Trump vuelve a bromear con un tercer mandato al frente de los Estados Unidos

Donald Trump volvió a reunirse con la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca tres meses después del ataque que obligó a aplazar el evento. El presidente agradeció al Servicio Secreto su actuación aquella noche, defendió que las diferencias en Estados Unidos deben resolverse “con argumentos” y no “con balas”, pero aprovechó también la cena para cargar contra periodistas, medios, demócratas y figuras públicas

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump Europa Press/Contacto/Molly Riley/White House

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a comparecer ante la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca tres meses después del episodio que obligó a suspender la cita original.

El encuentro se celebró bajo fuertes medidas de seguridad tras lo que The Washington Post describió como “un aparente intento de asesinato” ocurrido el pasado 25 de abril en el hotel Washington Hilton.

Durante el acto, Trump reconoció públicamente la labor del Servicio Secreto por protegerlo aquella noche. El hombre acusado de disparar, Cole Allen, se ha declarado inocente del cargo de intento de magnicidio.

“La segunda vez siempre es mejor”

Trump abrió su intervención con uno de esos comentarios que mezcla broma, provocación y mensaje político. “Al igual que mi presidencia, la segunda vez siempre es mejor, y la tercera será aún mejor… Solo estoy bromeando”, dijo ante los asistentes.

La frase volvió a alimentar el debate sobre su insistencia en deslizar la idea de un tercer mandato, pese a que la Constitución de Estados Unidos limita la presidencia a dos mandatos. En el lenguaje de Trump, la broma rara vez es solo una broma. Suele funcionar como tanteo, desafío o guiño a su base política.

“El espectáculo debe continuar”

El presidente retomó también una frase que ya había utilizado tras el ataque: “El espectáculo debe continuar”.

Al entrar en el salón, lanzó su primera ironía contra los periodistas presentes: “Esta es la mayor reunión de personas con el síndrome de trastorno por Trump”.

El comentario marcó el tono de la noche. Trump alternó momentos de reconocimiento hacia la prensa con ataques directos a medios y reporteros a los que volvió a acusar de difundir “noticias falsas” contra su administración.

Un mensaje sobre la violencia política

En referencia a lo ocurrido en abril, Trump afirmó que en Estados Unidos las diferencias deben resolverse “no con balas, sino con argumentos”.

El presidente elogió también a varios miembros de su equipo, entre ellos Pete HegsethSteve Miller y Tom Holman, a quienes atribuyó “valentía” durante el incidente.

La escena tenía un valor simbólico evidente: un presidente que regresa ante la prensa después de un ataque, reivindica a sus servicios de seguridad y presenta su continuidad como una forma de resistencia política.

Ataques a periodistas, demócratas y celebridades

La cordialidad duró poco. Según Reuters, Trump lanzó después ataques personales contra periodistas como Don Lemon y Lawrence O’Donnell, contra políticos como Chris Christie y Adam Schiff, y contra celebridades como Bruce Springsteen y Jane Fonda.

También cargó contra el gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, y contra el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer.

La intervención volvió a mostrar el estilo habitual del presidente: una mezcla de humor agresivo, ajuste de cuentas y confrontación directa con sus adversarios políticos y mediáticos.

La tensión con la prensa

La cena llegó en un momento de fuerte tensión entre la Casa Blanca y los medios de comunicación. Organizaciones defensoras de la libertad de prensa han criticado a la Administración Trump por sus demandas contra medios, las restricciones de acceso a determinados periodistas y las amenazas de medidas contra emisoras.

Trump pareció responder a esas críticas con un reconocimiento parcial: “Hay muchas personas que me agradan. Algunas no me gustan en absoluto, pero respeto a la mayoría. Debo decir que hacen un trabajo excelente, un trabajo increíble, y es un honor”. El mensaje, sin embargo, quedó rodeado de reproches, burlas y ataques personales.

Una gala más pequeña y con más seguridad

La cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca se celebra desde hace más de un siglo, pero esta edición tuvo un formato más contenido.

El evento se trasladó al Waldorf Astoria, un hotel que en otro tiempo formó parte del imperio empresarial de Trump, y se desarrolló con una convocatoria más reducida de lo previsto.

El cambio de sede, el refuerzo de la seguridad y el recuerdo del ataque de abril marcaron una noche menos festiva y más política que en otras ediciones.

Premios por las investigaciones sobre Epstein

Antes de la intervención de Trump fueron premiados varios periodistas por sus investigaciones sobre los vínculos entre el presidente y el financiero Jeffrey Epstein.

Entre los reconocidos figuró el equipo de The Wall Street Journal, que había publicado revelaciones sobre esa relación.

La elección de esos premios añadió otra capa de tensión a la noche: Trump habló ante una sala que acababa de distinguir trabajos periodísticos incómodos para su entorno político.

La defensa del periodismo

La presidenta saliente de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Weijia Jiang, reivindicó el papel del periodismo en una sociedad democrática.

“No importa cuán complicada o tensa sea la relación entre la prensa y la presidencia, lo que compartimos es mucho más importante que cualquier otra cosa y eso es nuestro deber: servir al pueblo estadounidense”, afirmó.

Su mensaje contrastó con el tono combativo de Trump, pero también resumió el sentido histórico de la gala: recordar que la relación entre el poder y la prensa puede ser incómoda, pero no prescindible.

Una noche entre el homenaje y la confrontación

La reaparición de Trump ante los corresponsales dejó dos imágenes simultáneas.

Por un lado, la de un presidente que agradece al Servicio Secreto su actuación tras un ataque y defiende que la política no debe resolverse con violencia. Por otro, la de un líder que vuelve a utilizar el escenario institucional para ridiculizar a periodistas, atacar a rivales y deslizar mensajes que tensionan los límites constitucionales.

La cena debía cerrar una herida abierta en abril. Terminó mostrando que, en la relación entre Trump y la prensa, la confrontación sigue siendo parte central del espectáculo.

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