La Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas, ha cargado contra los ataques “incesantes” de Rusia sobre instalaciones vinculadas a la seguridad nuclear en Ucrania y ha advertido de que Moscú está comprometiendo décadas de esfuerzos internacionales para contener los efectos del desastre de Chernóbil.
Coincidiendo con el 40º aniversario del accidente nuclear de 1986, Kallas denunció los daños sobre el Nuevo Confinamiento Seguro, la gran estructura levantada para aislar el Reactor 4 de la antigua central ucraniana.
Advertencia sobre Chernóbil
La responsable europea recordó que esta infraestructura fue construida gracias a una amplia cooperación internacional y una inversión de hasta 2.100 millones de euros destinada a reducir los riesgos heredados de la catástrofe.
Según Kallas, los ataques rusos sobre esa zona amenazan con erosionar uno de los principales proyectos globales de seguridad nuclear desarrollados en Europa desde el final de la Guerra Fría.
Zaporiyia, otro foco de tensión
La jefa de la diplomacia comunitaria también denunció la ocupación rusa de la central de Zaporiyia, en el sur de Ucrania, la mayor planta nuclear del continente.
A su juicio, la presencia militar rusa en esas instalaciones incrementa de forma significativa los riesgos para la población y para el medio ambiente, en una zona donde los organismos internacionales llevan meses alertando de la fragilidad operativa de la planta.
Red eléctrica bajo presión
Kallas añadió que los ataques sistemáticos contra la red energética ucraniana agravan todavía más el problema, al poner en cuestión el suministro estable necesario para el funcionamiento seguro de centrales e instalaciones nucleares.
La estabilidad eléctrica es un elemento esencial para refrigeración, control técnico y sistemas de emergencia.
Exigencia de Bruselas
Por todo ello, la Unión Europea reclama a Rusia el cese inmediato de cualquier acción militar contra infraestructuras nucleares ucranianas y el respeto de los principios internacionales de seguridad atómica en zonas de conflicto.
El mensaje lanzado desde Bruselas combina memoria histórica y advertencia presente: cuatro décadas después de Chernóbil, Europa vuelve a hablar de riesgo nuclear por culpa de una guerra en su territorio.