El rey Carlos III de Inglaterra ha reivindicado el vínculo "inquebrantable" que, a su juicio, une a Reino Unido y Estados Unidos, durante un discurso ante las dos cámaras del Congreso estadounidense. Aunque ha admitido la existencia de "diferencias" y "desacuerdos" entre Londres y Washington, ha subrayado la solidez de la relación bilateral, ilustrándola con el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York, tras el cual la OTAN activó el artículo 5.
"Respondimos juntos, como lo ha hecho nuestro pueblo durante más de un siglo, hombro con hombro, a través de dos guerras mundiales, la Guerra Fría, Afganistán y momentos que han definido nuestra seguridad compartida", ha remarcado al recordar el ataque terrorista y el artículo de la Alianza Atlántica, que establece la obligación de los Estados miembros de acudir en defensa de un aliado agredido.
En esta misma línea, el monarca ha subrayado que "el compromiso y la experiencia de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y sus aliados son la base de la OTAN, comprometidos con la defensa mutua, la protección de (sus) ciudadanos e intereses, y la seguridad de los norteamericanos y europeos frente a (los) adversarios comunes".
Carlos III ha advertido de que los desafíos actuales, entre ellos la guerra de Ucrania o el "desastroso deshielo" del Ártico, exigen la misma "determinación inquebrantable" demostrada en el pasado. "Los desafíos a los que nos enfrentamos son demasiado grandes para que una sola nación pueda afrontarlos en solitario. En este entorno impredecible, nuestra alianza no puede dormirse en los laureles ni dar por sentado que los principios fundamentales perdurarán sin más", ha afirmado, reclamando una implicación sostenida.
El soberano ha recalcado que el vínculo entre ambos países trasciende lo meramente estratégico y se apoya en 250 años de valores compartidos. Ha definido la relación entre Londres y Washington como "verdaderamente única" y ha asegurado que la cooperación es "más importante hoy que nunca" en un mundo que vive "una era que, en muchos sentidos, es más volátil y más peligrosa" que la descrita por su madre, Isabel II, cuando intervino ante el Congreso estadounidense en 1991.
No obstante, ha admitido la existencia de "diferencias y desacuerdos" a ambos lados del Atlántico, en un contexto marcado por las tensiones entre Donald Trump y el primer ministro británico, Keir Starmer, a raíz del apoyo limitado de Reino Unido a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán iniciada el pasado 28 de febrero.
"Rezo con todo mi corazón para que nuestra alianza continúe defendiendo nuestros valores compartidos, con nuestros socios en Europa y la Commonwealth, y en todo el mundo, y que ignoremos los llamamientos a adoptar una postura cada vez más ensimismada", ha manifestado, antes de aludir a Starmer al señalar que: "no debemos ignorar todo lo que nos ha sostenido durante los últimos 80 años. Al contrario, debemos construir sobre ello".
El rey ha subrayado igualmente que "las palabras de Estados Unidos tienen peso y significado, como lo han tenido desde (su) independencia" y ha rememorado que "el poder ejecutivo está sujeto a controles y equilibrios", una referencia que ha sido recibida con una ovación y prolongados aplausos de los congresistas, que se han puesto en pie.
En la parte final de su intervención, de unos treinta minutos, ha cerrado su mensaje apelando a la trayectoria compartida entre ambas naciones, a la que ha calificado como "una historia de reconciliación, renovación y una asociación extraordinaria".