El catedrático de Psiquiatría de la Universitat de les Illes Balears (UIB), Miquel Roca, ha señalado que en la sociedad se está generando un creciente clima de alarma en torno al consumo de sustancias entre la población juvenil, aunque los datos más recientes apuntan a una reducción en el uso de las principales drogas.
“Por qué existe ese alarmismo social generalizado cuando los datos no concuerdan con él es algo que los expertos en salud mental debemos preguntarnos. Ahora parece que hay un cierto boom alrededor de la salud mental, y eso es positivo, porque cuanto más se hable, antes llegarán recursos y soluciones, pero una cosa es hablar y otra distinta que todo adquiera una connotación negativa”, ha afirmado Roca, durante su participación en el 28º Congreso de la Sociedad Española de Patología Dual, que se celebra en Valencia.
En este escenario, el especialista remarca que, de acuerdo con la Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) de 2025 del Ministerio de Sanidad, realizada entre alumnos de 14 a 18 años, se aprecia un descenso generalizado en el consumo de las drogas más habituales (alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, anfetaminas, éxtasis, 'poppers', metanfetaminas, etc.) en los últimos 30 días frente a 2023.
La reducción respecto a 2012 es especialmente llamativa en el alcohol (23 puntos), el tabaco (casi ocho puntos en consumo diario) y el cannabis (siete puntos menos en comparación con 2014). Dinámicas parecidas se observan en la Encuesta sobre Alcohol y otras drogas en España (EDADES) de 2024.
No obstante, Roca subraya que la percepción social dominante es que los jóvenes se inician cada vez antes en el consumo de estas sustancias. A su juicio, el componente humano, que “siempre tiende a fijarse en lo negativo y no en lo positivo”, contribuiría a alimentar esa sensación de alarma: “Lo negativo encuentra más eco en los medios de comunicación y en las redes sociales. En cambio, parece que a las buenas noticias les cuesta encontrar hueco”.
Según el psiquiatra, muchas de esas noticias preocupantes proceden también de estudios y encuestas, en gran parte realizadas únicamente 'on line', un enfoque metodológico que, a su entender, podría estar desvirtuando la fotografía real. “Es muy posible que los datos recogidos así estén sobrevalorando el consumo de sustancias y los estados emocionales y psicopatológicos de las personas que participan en estas encuestas”, sostiene.
Como ejemplo, cita un trabajo publicado hace unos años en la revista 'Journal of Affective Disorders' —en el que participó el propio Roca— con información de estudiantes de primer curso de las Universidades de Andalucía, Cataluña, Islas Baleares y País Vasco. Sus resultados indicaban que el 35,7 por ciento de los universitarios españoles de primer año habría presentado síntomas de trastorno mental en el último año y casi un 17 por ciento un trastorno por abuso de sustancias.
“Vamos un poco a contracorriente y nos estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado, pero creemos que esta reflexión hay que hacerla para no levantar más alarmas de las necesarias y para que no parezca que casi toda la población juvenil consume todo tipo de sustancias o tiene problemas de salud mental. Nos parece que tenemos que debatir si estamos analizando correctamente estos datos y evitamos determinados sesgos de representatividad”, ha reflexionado.
Defiende una metodología de doble fase
A juicio del catedrático, una gran parte de las investigaciones sobre salud mental en adolescentes y, especialmente tras la pandemia, en estudiantes universitarios, se están llevando a cabo mediante cuestionarios 'online' en una sola fase, sin incorporar después una entrevista clínica presencial que permita contrastar las respuestas y confirmar si existe realmente un diagnóstico de trastorno mental.
“En estas encuestas 'online', en una única fase, ha participado solo el 20 por ciento de los estudiantes a quienes se les solicitaron sus respuestas. Podrían estar participando en mayor medida quienes tienen problemas emocionales, uno de los factores que podría estar sobredimensionando algunos aspectos”, ha añadido el experto.
Esto, según Roca, se aprecia en otra parte del estudio que están desarrollando en la actualidad, en la que ofrecen una intervención psicoterápica 'online' a aquellos alumnos que, en los cuestionarios, declaran síntomas compatibles con una adicción o con un trastorno de salud mental.
“La participación en una intervención sencilla, 'online' también, pero no se corresponde con las cifras de prevalencia de trastornos mentales de los estudios en universitarios”, ha apuntado. El psiquiatra admite, en cualquier caso, que a edades tan tempranas muchos jóvenes pueden mostrar reticencias a iniciar tratamiento por el estigma que todavía pesa sobre los problemas de salud mental.
Roca insiste en que su planteamiento no pretende restar importancia a la salud mental en la adolescencia, “que requiere claramente de políticas públicas y universitarias en forma de servicios de detección y atención”, sino cuestionar si los estudios científicos impulsados desde la pandemia, con un determinado diseño metodológico, están ofreciendo una visión sesgada y contribuyendo a generar más alarma social de la necesaria.
En esta línea, el experto se muestra partidario de impulsar estudios de doble fase, en los que a una primera encuesta 'online' se sume posteriormente una entrevista clínica presencial con los participantes. “Está claro que este tipo de estudios son más costosos y complejos, pero creemos que son los que nos pueden dar una imagen más real y no sobredimensionada del problema”, ha concluido.