España afronta el verano con una mejor campaña de aceite de oliva que las dos anteriores, pero con señales que mantienen la atención del sector sobre los precios. Los últimos datos vinculados a la Agencia de Información y Control Alimentarios sitúan la producción acumulada en torno a 1,28 millones de toneladas, por debajo de las previsiones iniciales, mientras el ritmo de salidas al mercado sigue siendo elevado.
Ese equilibrio entre una cosecha superior a la de años de sequía, pero menor de lo esperado, es una de las razones por las que el sector no descarta nuevas tensiones en precios. La preocupación no está tanto en un problema inmediato de suministro como en cómo llegarán los stocks al enlace entre campañas, un factor clave para la estabilidad del mercado.
Otro elemento que aparece en los análisis es la demanda. El fuerte nivel de comercialización —con buena parte de la producción ya colocada, según estimaciones sectoriales— ha frenado expectativas de una caída abrupta de precios y ha alimentado cautela de cara a los próximos meses.
A ello se suma la incertidumbre sobre costes. El sector ha advertido de que la evolución de la energía y del contexto internacional puede añadir presión a márgenes y precios, un factor que ha aparecido también en mensajes de prudencia desde organizaciones agrarias y operadores.
Un mercado pendiente del verano
El verano se considera un periodo sensible por el aumento del consumo y por llegar antes de las primeras previsiones sólidas de la próxima cosecha. Ese vacío es lo que explica parte de la prudencia del sector.
Aunque tras las subidas históricas de los últimos años hubo expectativas de normalización, la combinación de producción inferior a lo inicialmente previsto y menores colchones de seguridad mantiene abierto el debate sobre si los precios podrían volver a tensionarse.
En este escenario, más que hablar de una nueva escalada automática, las advertencias apuntan a un mercado sensible a cualquier alteración de oferta, demanda o costes.
El déficit de aceite que inquieta al sector antes del verano
Uno de los conceptos que más se repite en los análisis es el del déficit o tensión estructural de oferta. No se refiere a una falta inmediata de aceite, sino a la insuficiencia para recomponer plenamente existencias tras campañas muy castigadas y acompañar una demanda fuerte.
Los datos sectoriales apuntan precisamente a esa preocupación por los llamados stocks de enlace, es decir, el volumen con el que se llegará a la próxima campaña. En un mercado tan dependiente de ese equilibrio, niveles bajos pueden convertirse en factor de presión sobre precios.
La inquietud del sector se apoya además en que la campaña habría quedado alrededor de un 7% por debajo de la estimación inicial, según datos difundidos a partir de AICA y del Ministerio de Agricultura. Ese ajuste es uno de los elementos que explican la cautela.
Por eso, más que una alarma por falta de producto, lo que aparece en el sector es una llamada a vigilar la evolución de existencias, demanda y costes en los meses previos a la próxima cosecha. Ese es, hoy, el principal foco de inquietud sobre el aceite antes del verano.