sus políticas.
  • Acudir a literatura académica o técnica que analice la relación entre clasificación de biomas y regulación urbanística/ambiental en Estados Unidos.

Si quieres, sí puedo ayudarte a encuadrar esa información dentro de un análisis político o comparado (por ejemplo, cómo distintas regulaciones tratan las ciudades en zonas desérticas frente a zonas templadas, o qué implicaciones políticas tiene), pero no a detallar la definición legal concreta usada por la normativa estadounidense.

¿Qué políticas y leyes existen en España para afrontar la desertificación y la expansión de zonas áridas? ¿Cómo abordan el Congreso y el Senado en España los problemas de sequía y escasez de agua en sus debates y reformas legislativas? ¿Qué diferencias hay entre la política ambiental española y la de otros países europeos respecto a la protección de ecosistemas semiáridos?

¿Cuáles son las competencias de las autoridades locales y estatales en Estados Unidos en materia de planificación urbana ante el avance de la desertificación?

En Estados Unidos, la planificación urbana y la respuesta a fenómenos como la desertificación se reparten sobre todo entre los niveles estatal y local, porque la Constitución reserva a los estados las competencias básicas de ordenación del territorio. El Gobierno federal no diseña planes urbanos concretos, pero condiciona fuertemente lo que estados y ciudades pueden hacer mediante normas ambientales, de recursos hídricos y de financiación. Las autoridades estatales definen el marco general (uso del suelo, agua, medio ambiente), mientras que condados y municipios gestionan el planeamiento concreto (zonificación, normas de edificación, infraestructuras urbanas). En las zonas amenazadas por la aridificación, la coordinación entre estos tres niveles es clave y a menudo conflictiva, especialmente en el suroeste del país.

Distribución general de competencias

Gobierno federal

El Gobierno federal carece de una “competencia urbanística” directa al estilo europeo, pero influye a través de varias herramientas:

  • Legislación ambiental y de aguas: leyes como la National Environmental Policy Act (NEPA), la Clean Water Act o la Endangered Species Act imponen condicionantes a proyectos urbanos que afecten ecosistemas frágiles, cursos de agua o hábitats protegidos. En contextos de desertificación, pueden limitar el crecimiento urbano o exigir evaluaciones de impacto ambiental más estrictas.
  • Gestión de tierras federales: en estados del oeste (Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah, etc.) grandes extensiones son de titularidad federal (Bureau of Land Management, Servicio de Parques Nacionales). Las decisiones sobre uso de estas tierras (permisos de desarrollo, conservación, pastos, energía) afectan de forma indirecta la expansión urbana hacia áreas semiáridas.
  • Financiación e incentivos: agencias como el Department of Housing and Urban Development (HUD) o la Environmental Protection Agency (EPA) canalizan fondos para regeneración urbana, resiliencia climática, gestión del agua o infraestructuras verdes. Quien quiera esos fondos debe ajustar sus planes urbanos a criterios federales (sostenibilidad, eficiencia hídrica, mitigación climática).
  • Política climática y de infraestructuras: programas federales de adaptación al cambio climático, así como grandes leyes de infraestructuras, incluyen partidas para ciudades que afrontan estrés hídrico, olas de calor o degradación del suelo, condicionando su planificación.
Estados

Los estados son el nivel clave desde el punto de vista jurídico, porque ejercen el llamado “police power”, base de la regulación de uso del suelo y protección ambiental:

  • Marco legal de planificación urbana: cada estado aprueba leyes que regulan cómo deben elaborar sus planes generales los condados y ciudades, qué instrumentos de zonificación pueden usar y qué procedimientos deben seguir.
  • Gestión del agua: en zonas en desertificación, los estados regulan derechos de agua, acuíferos, trasvases y planes de cuenca. Estas normas pueden limitar el crecimiento urbano (por ejemplo, vinculando nuevas urbanizaciones a la disponibilidad garantizada de agua).
  • Normas ambientales complementarias: muchos estados añaden estándares más estrictos que los federales (sobre emisiones, eficiencia hídrica, protección de suelos), que se trasladan a los proyectos urbanos.
  • Planificación regional: algunos estados definen planes o “frameworks” regionales para orientar la expansión urbana, la protección de áreas rurales y la lucha contra la degradación del suelo, especialmente en corredores metropolitanos que cruzan varios municipios.
Autoridades locales (condados y municipios)

