Bruselas es consciente de que la batalla por reducir sus vulnerabilidades estratégicas en el contexto geopolítico actual pasa, en gran medida, por ser capaz de desarrollar y controlar sus propias capacidades tecnológicas. O, dicho de otro modo, por poner fin a una dependencia crítica de proveedores estadounidenses y asiáticos en sectores digitales considerados esenciales para la competitividad económica, la seguridad y la autonomía política del continente.
Con este propósito, está previsto que la Comisión Europea presente el próximo miércoles un amplio Paquete de Soberanía Tecnológica, una iniciativa destinada a fortalecer la capacidad industrial autónoma de la Unión y a consolidar una infraestructura digital europea capaz de competir con los gigantes tecnológicos de Estados Unidos y China. Los servicios comunitarios llevan meses trabajando en una estrategia que se fundamentará principalmente en una futura Ley de Chips 2.0, una nueva Ley para el Desarrollo de la Nube y la Inteligencia Artificial y una Estrategia Europea de Código Abierto, con la intención de liderar el desarrollo de infraestructuras de computación, nube e inteligencia artificial dentro del territorio comunitario.
Según ha podido saber Demócrata, lo que se está estudiando es desplegar un enfoque integral de ecosistema que combine medidas destinadas a estimular la demanda con una movilización masiva de inversiones públicas y privadas. En el gabinete de la vicepresidenta ejecutiva para Soberanía Tecnológica, Seguridad y Democracia, Henna Virkkunen, aspiran además a consolidar una auténtica pila tecnológica europea, capaz de garantizar tanto la competitividad económica como la resiliencia geopolítica del bloque frente a Washington y Pekín.
La nueva apuesta comunitaria supone, en la práctica, un cambio de paradigma. Bruselas busca abandonar una posición meramente reactiva centrada en la resiliencia para adoptar una estrategia más asertiva orientada al control de las tecnologías críticas que determinarán el equilibrio económico y político de las próximas décadas.
Del hardware al software: una estrategia de ecosistema
Los borradores consultados apuntan a que el paquete se articulará a través de cuatro iniciativas interconectadas que cubrirán toda la cadena de valor digital, desde los semiconductores y los centros de datos hasta el software y la energía.
En primer lugar, el futuro Reglamento de Chips 2.0 ampliará el alcance de la primera Ley Europea de Chips con el objetivo de reforzar el ecosistema continental de semiconductores. La principal novedad será la incorporación de mecanismos destinados a estimular la demanda interna de componentes fabricados dentro de la Unión, corrigiendo una de las principales debilidades detectadas en la legislación actualmente vigente.
Por su parte, la futura Ley para el Desarrollo de la Nube y la Inteligencia Artificial buscará desbloquear el potencial de la industria europea de la nube y de la IA mediante la reducción de la dependencia de proveedores extracomunitarios y el establecimiento de estándares tecnológicos alineados con los intereses regulatorios europeos. A ello se sumará una Estrategia de Ecosistemas Digitales Abiertos, concebida para impulsar el uso del software de código abierto en toda la infraestructura tecnológica europea, especialmente dentro de las administraciones públicas y de las instituciones comunitarias.
Entre los objetivos que maneja la Comisión figura alcanzar al menos 30 millones de usuarios activos para 2030 en herramientas europeas de colaboración digital, mensajería instantánea y correo electrónico seguro.

Para garantizar la sostenibilidad de esta transición, Bruselas contempla la creación de una Organización Europea para la Custodia de Infraestructuras Digitales Públicas, encargada de asegurar el mantenimiento a largo plazo de estos activos tecnológicos estratégicos.
Paralelamente, se prevé el lanzamiento de un Instrumento Europeo de Mantenimiento de Código Abierto, que proporcionará apoyo financiero estable y capacidad técnica para mantener proyectos críticos, así como para desarrollar bifurcaciones independientes cuando existan riesgos de dependencia tecnológica o vulnerabilidades de seguridad.
La nube soberana como prioridad estratégica
Uno de los pilares más ambiciosos del paquete será la denominada Cloud and AI Development Act (CADA), una regulación diseñada para blindar la producción, el almacenamiento y el procesamiento de datos estratégicos dentro de la Unión Europea. La propuesta contempla un marco destinado a triplicar la capacidad europea de centros de datos durante los próximos cinco años, sentando las bases necesarias para alcanzar las necesidades de computación previstas para 2035.
Para acelerar este proceso, Bruselas prevé la creación de “Zonas de Aceleración de Centros de Datos”, espacios en los que los operadores podrán acceder de manera simplificada a suelo industrial, suministro energético fiable y diferentes instrumentos de financiación europea.

