Las sociedades españolas de Medicina Interna (SEMI) y de Arteriosclerosis (SEA) han elaborado un documento de consenso en el que defienden un “enfoque integral” de la dieta mediterránea, donde el modelo alimentario incorpora elementos no estrictamente nutricionales, como las técnicas de cocina y la siesta de 30 minutos.
Este trabajo revisa la evidencia científica disponible sobre cómo este patrón dietético influye en la salud y examina el “importante impacto” de factores que “van más allá de los nutrientes”, según han señalado ambas sociedades, que remarcan que se trata de un modelo “también profundamente cultural”.
En esta línea, SEMI y SEA sostienen que la dieta mediterránea “debe entenderse como un patrón integral de alimentación y estilo de vida, cuyos beneficios sobre la salud cardiovascular no pueden explicarse únicamente por la composición nutricional de los alimentos”.
“Con este consenso, lanzamos un mensaje muy claro a la población: no solo importa qué comemos, también cómo, con quién y cuándo comemos”, ha indicado el último firmante del documento, el doctor Pablo Pérez-Martínez, vicepresidente de la SEMI y miembro del Grupo de Trabajo de Nutrición y Estilo de Vida de la SEA, quien recalca que este patrón “es mucho más que una suma de nutrientes, es un modelo de salud y de estilo de vida”.
Prácticas culinarias y respuesta metabólica
El consenso destaca que la selección y preparación de los alimentos, priorizando métodos culinarios mediterráneos tradicionales y productos locales y de temporada, condicionan la cantidad, la calidad y la biodisponibilidad de los nutrientes y compuestos bioactivos. Asimismo, apunta que estas prácticas modulan la respuesta metabólica y procesos fisiopatológicos como la inflamación y el estrés oxidativo, con repercusión directa sobre la salud vascular.
Estos elementos “se traducen en hábitos concretos con impacto directo en la salud”, ha remarcado el primer firmante del texto, el doctor Javier Delgado Lista, coordinador del citado grupo de la SEA y miembro de la SEMI, quien recuerda que “compartir las comidas favorece una mayor calidad dietética y una mejor adherencia al patrón mediterráneo”.
El informe resalta que la comensalidad, sobre todo cuando las comidas son regulares, compartidas y sin dispositivos digitales, optimiza el proceso biológico de la ingesta, prolonga el tiempo de masticación, refuerza las señales de saciedad y regula la modulación neuroendocrina del apetito. Además, el entorno social de las comidas se vincula con una mayor activación de circuitos cerebrales de recompensa y bienestar, lo que podría contribuir a reducir el estrés y la ansiedad.
En cuanto a la estacionalidad, Delgado Lista ha señalado que “el consumo de alimentos frescos y de temporada se relaciona con una mayor ingesta de compuestos bioactivos y antioxidantes beneficiosos para la salud vascular”. “El objetivo es doble”, ha añadido, siendo el primero “poner en valor estos factores para fomentar su mantenimiento en nuestro entorno” y el segundo “facilitar su adaptación a otros contextos geográficos y culturales”.
Media hora de siesta y horarios de comida
El documento incide en que la proximidad y la sostenibilidad de los alimentos se asocian con una mayor diversidad de la dieta y una mejor calidad global del patrón mediterráneo, y recoge que la siesta de unos 30 minutos se ha relacionado con beneficios cardiovasculares y metabólicos, probablemente mediante la modulación del estrés, la función autonómica y la sincronización de los ritmos circadianos.
También subraya la relevancia de la organización temporal de las comidas y de la crononutrición, recomendando concentrar buena parte del aporte energético en las primeras horas del día. En este sentido, Pérez-Martínez ha indicado que “evitar cenas tardías puede mejorar la regulación metabólica, la sensibilidad a la insulina y la inflamación”.
Por ello, apunta que “recuperar horarios más ordenados, comidas compartidas y una cena más ligera es una forma sencilla y muy poderosa de cuidar la salud cardiovascular”, aludiendo a que estos factores condicionan tanto la adhesión al patrón mediterráneo como diversos determinantes biológicos clave para la salud vascular, entre ellos la regulación metabólica, la inflamación de bajo grado y la función circadiana.
Según concluye el documento, todos estos aspectos se suman a otros componentes ya consolidados del modelo mediterráneo, como la práctica regular de actividad física, una hidratación adecuada y una vida social activa. En conjunto, configuran, según los autores, un auténtico modelo de salud y de estilo de vida.