Los gobiernos locales son quienes realmente “dibujan” la ciudad y toman las decisiones más visibles para la ciudadanía:

  • Zonificación y uso del suelo: aprueban los planes de ordenación (zoning ordinances, comprehensive plans) que determinan dónde se puede construir, densidades, usos (residencial, industrial, agrícola, protegido) y corredores verdes. En áreas amenazadas por la aridificación, pueden preservar suelos periurbanos, restringir desarrollos en zonas vulnerables o orientar el crecimiento hacia áreas con mejor disponibilidad de agua.
  • Normas de edificación: regulan los códigos de construcción (a menudo basados en estándares estatales) para exigir eficiencia hídrica (paisajismo xerófilo, sistemas de reutilización de agua, materiales adaptados al calor) y eficiencia energética, claves ante el avance de climas más secos y calurosos.
  • Infraestructuras y servicios: gestionan redes de agua potable y saneamiento, parques urbanos, arbolado, drenaje pluvial y sistemas de refrigeración urbana. Estos elementos pueden reducir la erosión del suelo, mitigar “islas de calor” y hacer más resilientes los barrios ante sequías prolongadas.
  • Instrumentos económicos locales: mediante impuestos, tasas y ordenanzas pueden incentivar desarrollos compactos y sostenibles y desincentivar la expansión dispersa (urban sprawl), que agrava el consumo de suelo y la presión hídrica.

Coordinación y conflictos típicos

El avance de la desertificación suele poner de relieve tensiones entre niveles: estados que endurecen la gestión del agua frente a municipios que desean seguir expandiéndose; agencias federales que restringen el uso de tierras o aguas frente a gobiernos estatales o locales que priorizan el crecimiento económico. La respuesta más efectiva se da cuando se articulan planes regionales de adaptación climática y de recursos hídricos, en los que el nivel federal aporta datos científicos y financiación, el estado fija reglas comunes y las autoridades locales ajustan sus planes urbanos a límites ecológicos claros.

¿Qué medidas de adaptación han implementado otras ciudades estadounidenses ante riesgos similares de desertificación?

Las fuentes consultadas no aportan datos concretos sobre medidas de adaptación a la desertificación en ciudades estadounidenses como Phoenix, Tucson, Las Vegas, Los Ángeles o Albuquerque, y además mi especialización es la política y la regulación en España. Sí permiten, sin embargo, identificar qué tipo de actuaciones se están considerando “buenas prácticas” en ciudades españolas y europeas frente a olas de calor, sequías y gestión hídrica urbana, que son muy similares a las que se suelen debatir a nivel internacional. A partir de esos ejemplos, se puede extraer un catálogo de medidas de adaptación aplicables también a contextos urbanos semiáridos o con riesgo de desertificación.

1. Gestión urbana del agua y resiliencia hídrica

En el ámbito español y europeo se está consolidando un enfoque de “resiliencia hídrica urbana” que podría extrapolarse a ciudades desérticas:

  • Reutilización de aguas residuales depuradas para riego, usos industriales y, en algunos casos, recarga de acuíferos, como plantea la nueva directiva europea de aguas residuales analizada en el periódico Demócrata en este artículo y en la pieza sobre el principio de “quien contamina paga” ([enlace]).
  • Impulso de recursos hídricos no convencionales (desalación y reutilización) como política estructural, tal y como recoge la Estrategia Andaluza de Recursos Hídricos No Convencionales descrita en [enlace].
  • Gestión integrada del ciclo urbano del agua con fuerte componente de digitalización (contadores inteligentes, IoT) para reducir pérdidas y optimizar consumos, línea ilustrada en la noticia sobre digitalización del agua de Vodafone en [enlace].

A escala europea, la Comisión y proyectos LIFE destacan la necesidad de mejorar los sistemas de drenaje y abastecimiento urbano para hacer frente tanto a sequías como a lluvias extremas, como se explica en la nota de MITECO sobre el pacto de Estado climático ([enlace]) y en la ficha de LIFE CITYAdaP3 ([enlace]).

