La guerra entre Estados Unidos e Irán continúa agravándose tanto en el frente militar como en el económico. El Pentágono ha elevado hasta 37.500 millones de dólares el coste de la campaña militar desarrollada desde el pasado 28 de febrero y ha solicitado al Congreso 67.000 millones de dólares adicionales para mantener las operaciones y reponer el arsenal utilizado durante los últimos meses.
El anuncio llega en un momento especialmente delicado para la Administración Trump, que afronta un aumento de las bajas militares, una creciente presión sobre los mercados energéticos y un conflicto cuya factura económica amenaza con convertirse en uno de los principales frentes políticos de cara a las elecciones de medio mandato.
Trump endurece su discurso tras la muerte de otro soldado
La petición del Pentágono coincide sin embargo con un nuevo mensaje de dureza del presidente estadounidense. Poco antes de participar en un homenaje a cuatro militares fallecidos en ataques atribuidos a Irán, Trump ha lanzado este miércoles una nueva advertencia al régimen iraní. "Lo van a pagar muy caro. Ya los estamos aniquilando", ha airmado el presidente.
Con la confirmación de un nuevo militar fallecido en Irak tras el impacto de un dron iraní, el número de soldados estadounidenses muertos desde el inicio de la ofensiva asciende ya a 18, mientras que cerca de un centenar han resultado heridos durante las últimas semanas, según datos del Departamento de Defensa.
La escalada militar ha reforzado la posición de la Casa Blanca de mantener la campaña sin solicitar una nueva autorización específica al Congreso, una cuestión que ha vuelto a generar debate durante la comparecencia del secretario de Defensa, Pete Hegseth, ante el Comité de Asignaciones del Senado.
El Pentágono admite que la guerra será mucho más cara de lo previsto
Durante su intervención en el Senado, Hegseth ha reconocido que la duración del conflicto ha obligado a revisar de forma significativa las previsiones iniciales.
A principios de mayo, el Pentágono estimaba que la guerra tendría un coste de 29.000 millones de dólares. Apenas dos meses después, esa cifra ha aumentado hasta los 37.500 millones, un incremento de 8.500 millones que refleja la prolongación de las operaciones militares.
El responsable de Defensa ha defendido además la necesidad de aprobar una nueva inyección presupuestaria.
"Sin estos fondos, enfrentamos carencias críticas", ha asegurado ante los senadores, al justificar la petición de nuevos recursos para sostener el despliegue militar en Oriente Medio.
La solicitud forma parte del presupuesto de Defensa impulsado por la Administración Trump, que contempla un gasto global de 1,5 billones de dólares, al que se añaden los fondos extraordinarios destinados específicamente a la guerra.
El coste económico va mucho más allá del gasto militar
La factura de la guerra no se limita únicamente al presupuesto del Pentágono.
Análisis económicos apuntan a que, si se incorpora el impacto provocado por el encarecimiento del petróleo, las materias primas, el transporte marítimo y los tipos de interés, el coste total para la economía estadounidense podría alcanzar 132.000 millones de dólares.
Ese impacto comienza a sentirse directamente en empresas y consumidores estadounidenses mediante mayores costes energéticos, incremento del precio de los combustibles y nuevas presiones inflacionistas.
Todo ello amenaza con complicar la estrategia económica de Trump cuando faltan pocos meses para unas elecciones legislativas que podrían modificar el equilibrio de poder en el Congreso.
Ormuz y Bab al-Mandeb: la amenaza sobre dos arterias del comercio mundial
Uno de los factores que más preocupa a los mercados internacionales es la situación en los dos grandes estrechos por los que circula buena parte del comercio energético mundial.
El estrecho de Ormuz, bajo permanente tensión desde el inicio del conflicto, canaliza aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo. La interrupción parcial del tráfico marítimo ya había obligado a numerosas compañías a modificar sus rutas.
Ahora la situación se complica aún más. En las últimas horas también han aumentado las amenazas sobre el estrecho de Bab al-Mandeb, una vía por la que transita alrededor del 12% del comercio marítimo mundial y cerca del 6% del petróleo global.
Este corredor había servido precisamente como alternativa para parte del crudo que encontraba dificultades para atravesar Ormuz.
Sin embargo, la creciente inseguridad en la zona ya está teniendo consecuencias inmediatas. Al menos seis petroleros han dado media vuelta durante las últimas horas ante el deterioro de la situación, mientras numerosas navieras estudian desviar sus rutas.
Las alternativas pasan ahora por utilizar el canal de Suez, con una capacidad más limitada, o rodear completamente el continente africano por el Cabo de Buena Esperanza, una opción que implica trayectos mucho más largos, mayores costes logísticos y retrasos en el suministro.
Una guerra cada vez más cara e impopular
La incertidumbre geopolítica ya se refleja en los mercados energéticos. El precio del petróleo Brent ha superado los 95 dólares por barril, su nivel más elevado desde junio, mientras que el gas natural en Europa ha alcanzado los 62 euros por megavatio hora, máximos de los últimos cuatro meses.
Durante su comparecencia, Pete Hegseth también ha asegurado que China y Rusia están prestando apoyo al régimen iraní "en distintos niveles", aunque ha evitado concretar el alcance de esa colaboración.
El secretario de Defensa ha confirmado además que la Marina estadounidense mantiene desde mayo una operación para garantizar la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, una misión que, según ha explicado, ha permitido facilitar el tránsito de cientos de millones de barriles de petróleo pese a la escalada militar.
Cinco meses después del inicio de la ofensiva, la Administración Trump se enfrenta a un escenario cada vez más complejo.
El aumento constante del gasto militar, el incremento de las bajas estadounidenses, la presión sobre los mercados energéticos y el encarecimiento del coste de vida están alimentando el debate sobre la conveniencia de mantener una guerra que, lejos de estabilizarse, continúa ampliando su impacto económico y estratégico.
Mientras Washington solicita más fondos al Congreso para sostener las operaciones, la evolución del conflicto en Oriente Medio amenaza con convertirse también en uno de los principales desafíos políticos para Trump en la antesala de las elecciones de medio mandato.