Europa está buscando cómo conseguir que su modelo sea más flexible con el crecimiento industrial y la competitividad global, a la vez que se mantiene vigilante con la innovación y el poder de las plataformas. En este camino, se ha embarcado en el proceso de reformar las normas que han regido la competencia comunitaria en las últimas dos décadas. Este jueves, la Comisión Europea ha hecho público el borrador que se someterá a audiencia pública sobre las nuevas directrices para evitar que los consumidores salgan perjudicados a largo plazo.
En materia de competencia, la Comisión mantiene la exclusividad a la hora de revisar aquellas fusiones que, por su naturaleza, tengan una “dimensión europea”. Los servicios comunitarios tratan así de dirimir si las operaciones provocarán un obstáculo significativo a la competencia, especialmente si crean o refuerzan una posición dominante. Ahora, Bruselas ha introducido lo que denominan “una visión más equilibrada”.
Lo cierto es que el gabinete de la presidenta comunitaria, Ursula von der Leyen, pudo haber llegado a presionar para introducir nuevas flexibilidades en los controles de estas operaciones bajo la justificación de la “resiliencia”. Este jueves, la alemana ha defendido la propuesta como un “enfoque ambicioso que nos permitirá afrontar la realidad de la economía global, altamente competitiva”.
Una adaptación a un entorno económico más complejo
Para Teresa Ribera, esta actualización supone una adaptación a un mundo más complejo con el objetivo de apoyar la “prosperidad a largo plazo de Europa”. “Esto nos ayuda a apoyar operaciones que fortalecen nuestro Mercado Único, permiten a las empresas innovadoras crecer y refuerzan la posición de Europa”, ha expresado en un comunicado distribuido tras la publicación de las nuevas normas.
El Ejecutivo comunitario verá con buenos ojos las fusiones que permitan a las empresas europeas ganar escala para competir globalmente, siempre que mantengan la competencia interna. De este modo, se pone el peso y la importancia en factores como la seguridad del suministro, la autonomía tecnológica y las cadenas de valor críticas ante choques geopolíticos.

Nuevos criterios para evaluar riesgos en las fusiones
Para poder prohibir una operación, la Comisión deberá demostrar que es probable que cause un daño a la competencia. El borrador que ahora se someterá a nuevas consultas establece nuevos tipos de riesgos.
Por ejemplo, la pérdida de competencia directa se considerará cuando dos empresas que compiten “frente a frente” se unan. En estos casos se analizará la cercanía entre ellas: cuanto más se parezcan sus productos, mayor será el riesgo.
La pérdida de la innovación es uno de los puntos más detallados en los documentos internos del Ejecutivo comunitario. Se vigilará si una fusión elimina el incentivo para investigar y desarrollar nuevos productos, incluyendo las conocidas como “killer acquisitions”, donde una gran empresa compra a una start-up únicamente para frenar su innovación. Asimismo, en fusiones verticales —como cuando un fabricante de chips compra a un fabricante de ordenadores— se teme que la empresa fusionada bloquee el acceso de sus rivales a componentes críticos o a clientes importantes.
También entrará en juego cómo las grandes plataformas digitales pueden usar su poder en un mercado para dominar otros mercados conectados, creando barreras de entrada difíciles de superar.
¿Cómo podrán las empresas defender sus operaciones?
Ahora bien, las compañías podrán defender su fusión argumentando que generará beneficios que compensarán los riesgos. Eso sí, a la Comisión no le vale cualquier promesa: estas eficiencias deben cumplir tres requisitos estrictos:
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Verificables: deben poder demostrarse con pruebas y datos precisos.
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Específicas de la fusión: deben ser beneficios que solo se pueden lograr con esa unión y no de otras formas menos dañinas para la competencia.
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Beneficiosas para el consumidor: el ahorro de costes o la mejora de calidad debe trasladarse a los clientes, no solo quedarse en los beneficios de la empresa.
El nuevo concepto de “escudo de innovación”
La nueva normativa introduce el concepto de “escudo de innovación”. Esto viene a significar que, en ciertos casos, la adquisición de empresas pequeñas e innovadoras no se considerará dañina si quedan suficientes competidores independientes investigando en el mismo campo.
Este punto busca equilibrar la protección de la competencia con la necesidad de fomentar el crecimiento empresarial en sectores emergentes, especialmente en aquellos vinculados a la tecnología y la digitalización.
Pese a que es Bruselas quien tiene la última palabra sobre la competencia comunitaria, los Estados miembros pueden intervenir para proteger sus propios intereses legítimos, siempre que sean proporcionales y no discriminatorios. Los intereses reconocidos van desde la seguridad pública hasta normas prudenciales como la estabilidad del sistema bancario, pasando por la pluralidad de los medios de comunicación.
Más herramientas para analizar el mercado
Las nuevas directrices dan poder a la Comisión para que utilice cualquier tipo de evidencia, desde documentos internos de las empresas y correos electrónicos hasta complejos modelos matemáticos y algoritmos de inteligencia artificial para predecir precios futuros. Lo más importante para el Ejecutivo es la “credibilidad” de la prueba, ya sea técnica o cualitativa.
En esta línea, los servicios técnicos del Ejecutivo reconocen que este tipo de tecnologías avanzadas permite tanto a las empresas como a la propia Comisión tener una visión mucho más clara de lo que sucede en el mercado. El borrador conocido este jueves destaca que la dependencia de grandes conjuntos de datos, la inteligencia artificial y las tecnologías de aprendizaje automático mejoran la capacidad de las empresas para monitorear el mercado.
Este tipo de herramientas están encaminadas a pronosticar los precios y las estrategias de las firmas, lo que aumenta la “observabilidad del mercado”. Sin embargo, se prestará especial atención a los casos en los que las empresas utilizan proveedores externos comunes para la toma de decisiones de precios mediante algoritmos, ya que esto podría facilitar la coordinación tácita entre competidores.
Un sistema que rara vez bloquea fusiones
Durante la última década, más del 99% de las decisiones de la Comisión sobre fusiones fueron autorizaciones, de las cuales el 95% fueron autorizaciones incondicionales. A lo largo del proceso de elaboración del actual borrador, el Ejecutivo ha impulsado diversas iniciativas de participación “para fomentar el debate sobre los temas clave de la revisión y recabar la opinión de las distintas partes interesadas pertinentes”.
Fuentes comunitarias afirman que “las aportaciones recibidas durante estas y otras iniciativas de participación se han incorporado a la redacción del nuevo borrador de las Directrices sobre Fusiones”. Además, se ha encargado un estudio económico sobre los efectos dinámicos de las fusiones que también servirá de base para el proceso de revisión. Con este paso, Bruselas abre una nueva etapa en la política de competencia europea, marcada por la búsqueda de un equilibrio entre la defensa del consumidor, el impulso a la innovación y la necesidad de competir en un escenario global cada vez más exigente.