Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea mantienen como meta cerrar antes de que termine el año un acuerdo sobre el próximo presupuesto comunitario para el periodo 2028-2034. La cumbre informal celebrada en Nicosia ha puesto de manifiesto, no obstante, las profundas discrepancias entre capitales, con Alemania y Países Bajos rechazando tajantemente una subida del marco financiero propuesto por Bruselas, posición opuesta a la de socios como España.
El primer ministro de Países Bajos, Rob Jetten, ha calificado al término de la reunión las cifras planteadas por la Comisión Europea como “absolutamente inaceptables” para su Ejecutivo, tanto por la dimensión del presupuesto post 2027 y las aportaciones nacionales, como por no ofrecer un marco financiero plurianual (MFF, por sus siglas en inglés) “modernizado” que actualice las prioridades del bloque para los próximos años.
En sus declaraciones a la prensa en Nicosia, Jetten ha advertido además de que tampoco comparte la arquitectura de la propuesta en materia de recursos propios porque, ha señalado, en lugar de optar por fórmulas “inteligentes” para reforzar la competitividad de la Unión, algunas de las ideas sobre la mesa “de hecho dañarían la competitividad”.
Junto al dirigente neerlandés, el canciller alemán, Friedrich Merz, se ha mostrado igual de contundente a su llegada a la cita, cerrando la puerta a cualquier incremento del presupuesto más allá de lo que ya figura en la propuesta comunitaria, como reclaman otros Estados miembros, entre ellos España.
“Europa debe, con el dinero que tenemos, salir adelante. Eso significa que tenemos nuevas prioridades”, ha manifestado Merz ante los medios en la capital chipriota, a su llegada al segundo día del Consejo Europeo informal en el que los líderes han mantenido su primer intercambio político sobre el MFF 2028-2034 desde que Bruselas presentara su plan el pasado verano.
En este marco, Merz ha explicado que ya ha trasladado al resto de jefes de Estado y de Gobierno la urgencia de “sentar nuevas prioridades”, avisando al mismo tiempo de que ello “significa que habrá que recortar en otras partidas”.
El dirigente alemán ha subrayado igualmente que Berlín no contempla asumir más deuda ni recurrir a eurobonos para engordar el presupuesto plurianual, una cautela que, según Merz, “muchos colegas comparten”. “Europa tiene que arreglárselas con el dinero que tenemos y eso significa fijar nuevas prioridades”, ha insistido.
La postura de los países más frugales choca con la mayor ambición defendida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien, de acuerdo con un comunicado de Moncloa, ha reclamado un presupuesto que permita responder “en coherencia con las prioridades estratégicas de la Unión, como la competitividad, la innovación, la transición ecológica y digital, así como la seguridad”.
Cifras en junio para intentar un acuerdo en diciembre
El debate que debía haberse abordado en el Consejo Europeo de marzo se pospuso, de modo que esta cumbre ha supuesto el primer intercambio en profundidad de los Veintisiete al máximo nivel sobre la propuesta de Bruselas. El plan fija un techo de gasto del 1,26% y países como España reclaman ir más allá y situarlo al menos en el 2%.
La reunión ha concluido con el compromiso del presidente de Chipre y titular de la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, Nikos Christodoulides, de presentar en la cumbre formal de junio una contrapropuesta de los Veintisiete con cifras detalladas frente al diseño inicial de la Comisión.
El objetivo, ha explicado Christodoulides, sigue siendo que las capitales alcancen un acuerdo antes de que termine el año para asegurar que el nuevo marco esté operativo en 2028. Tanto Costa como Von der Leyen han remarcado la importancia de disponer de recursos suficientes para atender las nuevas prioridades.
En esta primera discusión sobre el presupuesto al máximo nivel político desde la presentación de las cuentas por parte de Bruselas, los líderes han mantenido un intercambio “abierto” en el que una mayoría de delegaciones ha coincidido en la “necesidad de contar con nuevos recursos propios”, según han indicado fuentes europeas.
Sin embargo, las capitales se han mostrado mucho más divididas en torno al volumen global que debe tener el presupuesto comunitario para el próximo periodo, con un bloque que apuesta por incrementarlo para responder a las nuevas ambiciones de la Unión y otro que no solo rechaza cualquier aumento, sino que aboga por recortes.