Un trabajo encabezado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), de la Fundación La Caixa, concluye que las áreas con mayores inequidades socioeconómicas soportan con más intensidad los efectos del frío, mientras que las regiones más acomodadas y urbanas registran un riesgo superior durante las olas de calor.
La investigación, difundida en la revista ‘Nature Health’, cuantifica “por primera vez” en población urbana y rural de 32 países europeos hasta qué punto las desigualdades socioeconómicas condicionan la mortalidad vinculada a la temperatura, según ha explicado ISGlobal en un comunicado emitido este viernes.
El equipo científico examinó series diarias de mortalidad en 32 estados de Europa, con más de 161 millones de defunciones entre 2000 y 2019, recopiladas en el marco del proyecto Early-Adapt.
Desigualdad, frío y calor
Los resultados revelan que las zonas con mayor privación social son “sistemáticamente más vulnerables” tanto al calor como al frío, y que elementos como la pobreza energética, peores condiciones de habitabilidad, un acceso más limitado a la sanidad o una menor información sanitaria contribuyen a incrementar ese riesgo.
Variables como el índice Gini --que mide la desigualdad de riqueza--, la dificultad para mantener la vivienda caliente o la privación material y social se relacionan “de manera consistente” con una mortalidad más elevada asociada a la temperatura.
El estudio calcula las muertes atribuibles a la temperatura comparando 2 escenarios hipotéticos: uno en el que todas las regiones disfrutan de las condiciones socioeconómicas más favorables y otro en el que todas se sitúan en la situación más desfavorable.
La brecha entre ambos contextos supera las 300.000 muertes cuando se analiza la incapacidad para mantener el hogar caliente, llega a las 177.000 en el caso de la desigualdad económica y ronda las 157.000 para la privación material y social grave en Europa.
La riqueza no blinda frente al calor
Las regiones con mayor PIB per cápita y esperanza de vida registran una mortalidad más baja asociada al frío, “probablemente” por viviendas mejor aisladas, sistemas sanitarios más robustos y menor pobreza energética, pero, en cambio, presentan una mortalidad más alta por calor.
Este patrón se asocia a la urbanización intensa, ya que las ciudades densamente pobladas y la elevada concentración de actividad económica potencian el efecto de ‘isla de calor urbana’.
Según el investigador principal del proyecto Early-Adapt y coordinador del trabajo, Joan Ballester, los hallazgos permiten “evaluar y reforzar” la incorporación de los factores socioeconómicos en las políticas de adaptación.
“Es necesario realizar estudios similares en distintas regiones. Aunque sabemos que Europa está muy expuesta a los riesgos climáticos, existen pocos estudios similares en el Sur Global”, ha detallado.