El profesor de Vitoria de la Flotilla denuncia su “secuestro” y los “maltratos físicos y psicológicos” sufridos

El profesor vitoriano Salim Malla relata en Bilbao su “secuestro” en la Global Sumud Flotilla y denuncia maltratos físicos y psicológicos tras la interceptación israelí.

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Llegada al aeropuerto de Loiu del profesor de Vitoria Salim Malla, que viajaba en misión humanitaria en la Global Sumud Flotilla H.BILBAO-EUROPA PRESS

Llegada al aeropuerto de Loiu del profesor de Vitoria Salim Malla, que viajaba en misión humanitaria en la Global Sumud Flotilla H.BILBAO-EUROPA PRESS

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El profesor vitoriano Salim Malla, que viajaba en misión humanitaria a bordo de la Global Sumud Flotilla, interceptada por Israel cuando se dirigía a Gaza, ha aterrizado este lunes por la mañana en el aeropuerto de Loiu, en Bilbao. Nada más llegar, ha denunciado públicamente su “secuestro en un campo de concentración flotante” y los “maltratos físicos y psíquicos” a los que, según afirma, fueron sometidos.

Malla ha asegurado que durante días les mantuvieron sin comer, beber ni dormir y que, tras un tiempo, a él le separaron del resto del grupo, mientras había personas con “la cara reventada y las costillas rotas”. “Hacían lo que querían con nosotros”, ha recalcado ante los medios.

Recién bajado del avión en la terminal vizcaína, se ha dirigido a la prensa para exigir como prioridad la puesta en libertad del activista español Saif Abukeshek y del brasileño Thiago Avila, “aún encarcelados por el Estado genocida de Israel”. “Pido a los Gobiernos de España y de Brasil que hagan lo posible por liberarlos, ya que corren serio peligro”, ha advertido.

El profesor ha relatado cómo vivieron los integrantes de la Flotilla “en ese campo de concentración flotante” al que, según su versión, les trasladaron las fuerzas israelíes, un lugar que considera “es un pequeño ejemplo de lo que sufren los palestinos desde hace 70 años”.

“Nos secuestraron en el Mediterráneo, a 60 millas de Creta, retuvieron 22 barcos con 180 personas”, ha explicado, detallando que el abordaje “fue con armas de fuego”. “Veíamos los punteros láser en nuestras cabezas y nuestros cuerpos”, ha narrado sobre el momento de la interceptación.

Una vez trasladados a una nave militar israelí, ha indicado que les obligaron a “andar de rodillas durante 200 metros y más de dos horas”, hasta que fueron “clasificando uno por uno a los 180”. “Nos pusieron identificación, nos metieron en un recinto, que era este campo de concentración que yo digo que está formado con tres contenedores de carga de petroleros, de los barcos mercantes, y en esos tres contenedores estábamos las 180 personas apiladas, no teníamos para dormir más que unas espumas de aislantes de obra”, ha añadido.

Según su testimonio, cuando lograban dormirse, los guardias mojaban el suelo para obligarles a despertarse, les pasaban “conteo” y les forzaban “a estar otra vez de rodillas con las manos en la cabeza durante varias horas”. “No había regla ninguna. Allí hacían lo que querían con nosotros”, ha apostillado.

Malla ha asegurado que las agresiones se producían de manera aleatoria. “Hay gente que tiene la cara reventada, gente que tiene las costillas rotas. A mí en concreto, en un momento dado, me llamaron por un megáfono y me aislaron. Estábamos rodeados por arribar con soldados armados en todo momento apuntándonos”, ha censurado.

Ya apartado del resto junto a otra persona, ha contado que escuchaban “gritos de gente que estaba siendo torturada”. “Ahí estuvimos hasta que nos liberaron un día, sin saber muy bien por qué ni dónde estábamos, hasta que vimos que era la guardia costera griega la que nos estaba de algún modo rescatando. Aunque es cierto que luego los tuvieron en un puerto super aislado y por lo menos estuvimos allí seis días, hasta que finalmente conseguimos que nos llevasen hacia el aeropuerto”, ha relatado.

“Maltratos y humillaciones” y consecuencias médicas

El profesor ha calificado de “alucinante” que Israel interceptara la flotilla “a 600 millas de Israel, a más de 1.200 kilómetros, en el Mediterráneo, en Europa”. “Luego estuvimos dos día en el campo de concentración flotante. Allí sufrimos maltratos físicos y psicológicos. Nos apuntaron con armas de fuego, nos humillaron, nos clasificaron con un número, nos privaron del sueño, nos aislaron, sufrimos agresiones físicas, hacinamiento, escasez de agua, de comida, de aseo, fue bastante duro, sobre todo, porque no sabíamos cuánto iba a durar eso. No sabíamos si estábamos yendo hacia Israel o realmente nos iban a liberar antes”, ha apuntado.

Como resultado de este trato, ha señalado que 30 personas tuvieron que ser atendidas en un hospital a su llegada a Creta y seis de ellas quedaron ingresadas, con “hombros dislocados, traumas faciales, traumas craneocefálicos, y había un chico con seis costillas rotas que todavía sigue en el hospital”. “Mando desde aquí un abrazo a Alberto”, ha expresado.

En cuanto a la repatriación, ha explicado que el Gobierno turco, a través de GSF, Global Sumud Flotilla, fletó un vuelo para trasladarles a Turquía. “Allí nos sometieron a un reconocimiento médico, físico, psicológico, y también nos ayudaron a hacer una declaración con abogados para poner una demanda en la Corte Penal Internacional por violación de los derechos humanos y también de diversas leyes internacionales”, ha manifestado.

Situación de la flotilla y continuidad de la misión

Malla ha destacado que, tras la operación, 22 barcos han quedado destruidos al ser abandonados “a la deriva, uno de ellos con personas dentro”, mientras que 33 embarcaciones se han salvado y “están en Creta, esperando a que pase una tormenta y esperando también a ver si el Gobierno griego les deja salir”.

“Seis barcos griegos más pretenden unirse y otros 16 pretenden también continuar desde Turquía. Un total de 55 barcos que todavía están pendientes de esa tormenta para continuar con la misión”, ha indicado sobre los siguientes pasos de la campaña.

Asimismo, ha aclarado que Global Sumud Flotilla es una organización “formada por personas normales”. “Yo no soy activista, yo soy artista y profesor universitario, que tomé la decisión de tomar acción y formar parte de ese movimiento. Hay personas de más de 150 países, hay gente con edades comprendidas entre los 20 y los 76 años. Martin, un irlandés, cumplió 76 años el día que nos liberaron. Hay diversidad de razas, de género, y todo tipo de perfiles profesionales: médicos, conductores de autobús, hay profesores, hay mecánicos, hay de todo”, ha explicado.

El profesor ha señalado que aún permanecen vascos en Creta. “Yo vi la posibilidad de montarme en este avión y tenía claro que era mejor volver y volví, pero hay gente que todavía está allí. Hay gente que quiere permanecer en la misión y hay gente que quiere volver. La verdad es que desconozco su situación porque yo he estado sin conexión con el mundo”, ha concluido.

Para este mismo lunes está previsto que, a las 18.45 horas, lleguen al aeropuerto de Loiu, en Bilbao, más integrantes de la delegación vasca que participaba en la flotilla humanitaria.