La detección temprana del melanoma ocular mediante revisiones oftalmológicas completas, que incluyan la exploración del fondo de ojo con dilatación de la pupila, resulta fundamental para identificar este tumor a tiempo y poder diseñar el tratamiento y el seguimiento más adecuados. Así lo explica el oftalmólogo del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega (IOFV), Álvaro Fernández-Vega, quien alerta de que esta patología puede desarrollarse sin causar molestias en sus fases iniciales y descubrirse únicamente en una revisión rutinaria.
Coincidiendo con el Día del Melanoma, que se conmemora el 23 de mayo, el IOFV recuerda que el melanoma ocular, también denominado melanoma uveal, es el tumor maligno intraocular primario más habitual en la edad adulta y que, en sus primeras etapas, puede no provocar signos evidentes para el paciente.
Aunque es el tumor intraocular primario más frecuente, a escala mundial supone menos del 5 por ciento del total de melanomas, por lo que se considera una enfermedad poco frecuente. En el ámbito europeo, la incidencia estimada oscila entre 2 y 8 diagnósticos por cada millón de habitantes y año.
Este tipo de cáncer puede aparecer tanto en hombres como en mujeres y se diagnostica con mayor frecuencia en personas mayores de 60 años. El melanoma ocular no se considera una enfermedad hereditaria, pero en la mayoría de los casos se asocia a mutaciones en los genes 6NAQ y GNA11. Asimismo, se ha relacionado con determinados factores de riesgo como la piel clara, los ojos claros y la melanocitosis ocular conjuntival.
“Los objetivos del tratamiento son mantener el ojo y la visión útil siempre que sea posible. Por eso insistimos en que una exploración completa del fondo de ojo, con la pupila dilatada, puede marcar la diferencia en el tratamiento”, ha añadido Fernández-Vega.
Este cáncer se origina en las células que producen el pigmento de la piel, el pelo y los ojos. En el caso del melanoma ocular, la mayoría se localizan en la úvea, la capa media del globo ocular (iris, cuerpo ciliar y coroides), motivo por el que también se denominan melanomas uveales. Aunque puede aparecer en otras estructuras oculares, el subtipo más habitual es el melanoma de coroides, situado en una capa vascular interna del ojo.
El especialista también incide en que existen factores de riesgo como la edad avanzada, los ojos o la piel claros, ciertas alteraciones en la pigmentación cutánea, antecedentes de lesiones oculares como el nevus coroideo o la exposición a radiación ultravioleta.
En cualquier caso, la presencia de estos factores no implica necesariamente que vaya a formarse un tumor, pero sí puede justificar controles oftalmológicos más periódicos.
Visión borrosa y otros síntomas de alerta
Una característica relevante del melanoma ocular es que se desarrolla en una zona del ojo que no es visible externamente, por lo que conviene conocer los signos que puede provocar. Entre ellos se incluyen visión borrosa o pérdida de agudeza visual, destellos luminosos, la aparición de ‘moscas volantes’, percepción de sombras o cambios en el campo visual y, en algunos pacientes, modificaciones visibles en el iris cuando la lesión se sitúa en esa región.
“En ocasiones el paciente consulta por un síntoma inespecífico y encontramos el tumor, otras veces lo detectamos en un control. Por ello, si se nota un cambio visual llamativo, conviene revisar, y si no hay síntomas pero existen ciertos factores de riesgo, también se realizan seguimientos fotográficos y mediante OCT y ecografía, porque la ausencia de molestias no garantiza que esté todo bien”, ha añadido.
El diagnóstico se apoya en una exploración oftalmológica completa y, según cada situación, en pruebas complementarias como la ecografía ocular, la tomografía de coherencia óptica y otras técnicas de imagen que permiten valorar el tamaño, la localización y las características de la lesión. Esta información resulta “clave” para decidir el plan terapéutico.
En función de cada caso, el tratamiento puede contemplar radioterapia localizada con placas, otras modalidades radioterápicas cuando estén indicadas o intervenciones quirúrgicas en determinados pacientes. Además, dado que el melanoma uveal conlleva riesgo de diseminación, es esencial un control estrecho y, cuando procede, la coordinación con otros especialistas para vigilar la evolución de la enfermedad.
“Hoy podemos tratar muchos melanomas oculares intentando conservar el ojo y, cuando es posible, la visión, pero igual de importante es el seguimiento posterior. El control no termina con el tratamiento local, requiere vigilancia y un enfoque multidisciplinar cuando procede. Afortunadamente la investigación prosigue y hoy en día existen centros específicos que están profundizando en determinar la inmunología y el metabolismo del tumor para conseguir nuevos tratamientos que permitan controlar mejor el proceso”, ha concluido Álvaro Fernández-Vega.