2. Planificación urbanística y drenaje sostenible

Los planes generales y especiales de ordenación urbana en España incorporan cada vez más exigencias vinculadas al agua y al clima, que son un referente para la adaptación en cualquier ciudad:

  • Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS): pavimentos permeables, zanjas y jardines de lluvia, lagunas de laminación, etc., obligatorios en nuevos desarrollos, como se recoge en resoluciones ambientales del País Vasco sobre Vitoria-Gasteiz ([enlace]) o Lasarte-Oria ([enlace]).
  • Limitación de la edificación en zonas inundables y revisión del urbanismo para “reconectar” la ciudad con el ciclo del agua, demandas reiteradas por Greenpeace ante danas e inundaciones ([enlace]).
  • Uso multifuncional de infraestructuras (parques inundables, riberas restauradas que funcionan como “esponjas urbanas”), presente en proyectos como “Urban Flow” de València ([enlace] y [enlace]).

3. Infraestructura verde y lucha contra el calor

Las organizaciones ambientales y las administraciones españolas coinciden en que una de las claves frente a olas de calor y desertificación urbana es “renaturalizar” las ciudades:

  • Incremento de arbolado y zonas verdes para reducir el efecto isla de calor y mejorar el confort térmico, tal como defiende Greenpeace en su análisis sobre olas de calor y ciudades ([enlace]) y SEO/BirdLife en su campaña “Más olas de calor, más naturaleza en las ciudades” ([enlace]).
  • Soluciones basadas en la naturaleza (jardines verticales, cubiertas verdes, calles verdes con especies autóctonas), promovidas por la Xunta de Galicia para los municipios ([enlace] y [enlace]) y por proyectos LIFE descritos por CINEA ([enlace] y [enlace]).
  • Creación de refugios climáticos en espacios públicos y equipamientos (parques sombreados, edificios climatizados de acceso público), medida prioritaria en los informes de Greenpeace sobre ciudades y calor ([enlace]).

4. Regulación del consumo y gobernanza del agua

En España el debate político sobre el agua, recogido de forma sistemática por el periódico Demócrata, gira en torno a cómo conciliar seguridad hídrica, actividad económica y protección ambiental. Se discuten modelos basados en grandes infraestructuras de trasvase (defendidos, por ejemplo, por Vox en [enlace] o en su plan de desregulación, [enlace]) frente a enfoques más centrados en la eficiencia, la reutilización y el principio de “quien contamina paga” (defendidos por el sector del agua urbano en [enlace]).

Este tipo de discusión regulatoria —cómo se reparte el coste de la depuración avanzada, qué prioridad se da a usos urbanos frente a industriales o agrícolas, qué límites se fijan al desarrollo urbano en territorios con estrés hídrico— es plenamente trasladable a ciudades estadounidenses del desierto, aunque las fuentes analizadas no detallan sus decisiones concretas.

5. Limitaciones de la información disponible

No se dispone en las fuentes consultadas de información específica sobre las medidas de adaptación adoptadas por Phoenix, Tucson, Las Vegas, Los Ángeles o Albuquerque. Mi campo principal es la política y regulación española, y en este caso sólo puedo ofrecer, como referencia, el abanico de instrumentos que se está utilizando en España y la UE para afrontar problemas muy similares de calor extremo, escasez de agua y riesgo de desertificación urbana.

Otros enlaces citados en la investigación que profundizan en adaptación urbana y gestión del agua (aunque centrados en Europa y España) son: [enlace], [enlace], [enlace], [enlace], [enlace], [enlace] y [enlace].

¿Qué ejemplos concretos de ciudades españolas semiáridas están aplicando estas mismas medidas de adaptación urbana? ¿Qué propuestas legislativas hay ahora mismo en España sobre reutilización de aguas residuales urbanas y quién se opone a ellas? ¿Cómo se está articulando el pacto de Estado frente a la emergencia climática que menciona el Gobierno y qué peso tiene la adaptación urbana en ese debate?

Jolastu

Probatu dakizuna FRENekin!

Zenbat dakizu gai honi buruz? Erantzun honako hau 3 galderak.

¿Qué señala el estudio de Open Earth Monitor Cyberinfrastructure sobre el futuro climático de diez ciudades de Estados Unidos?

Galdetu 1 de 3

¿Qué método principal utilizó la investigación para realizar sus proyecciones climáticas?

Galdetu 2 de 3

¿Qué consecuencias menciona el estudio para las ciudades que podrían convertirse en desiertos?

Galdetu 3 de 3

Kaixo, Fren naiz. Nola laguntzen dizut?