La llegada en las últimas horas del portaaviones “George H.W. Bush” a la agrupación naval de Estados Unidos en Oriente Próximo supone una situación inédita en más de dos décadas, comparable únicamente al momento álgido de las guerras de Irak y Afganistán en 2003, tal y como ha subrayado el Mando Central del Ejército estadounidense (CENTCOM).
El “George H.W. Bush” opera ya dentro del área de responsabilidad del CENTCOM después de zarpar el pasado 31 de marzo desde la base naval de Norfolk, en Virginia, y completar una larga travesía que le ha llevado a cruzar el canal de Mozambique, en el extremo sur de África, hasta adentrarse en el océano Índico.
Este portaaviones se integra ahora con el “Abraham Lincoln” y con el buque insignia de la Marina de Estados Unidos, el “Gerald R. Ford”, reforzando así el bloqueo ordenado por el presidente estadounidense, Donald Trump, alrededor del estratégico estrecho de Ormuz, actualmente bajo control de Irán.
Los tres portaaviones se enmarcan en un dispositivo naval que suma una docena de unidades de combate, entre ellas los destructores “Spruance”, “Michael Murphy”, “Donald Cook”, “Mahan”, “Winston S. Churchill”, “Frank E. Petersen”, “Mason”, “Ross” y “Bainbridge”.
Con este despliegue, Washington concentra en la región más de 200 aeronaves —incluidos cazas F-18 y F-35, helicópteros MH-60 y aviones de aerotransporte CNM-22B Osprey— y un contingente de 15.000 marineros e infantes de marina, con el objetivo de mantener un cierre perimetral que hasta ahora ha bloqueado el tránsito de más de una treintena de buques de carga.
En paralelo, la presencia militar estadounidense en la zona ha permitido la incautación de dos petroleros vinculados a Irán, uno de ellos interceptado en aguas del océano Índico.