El presidente de Taiwán, Lai Ching Te, ha subrayado este miércoles que el destino político de la isla, que Pekín reclama como una provincia bajo su soberanía, “no será decidido por fuerzas externas” ni estará “condicionado por el miedo o la división”. Sus declaraciones se producen en un contexto de creciente tensión con China.
El mandatario ha lanzado este mensaje con motivo del segundo aniversario de su toma de posesión, durante un discurso en el palacio presidencial. Allí ha remarcado que la democracia taiwanesa descansa sobre “sacrificios” y “la dedicación de muchas generaciones”, y ha pedido a las formaciones políticas del país que actúen con “unidad” frente a las “amenazas” que afronta el territorio.
“El futuro de Taiwán no debe ser determinado por fuerzas externas ni secuestrado por el miedo, la división o los beneficios a corto plazo. El futuro de Taiwán debe ser decidido colectivamente por sus 23 millones de habitantes”, ha insistido, recalcando también la necesidad de “defender los intereses nacionales”.
En la misma intervención, Lai ha reiterado que la isla está “dispuesta a dialogar con China en condiciones de paridad y dignidad”, aunque ha rechazado de plano los “intentos de unificación disfrazados de intentos de establecer la paz”, de acuerdo con las informaciones difundidas por la agencia de noticias CNA.
El presidente ha planteado además nuevas partidas presupuestarias para sufragar la compra de sistemas de armamento de fabricación estadounidense, una iniciativa que se encuentra actualmente bajo examen en el Parlamento. “Debemos convertirnos en un país capaz de protegerse a sí mismo y de defender la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán”, ha señalado.
“Este es mi compromiso con el pueblo taiwanés, y Taiwán debe demostrar esta determinación ante la comunidad internacional”, ha apuntado, aludiendo a un territorio que la mayoría de su población percibe como una nación soberana.
No obstante, una parte importante de los ciudadanos se inclina por preservar el 'statu quo' en las relaciones a ambos lados del estrecho de Taiwán, lo que supone aparcar tanto la reunificación como una declaración formal de independencia.
Pekín, mientras tanto, ha reiterado su oposición frontal a Lai y a las “fuerzas secesionistas”, a las que califica de “agitadoras” y culpa de poner en riesgo la estabilidad regional.
Los lazos oficiales entre China y Taiwán quedaron rotos en 1949, cuando las tropas del Kuomintang fueron derrotadas en la guerra civil por el Partido Comunista y se refugiaron en el archipiélago. Los contactos se reanudaron únicamente en el ámbito económico y de forma informal a partir de la década de 1980.
El Kuomintang gobernó Taiwán durante cincuenta años como partido único hasta la apertura democrática de la isla, y mantiene como uno de sus objetivos centrales la unificación bajo la bandera china.