Facultativos médicos han reclamado la puesta en marcha de una mesa sectorial autonómica específica, al considerar que “la sobrecarga de la profesión médica en la sanidad pública vasca necesita un profundo cambio estructural”, imprescindible para el “mantenimiento y supervivencia” de Osakidetza.
Esta demanda ha sido planteada este lunes por representantes de la Plataforma de Médicos de la CAE y de la asociación MUD (Médicos Unidos por sus Derechos) durante su comparecencia en la comisión de Salud del Parlamento Vasco, donde han detallado las condiciones laborales que soporta el personal médico de Atención Primaria y Hospitalaria en Euskadi.
Los profesionales han pedido una normativa propia en Euskadi que blinde, a largo plazo, las condiciones laborales de la profesión médica, “independientemente de las diatribas políticas de los próximos gobiernos estatales”. A su juicio, las prioridades sanitarias en la Comunidad Autónoma Vasca “no las pueden marcar intereses económicos o ideologías”, sino que “deben fijarlas la razón y la 'lex artis'.
Los portavoces de los facultativos han expuesto los motivos de su oposición al Estatuto Marco estatal. Entre otros aspectos, han remarcado que no incluye “ni una palabra a limitar la jornada ordinaria de 35 horas semanales a los profesionales médicos, como sí ocurre con el resto de la sociedad”.
Han denunciado que este nuevo marco regulador “perpetúa el concepto obsoleto de jornada complementaria, que solo se aplica al colectivo médico con jornadas de hasta 24 horas diarias u 80 semanales”, y que introduce “una pésima modificación de la clasificación profesional respecto al anterior Estatuto Marco”.
También han criticado que la ausencia de límites hace que el tiempo docente de los profesores universitarios, ya sea en consulta, telefónica, a pie de cama, en quirófano o en la realización de procedimientos diagnósticos programados, “acorta los tiempos entre uno y otro paciente y relega la mejora del conocimiento científico mediante la investigación y docencia al tiempo libre de profesional”.
En esta línea, han subrayado que las exigencias formativas obligatorias para ejercer en la sanidad pública y el máximo nivel de responsabilidad en los procesos asistenciales conducen a un nivel clasificatorio que “no tiene crecimiento posible y que queda igualado a otras profesiones con menor exigencia formativa”.
Asimismo, han advertido de que la nueva normativa estatal dejará a parte del colectivo médico “sin una limitación del tiempo asistencial, sin la eliminación de la complementaria y sin el reconocimiento a su formación y a su responsabilidad”, de modo que “un tercio de la profesión sanitaria va a seguir con la misma situación”.
“Si el Estatuto Marco actual, vigente desde 2003, nos había llevado a una situación de sobrecarga y desgaste a la profesión, el nuevo sigue sin limitar el tiempo asistencial, presenta un anexo específico para esta profesión que perpetúa horas continuadas de trabajo sin remuneración ni descansos adecuados, no reconoce el grado de responsabilidad y desvirtúa el proceso clínico asistencial”, han manifestado.
“Agenda chicle” y guardias maratonianas
Los representantes de los médicos vascos han denunciado la “sobrecarga” de trabajo derivada de “atender a más pacientes de los que están estipulados en agenda” y que “sufren diariamente los especialistas que trabajan en Atención Primaria, servicios de Urgencia y muchas consultas hospitalarias”.
Han bautizado esta situación como “agenda chicle”, a la que se suma “el colapso de las urgencias”, que desemboca en “tiempos de trabajo convertidos en guardias maratonianas sin descanso, ni retribución adecuada”.
“Lo llamamos agenda chicle, ya que la agenda se va estirando sin ninguna medida de contención, ni visto bueno del profesional. Donde a las 16.00 de la tarde siguen quedando 34 pacientes por ver y, al mismo ritmo que los vas atendiendo, nuevos solicitan ser atendidos y se citan de nuevo en la agenda hasta que el reloj llega a las 20.00 horas”, han añadido.
Han detallado que la remuneración de las guardias varía según servicios, especialidades, centros y OSIS, pero, en todos los casos, se trata de “unas horas extra a la ordinaria, a tiempo completo, no parcial, infrarremuneradas en relación a la jornada ordinaria y no entran en el cómputo de horas para la jubilación”, aunque “sí que afectan negativamente al IRPF”.
Además, han recordado que “son jornadas obligatorias hasta los 55 años, programadas anualmente y autocubiertas por las propias plantillas” con turnos de 17 horas en días laborables y de 24 horas en fines de semana o festivos, lo que “imposibilita la conciliación familiar en semanas enteras de guardia localizada”.
Según han explicado, “en ninguna de las dos modalidades se tiene en cuenta la nocturnidad, ni como factor de riesgo para el paciente y facultativo, ni como complemento remunerativo”. Este tipo de jornada complementaria, exclusiva del personal médico, implica una ampliación anual del horario laboral de entre un 26 y un 43% respecto a otros trabajadores hospitalarios, generando “un déficit significativo en el descanso proporcional”.
Los comparecientes han cuestionado que esta “ingente cantidad de horas”, que sitúan entre 550 y 820 anuales y por las que “sí que han cotizado, no computan para la jubilación”, y han censurado que “la Administración no contempla la posibilidad de una jubilación anticipada para los médicos, a pesar del perjuicio que suponen estas jornadas para su salud mental”, entre otros problemas.
Han descrito, además, jornadas “maratonianas” en Atención Primaria con unas 34 citas iniciales, a las que se añaden consultas extraordinarias, desplazamientos, tareas pendientes, interconsultas, elaboración de informes, revisión de imágenes, respuesta a interconsultas, ingresos y altas hospitalarias, actualización de tratamientos, coordinación con enfermería y la preparación de la consulta del día siguiente.
Impacto en la salud mental y abandono de especialidades
Los médicos han señalado que, año tras año, la actividad asistencial crece un 6%, mientras que la plantilla médica y de otras licenciaturas solo aumenta un 3,70%, al tiempo que se reducen las listas de espera. “Tenemos más actividad, un aumento menor que el porcentaje de actividad que se supera en medicina y otras licenciaturas y bajan las listas de espera a costa de mucha angustia y una excesiva carga que afecta directamente a nuestra salud mental”, han denunciado.
Han recordado que, en 2024, un total de 1.356 médicas residentes abandonaron la especialidad elegida tras el grado y el examen correspondiente, y que el 45% de esos abandonos se produjo en Medicina Familiar y Comunitaria, la especialidad con “mayor tasa de abandono tiene una vez terminada la formación especializada”, junto con Pediatría, Ginecología, Cirugía Plástica y Dermatología, las que “mayor fuga de facultativos padece rumbo a la medicina privada”.
También han expuesto que la psicopatología afecta al 45% de los facultativos, que “cumplen criterios de trastorno ansioso-depresivo”, frente al 11% en la población general. Además, “el 16% de los facultativos que realiza guardias hospitalarias han tenido ideación suicida habiéndolo consumado en un porcentaje que duplica el de la población general, mostrando que es la profesión de nuestro entorno con la mayor tasa de este trágico y silencioso problema de salud pública”.
Por último, han recalcado que los jóvenes médicos “no se van por falta de vocación, sino por un instinto de supervivencia profesional”, ya que, ante una carencia de médicos “estructural, crónica y permanente, se parchean las necesidades, incrementan horas extra y el volumen minuto de pacientes”, lo que lleva a “ofrecer labores médicas a otros profesionales o externalizar la actividad a la medicina privada”.