La normativa establecerá además cuatro niveles de servicios de nube soberana, diferenciados en función del grado de control europeo sobre la infraestructura, la cadena de suministro, el tratamiento de datos, la inferencia de modelos de inteligencia artificial y los estándares de ciberseguridad.
Los Estados miembros estarán obligados a realizar evaluaciones periódicas de riesgo de soberanía tecnológica para determinar qué nivel de nube resulta necesario en cada uno de los servicios prestados por sus administraciones públicas. En la práctica, el objetivo consiste en evitar que funciones críticas del sector público europeo dependan de infraestructuras sujetas a legislaciones extranjeras o a decisiones de gobiernos terceros.
Chips 2.0: de la oferta a la demanda
Donde se aprecia con mayor claridad el cambio de visión de la Comisión es en la futura revisión de la legislación sobre semiconductores. Mientras que la primera Ley Europea de Chips estuvo centrada fundamentalmente en incrementar la capacidad productiva instalada en territorio comunitario, la versión 2.0 incorpora una dimensión mucho más orientada a la demanda.
Los responsables comunitarios consideran que aumentar la producción resulta insuficiente si posteriormente las industrias europeas continúan adquiriendo componentes procedentes de mercados externos. Por ello, Bruselas estudia la puesta en marcha de acuerdos de compra preferente, plataformas de contratación conjunta y un Foro Europeo de Demanda de Semiconductores que conecte directamente a fabricantes europeos con usuarios industriales estratégicos.
La Comisión pretende así generar un mercado doméstico capaz de sostener económicamente las nuevas inversiones productivas que se han anunciado durante los últimos años. Uno de los proyectos más emblemáticos contemplados en los documentos preparatorios es la creación de una fundición abierta europea de última generación, capaz de fabricar chips avanzados de tres nanómetros o menos.

Según las previsiones manejadas por las instituciones comunitarias, esta infraestructura podría entrar en funcionamiento entre 2030 y 2033 y constituiría uno de los pilares industriales más relevantes de la estrategia tecnológica europea. Asimismo, los proyectos considerados estratégicos dentro del ámbito de los semiconductores podrán beneficiarse de procedimientos acelerados de autorización ambiental y de mecanismos de concesión rápida de permisos administrativos.
Energía, inteligencia artificial y centros de datos
El paquete se completará con una Hoja de Ruta Estratégica para la Digitalización y la Inteligencia Artificial en el sector energético, acompañada de una regulación delegada destinada a garantizar la sostenibilidad ambiental de los centros de datos.
La Comisión pretende establecer criterios homogéneos para medir el impacto climático de estas infraestructuras y evitar prácticas de greenwashing dentro de un sector cuyo consumo energético aumentará significativamente durante los próximos años. El desarrollo de la inteligencia artificial generativa constituye uno de los principales factores que explican la creciente demanda de capacidad de computación y, por tanto, de centros de datos de gran escala.
En este contexto, Bruselas también pretende reforzar las denominadas AI Gigafactories (AIGFs), instalaciones de computación industrial equivalentes a aproximadamente 75.000 aceleradores avanzados de inteligencia artificial. Estas infraestructuras permitirían que los datos estratégicos europeos y los modelos propietarios desarrollados dentro de la Unión permanecieran bajo jurisdicción comunitaria y sujetos exclusivamente a la supervisión de las autoridades europeas.
Reducir una dependencia que supera el 80 %
La dimensión económica del problema es uno de los principales argumentos empleados por la Comisión para justificar esta nueva ofensiva regulatoria. Europa gasta actualmente alrededor de 246.000 millones de euros anuales en productos de software propietarios, gran parte de ellos desarrollados por empresas estadounidenses.
Para revertir esta situación, propone priorizar el uso de soluciones de código abierto en las administraciones públicas, fomentar alternativas europeas en sectores estratégicos y reducir progresivamente la dependencia de proveedores externos.Entre las áreas identificadas como especialmente sensibles figuran los sistemas operativos, las herramientas de diseño electrónico utilizadas en la fabricación de chips, las plataformas de nube empresarial y los modelos fundacionales de inteligencia artificial.

Desde la Comisión Europea insisten en trasladar la idea de que todo el paquete está concebido con un enfoque centrado en el ciudadano, garantizando que la digitalización contribuya simultáneamente a la descarbonización de la economía y al respeto de los derechos fundamentales, la privacidad y la protección de datos. Sin embargo, más allá de estos objetivos normativos, la iniciativa refleja una ambición geopolítica mucho más amplia. Bruselas busca reducir una dependencia estructural que en determinados segmentos tecnológicos supera actualmente el 80 % y construir una base industrial propia capaz de sostener el crecimiento económico europeo durante las próximas décadas.
La aspiración última es que la Unión Europea pueda seguir siendo un socio global abierto al comercio y a la cooperación internacional, pero al mismo tiempo disponga de los instrumentos tecnológicos necesarios para actuar de forma autónoma cuando sus intereses estratégicos así lo requieran. En un contexto marcado por la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, la Comisión considera que la soberanía digital ha dejado de ser una cuestión industrial para convertirse en un elemento central de la seguridad económica y geopolítica del proyecto europeo.