Un invernadero de última generación ha comenzado a operar en El Ejido (Almería) con el objetivo de obtener pepino ecológico casi los doce meses del año. Para ello, integra calefacción, aporte de CO2, ventilación avanzada y recirculación de aire, de forma que se mantengan condiciones más estables para la planta y se incremente el rendimiento del cultivo.
La finca ocupa 3,2 hectáreas y se ha proyectado con 16 capillas de 12,80 metros de ancho, 5,50 metros a la canal y una cumbrera sobreelevada que incrementa el volumen interior. Este diseño proporciona una “mayor inercia térmica” y ayuda a amortiguar los cambios bruscos de temperatura y humedad que condicionan el comportamiento del cultivo.
La compañía murciana J. Huete Greenhouses ha sido la encargada de ejecutar la infraestructura, en la que la apuesta tecnológica se aprecia sobre todo en la gestión del aire. El invernadero dispone de ventilación cenital tipo mariposa sobreelevada, además de ventilación lateral y frontal motorizada enrollable, lo que posibilita una “gestión precisa” de la temperatura, la humedad y el déficit de presión de vapor.
Este planteamiento permite también ventilar durante episodios de lluvia sin que el agua penetre en el interior, de modo que la renovación del aire puede mantenerse incluso en esas circunstancias.
La estructura cuenta con doble pilar y refuerzos laterales calculados para soportar “altas cargas de viento”. Las canales no solo garantizan la evacuación del agua de lluvia, sino que actúan como “elemento estructural” e incorporan un sistema anticondensación que evita el goteo sobre las plantas.
Además, parte de la estructura se ha lacado en blanco, una medida que reduce el calentamiento del hierro, protege mejor el plástico y mejora la difusión de la luz dentro del invernadero. Según ha explicado Manuel Gardeano, responsable de la explotación, una mayor entrada de luz se traduce también en más producción “siempre que la temperatura se mantenga bajo control”.
El control climático no se limita a la cubierta y a la ventilación natural. La instalación integra ventiladores JET y un sistema de recirculación activa que toma aire de la parte superior de la pantalla climática y lo reparte de forma “uniforme” sobre el cultivo. Con ello se busca eliminar bolsas de humedad, reducir la condensación y mantener un microclima “activo y equilibrado” en toda la superficie.
El equipamiento se completa con un sistema de humidificación que permite disminuir la temperatura en momentos puntuales sin perder capacidad de extracción de humedad. La parcela, de 204 metros de largo por 160 de ancho, está dedicada al pepino ecológico, dentro de una estrategia orientada a mantener una producción lo más constante posible durante el año.
En el ámbito energético, el proyecto incorpora una pantalla que combina sombreo y ahorro, calefacción por agua caliente distribuida mediante tuberías rail y una sala de calderas concebida para “optimizar” el intercambio térmico.
Este esquema se refuerza con un depósito acumulador de agua caliente, o 'buffer tank', que almacena durante el día el calor generado para emplearlo por la noche, cuando el invernadero necesita sostener una temperatura estable.
MÁS PRECISIÓN PARA LUZ, TEMPERATURA Y HUMEDAD
Uno de los elementos más avanzados de la instalación es el aprovechamiento del CO2 procedente de la combustión. En lugar de expulsarlo al exterior, el sistema lo enfría y lo distribuye dentro del invernadero para potenciar la fotosíntesis.
Los datos técnicos sitúan esta capacidad en hasta 150 kilos de CO2 por hora y hectárea, dentro de una estrategia dirigida a elevar el rendimiento productivo y afinar el control agronómico del cultivo. A ello se suma el doble plástico, que puede aportar “en torno a un 50 por ciento de ahorro energético en calefacción” y contribuye también a suavizar la temperatura en los periodos de más calor.
El resultado es un invernadero diseñado para actuar sobre buena parte de los factores que condicionan el desarrollo de la planta, desde la luz y la ventilación hasta la humedad, la temperatura y el CO2.
Gardeano ha destacado que este modelo de invernadero le permite controlar el clima “prácticamente a la perfección” y ha asegurado que, con estas condiciones, el cultivo “va muchísimo mejor”, “más sano” y “va produciendo bastante más”.
La iniciativa se inscribe en una tendencia cada vez más visible en la agricultura intensiva almeriense, donde la mejora ya no se basa solo en ampliar superficie, sino en incrementar la capacidad de control sobre temperatura, humedad y ventilación para optimizar el desarrollo del cultivo.