La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de prolongar sin fecha límite el alto el fuego en la guerra con Irán abre una nueva etapa del conflicto, en un contexto en el que las conversaciones con Teherán continúan sin despegar y tanto la crisis en el estrecho de Ormuz como la cuestión nuclear siguen sin una solución viable sobre la mesa.
Cuando se cumplen casi dos meses del inicio de la ofensiva estadounidense contra la República Islámica, Trump vuelve a modificar su hoja de ruta con una tregua de carácter flexible y sin caducidad aparente, que la Casa Blanca justifica en las supuestas discrepancias internas en el régimen iraní sobre el eventual acuerdo a cerrar con Washington.
Con este movimiento, la Administración estadounidense da a entender que da por terminada la operación “Furia Épica” contra las capacidades militares iraníes, lanzada con el objetivo de forzar un cambio de régimen tras la eliminación del líder supremo Alí Jamenei y de buena parte de la cúpula político-militar del país. Al mismo tiempo, refuerza su despliegue en el estrecho de Ormuz, cuyo cierre casi total pretende asfixiar a Teherán mediante el bloqueo de sus puertos y de sus exportaciones de crudo.
Pese a la tregua, Trump asegura haber ordenado a la Armada estadounidense abrir fuego contra cualquier barco que coloque minas en el estrecho de Ormuz, mientras el control militar sobre la zona se ha endurecido con varios abordajes a buques que intentaban esquivar la vigilancia norteamericana. Más de una treintena de cargueros se han visto obligados a dar media vuelta por la presencia de fuerzas estadounidenses en el Golfo, intensificando el bloqueo que, “de facto”, ejerce Irán sobre los navíos que atraviesan el paso sin su autorización.
En este escenario, las conversaciones previstas esta semana en Islamabad terminaron por desvanecerse, una vez que el pulso por el dominio de Ormuz superó la capacidad de maniobra de los mediadores, con Pakistán al frente. Aun así, la guerra entra en una fase distinta, en la que Estados Unidos parece querer ganar tiempo y preparar una salida relativamente rápida al conflicto.
Según explica a Europa Press la subdirectora general del think tank German Marshall Fund, Kristina Kausch, el propio Trump es el más interesado en frenar las hostilidades. “Es una guerra que él no quería en la que básicamente ha caído sin querer, al menos eso es lo que parece de fuera, que se le ha ido las manos”, sostiene.
Sin una vía diplomática clara, Kausch advierte de que la situación actual, con un alto el fuego aparente pero con el conflicto trasladado al paso de Ormuz, podría prolongarse “las próximas semanas o incluso meses”. “La situación actual se puede extender durante mucho tiempo con distintas excusas”, resume, ante lo que interpreta como una ausencia de salida nítida.
La analista atribuye este bloqueo al “comportamiento errático y cambiante” de Trump. “Es muy difícil realmente llegar a una negociación que llega a un tipo de acuerdo”, explica, aunque reconoce que la Casa Blanca intenta proyectar la imagen de que controla la crisis y que es Washington quien marca el ritmo del conflicto con sus ultimátums y pausas.
“Intenta crear la imagen de que el alto del fuego es eficaz, que la guerra pura y dura ha terminado y que son ellos los que deciden sobre si se extiende o no. Que son ellos los que están en control”, argumenta la responsable del German Marshall Fund, que concluye que “ninguna cosa de estas es cierta”.
Beatriz Gutiérrez, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea, considera que la prolongación del alto el fuego contrasta con el férreo bloqueo sobre los puertos iraníes y el férreo control del estrecho de Ormuz. “No es tanto que no sabían qué hacer y que se retira”, recalca sobre el Ejército estadounidense, y subraya que “tiene una baza territorial muy importante” con el cerrojo en Ormuz.
CUESTIÓN NUCLEAR
En paralelo al pulso militar en Ormuz, la guerra entre Estados Unidos e Irán mantiene como telón de fondo la cuestión nuclear, el gran punto de fricción entre Washington y Teherán desde que la Administración norteamericana abandonara en la primera etapa de Trump el Plan de Acción Integral Conjunto, que imponía una supervisión reforzada sobre el programa atómico iraní.
Gutierrez ve “complicado” el panorama para la República Islámica ante las presiones para que desmantele su programa nuclear. “El régimen ahora mismo tiene una salida muy compleja. Si acepta la desnuclearización se pierde su principal baza retórica y su principal capacidad de negociación”, opina, recordando que las reservas de uranio “siguen ahí” y que por tanto no desaparece “la amenaza real” salvo que se alcance algún tipo de compromiso con Teherán.
Kausch subraya que el expediente nuclear ha quedado relegado a un segundo plano por la complejidad técnica del asunto y por la falta de interés de Washington en negociaciones largas y minuciosas. Recuerda que el pacto nuclear de 2015 requirió años de conversaciones, por lo que no considera realista que Irán y Estados Unidos cierren en cuestión de semanas un acuerdo de fondo.
A corto plazo, la experta cree que Irán exigirá que cualquier entendimiento incluya una reducción “de manera significativa” de las sanciones internacionales. “Para poder implementar un nuevo levantamiento de las sanciones, Trump tiene que pelearse con Netanyahu”, incide, apuntando que cualquier avance en el conflicto en Oriente Próximo tensiona la relación entre Estados Unidos e Israel a pocos meses de las elecciones legislativas norteamericanas, justo cuando sus intereses parecen divergir en este punto.
DIVISIONES ENTRE EL PODER IRANÍ
En medio de la prórroga de la tregua, Trump ha alimentado la idea de una supuesta fractura interna en la cúpula iraní y ha atribuido la ausencia de acuerdo a la falta de un liderazgo definido, después de que el nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, no haya aparecido en público en más de un mes desde su designación.
“Lo están retrasando porque no sabemos con quién negociar”, afirmó el mandatario estadounidense desde el Despacho Oval. Sin embargo, estas manifestaciones no se ajustan a la realidad, según Kausch.
La representante del think tank atlantista sostiene que no se perciben las divisiones que describe la Casa Blanca. “No se apoyan en ninguna evidencia. Tanto en la estructura y el funcionamiento del régimen en Irán, como tampoco hay ninguna evidencia de que haya fracturas visibles”, explica, considerando estas afirmaciones como otro intento de proyectar sensación de control en un proceso negociador de desenlace incierto.
En cuanto a un posible acuerdo y al margen de actuación de países como Pakistán, cuyo papel mediador ha quedado en entredicho tras la fallida cita de Islamabad, Kausch avisa de que las posturas son “realmente difíciles de reconciliar” y que la posición cambiante de Estados Unidos añade un plus de imprevisibilidad.
“El margen de maniobra de Pakistán o los otros mediadores es realmente bastante estrecho. Personalmente no soy muy optimista con que va a haber algún acuerdo”, detalla en declaraciones a Europa Press, mientras que Beatriz Gutiérrez considera difícil que un país con “muchísimas controversias” pueda liderar con éxito una mediación entre Irán y Estados Unidos. “No es fácil nunca, sea quien sea el mediador, mover a dos gorilas de cientos de toneladas”, resume.