Naciones Unidas ha informado este miércoles de que, hasta el momento, ha logrado confirmar que el bombardeo llevado a cabo en marzo por Pakistán contra un centro de rehabilitación para drogodependientes en Kabul causó en torno a 270 víctimas civiles mortales, aunque ha advertido de que la cifra “probablemente es mayor”, ya que las pesquisas continúan abiertas.
Un portavoz de la Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) ha señalado en declaraciones a Europa Press que hasta ahora se han verificado “al menos 269 civiles muertos y más de 122 heridos” como consecuencia del ataque, lanzado el 16 de marzo contra el Hospital Omid de Tratamiento para Adicciones.
“Estas cifras solo representan lo que hemos podido verificar a través de nuestro trabajo independiente y la cifra final será probablemente más alta”, ha apuntado, recordando que las autoridades establecidas por los talibán en Afganistán desde agosto de 2021 denunciaron en su momento un balance de 400 fallecidos.
El representante ha subrayado que la UNAMA “sigue verificando y documentando incidentes sobre víctimas civiles en Afganistán a causa de los combates transfronterizos” entre Pakistán y Afganistán, una tarea que desarrolla “en línea con el mandato concedido por el Consejo de Seguridad de la ONU”.
Este portavoz, que ha avanzado que la UNAMA confía en poder difundir “hacia finales de mes” información más detallada sobre estas investigaciones, ha reiterado su llamamiento a Afganistán y Pakistán para que “apliquen protocolos para evitar víctimas civiles” y “cumplan con sus obligaciones bajo el Derecho Internacional Humanitario para proteger a los civiles”.
El viceportavoz del Gobierno afgano, Hamdulá Fitrat, afirmó que el bombardeo había dejado al menos 400 muertos y 250 heridos y añadió que la ofensiva había destruido “amplias zonas del hospital”, mientras que las autoridades paquistaníes rechazaron oficialmente haber tenido como blanco el centro sanitario y aseguraron que el objetivo eran “instalaciones militares” en Kabul.
El ataque se produjo en el contexto de la escalada iniciada en febrero, tras varios bombardeos de Islamabad contra presuntos enclaves del grupo Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), conocido como los talibán paquistaníes, y de Estado Islámico en territorio afgano, lo que llevó a las autoridades talibán a responder con ofensivas en la zona limítrofe.
La franja fronteriza entre ambos países —que mantienen en la actualidad un frágil alto el fuego— arrastra desde hace años un clima de tensión e inestabilidad, marcado en gran medida por los ataques atribuidos al TTP, en medio de las acusaciones de Islamabad contra India y los talibán afganos por su supuesto respaldo a la organización, algo que tanto Nueva Delhi como Kabul han rechazado.