La ANC releva a Llach en plena caída de participación y desgaste interno

Josep Vila asume la presidencia de la entidad independentista mientras el histórico activismo soberanista muestra síntomas de desmovilización

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El nuevo presidente de la ANC, Josep Vila, junto al hasta ahora presidente Lluís Llach ANC

El nuevo presidente de la ANC, Josep Vila, junto al hasta ahora presidente Lluís Llach ANC

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La Assemblea Nacional Catalana (ANC) ha elegido este sábado en Igualada a Josep Vila como nuevo presidente de la organización, mientras Lluís Llach, que ejercía como principal rostro visible desde 2024, pasa a ocupar la vicepresidencia. El relevo se interpreta en clave continuista, aunque también responde al deterioro de salud del excantautor y a una reorganización interna en uno de los símbolos del independentismo civil catalán.

La transición mantiene el peso político del entorno próximo a Carles Puigdemont, cuya influencia sobre la entidad sigue siendo señalada por distintos sectores soberanistas. Llach, aunque deja la primera línea, conservará capacidad de influencia dentro de la estructura.

Desplome de participación interna

Más allá del relevo, los datos reflejan la pérdida de músculo de la ANC. En las elecciones al secretariado nacional participaron 2.322 socios, una cifra reducida si se compara con los cerca de 25.000 afiliados que asegura tener la entidad. Menos del 10% de la militancia tomó parte en una votación que, además, se prolongó durante cuatro días.

El propio Llach fue el candidato más votado, pero pasó de más de 3.200 apoyos en 2024 a menos de 2.000 en esta ocasión. El descenso ha sido interpretado como un síntoma claro de desafección interna.

Vacantes y falta de candidatos

La pérdida de impulso también se refleja en la dificultad para completar los órganos de dirección. De los 76 puestosprevistos para el secretariado nacional, 16 quedaron vacantes por falta de candidatos.

En varias zonas territoriales apenas se cubrieron algunas plazas, tanto en comarcas catalanas como en la estructura exterior. Para una organización que llegó a movilizar a cientos de miles de personas en la calle durante los años álgidos del procés, el contraste es notable.

Problemas económicos y fractura estratégica

La ANC arrastra además dificultades financieras, con caída de ingresos por cuotas y merchandising, en paralelo al descenso de la movilización social. Las últimas manifestaciones convocadas junto a Òmnium Cultural o el Consell de la República han mostrado una asistencia muy inferior a la de etapas anteriores.

A ello se suma la división estratégica dentro del independentismo. Sectores críticos reprochan a la dirección un excesivo alineamiento con Junts y con las tesis de Puigdemont, mientras otros lamentan la falta de una hoja de ruta clara tras el fracaso del ciclo unilateral.

Símbolo del desgaste del procés

La ANC fue durante años uno de los grandes motores del independentismo catalán. Su capacidad de organización convirtió las Diadas y las grandes protestas en imágenes de impacto internacional. Hoy, sin embargo, la entidad atraviesa una etapa de menor influencia, menor participación y crecientes tensiones internas.

El relevo en la presidencia busca abrir una nueva fase, pero también confirma una realidad más amplia: el independentismo civil ya no moviliza como antes y busca redefinir su papel en un escenario político muy distinto al de la década pasada.