Salvo sorpresa mayúscula en forma de cambio de opinión, o de revés judicial, por la cabeza de Pedro Sánchez no pasa un adelanto electoral. También es una opción realmente lejana para tres politólogos consultados por Demócrata. De hecho, viendo los acercamientos de Feijóo a Cataluña, un hipotético cambio de Gobierno estaría más cerca vía moción de censura (aunque también está muy lejano) que por unas elecciones generales.
El líder de los populares trata de extraer de la ecuación el principal elemento distorsionador, Vox, ofreciendo a Junts y al PNV una moción instrumental, que le permitiera formar un Gobierno provisional sin participación de la extrema derecha, y so promesa de convocar a los españoles a las urnas tras un periodo de transición. De momento, los nacionalistas vascos han dicho que no y los catalanes emplazan a Feijóo a hacer una excursión a Waterloo.
Adelanto electoral
Mientras tanto, el PSOE continúa echando balones fuera y, aunque de formas menos beligerantes que las de Óscar Puente, apuntando más a una ‘cacería’ judicial que a casos sólidos de los que preocuparse (al menos en público).
“Nada de lo que está ocurriendo afecta directamente al Gobierno y, si algo tiene Pedro Sánchez, es el Gobierno, perderlo sería perderlo todo”, apunta Xavier Pastor, politólogo experto en resolución de conflictos públicos, como argumento para rechazar la opción de que el presidente está pensando en un adelanto electoral.
Lo de Cerdán y Ábalos, añade, afectaba más al Gobierno que lo de Zapatero, “se tiene que demostrar que Zapatero tenía relación directa con las decisiones que salían del Consejo de Ministros”.
La decisión de convocar elecciones, sostiene Juan Montabes, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada, ha de ser política, y, el actual, “puede que sea el peor momento para el PSOE de los últimos 15 o 20 años”.
En consonancia, Álvaro Sánchez, investigador del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC), explica que no les interesa convocar elecciones: “Registros en Ferraz, investigaciones abiertas, todo eso marcaría negativamente el desarrollo de la campaña. Además, las encuestas muestran al PSOE muy por detrás del PP, así que sería realmente gravoso ir a unas elecciones”. Sánchez lo ve muy poco probable a corto plazo, “salvo que se desate otro caso que afecte a la propia figura del presidente o de algún alto cargo”.
Pastor incide también en la popularidad, pero directamente en la de Sánchez: “En general, los gobiernos se guían por la popularidad de su presidente y convocan elecciones en el punto más alto. Sánchez perdió la oportunidad cuando se enfrentó a Trump. Si las convoca ahora, estaría directamente relacionando los escándalos con su Gobierno”.
Cuestión de confianza
Obviada la alternativa de ir a las urnas, la cuestión es si el Gobierno podrá gobernar, habida cuenta de que sus socios parlamentarios ya han dejado claro que la situación se está complicando. Para Pastor, "estos grupos parlamentarios están tratando de aprovechar la debilidad del Ejecutivo para intentar obtener todo lo que puedan. Si el PSOE es inteligente, sacará proyectos de ley que contenten a sus socios. Me recuerda al último Gobierno de Felipe González, que se sostuvo por CiU, ya que, con todos los casos de corrupción que rodeaban a PSOE, aprovechó para conseguir los máximos beneficios para ellos y su electorado”.
Álvaro Sánchez comenta que “el PSOE puede hacer apnea política, aguantar lo máximo posible y esperar a que, por algún shock exógeno, hubiera un momento bueno para convocar elecciones generales”. Sin embargo, en su opinión, la opción más beneficiosa ahora mismo para los socialistas es hacerlas coincidir con un ‘superdomingo’ electoral. “El votante de izquierdas es el que más se desmoviliza con los casos de corrupción, si hay un ‘superdomingo’, muchas personas de izquierdas irían a votar porque sí tienen interés en elegir a su alcalde o presidente autonómico y, ya de paso, votarían en las generales”.
Otro punto a favor de esta alternativa, agrega el investigador del CEPC, es que habría elecciones en Asturias y Castilla-La Mancha, históricos bastiones socialistas, “y eso podría provocar un efecto arrastre”.
Esa gran jornada electoral no sería del agrado de muchos dirigentes municipales y autonómicos, temerosos de que el efecto arrastre sea el de Sánchez hacia ellos: “Es que también existe la variable de que esté todo tan perdido, que el PSOE prefiera no arriesgar ciudades o comunidades”, resalta el investigador.
El catedrático Montabes introduce una alternativa: la cuestión de confianza. Recuerda que antes la utilizó Adolfo Suárez, en 1980, y que supuso “una muerte anunciada, de hecho, dimitió unos meses más tarde”. La cuestión de confianza, agrega, “es un órdago institucional como contrapeso a la moción de censura. Es el presidente diciendo: ‘O yo o el caos’”.
Moción de censura
Montabes valora las opciones de que el PP presente una moción de censura recurriendo de nuevo a la historia, y a la excusa dada por los populares para mostrarse, hasta el momento, reacios a dar el paso, que se sustenta en que no tienen los apoyos suficientes. Montabes recuerda que en España solo ha salido adelante una de las cinco mociones de censura que se han presentado, y pone dos ejemplos paradigmáticos.
Por un lado, el de Felipe González contra Adolfo Suárez en 1980. El candidato del PSOE, subraya Montabes, sabía que los números no le daban, “pero le sirvió para mostrarse con una figura de Estado y fue el inicio de su victoria en 1982”.
Muy distinto fue el caso de Antonio Hernández Mancha (Alianza Popular –AP–), que, “aunque también era consciente de su inferioridad numérica, pensó que sería una buena herramienta para fortalecer su liderazgo en la derecha. Y fue todo lo contrario: “Abandonado por sus socios y traicionado dentro de su propio partido, acabó dimitiendo como presidente de AP”, destaca el catedrático.