El debate sobre una posible burbuja inmobiliaria ha reabierto el foco sobre los análisis de CaixaBank, aunque las advertencias de la entidad no apuntan a ese diagnóstico, sino a tensiones estructurales en el mercado de la vivienda. Según CaixaBank Research, el gran problema es el desequilibrio entre oferta y demanda, con un déficit acumulado superior a 730.000 viviendas desde 2021, una brecha que podría superar las 900.000 en los próximos años si no se corrige.
Ese es el eje central de los mensajes lanzados por la entidad: preocupación por los riesgos del mercado, pero vinculados a la escasez de oferta, el acceso a la vivienda y el impacto económico que puede tener que el problema se cronifique. Desde CaixaBank se ha advertido incluso de que este desequilibrio puede convertirse en un “cuello de botella económico” si no se actúa.
En ese diagnóstico, el consejero delegado, Gonzalo Gortázar, ha insistido en que el mercado presenta tensiones, pero ha defendido que el problema es de acceso a la vivienda y no una repetición del escenario de 2008. Al mismo tiempo, ha reclamado más suelo disponible, seguridad jurídica y colaboración entre administraciones para aumentar la oferta.
Déficit de oferta y presión sobre precios
Uno de los mensajes más repetidos por CaixaBank es que la raíz del problema está en que se crean más hogares que viviendas se construyen. Según los análisis de la entidad, esa brecha explica buena parte de la presión sobre precios y del deterioro del acceso a la vivienda.
La entidad ha defendido además que el problema requiere atraer inversión privada con marcos regulatorios estables y acelerar decisiones urbanísticas, especialmente en materia de suelo. En palabras de Gortázar, “necesitamos colaboración entre las distintas administraciones públicas”, una idea reiterada en sus últimas intervenciones.
CaixaBank también ha advertido de que la evolución de los tipos de interés y de los costes energéticos puede añadir presión. En distintas intervenciones, Gortázar ha señalado que el contexto geopolítico puede tensionar tipos a largo plazo y encarecer la financiación hipotecaria.
Más que hablar de burbuja, el foco de la entidad está en los riesgos derivados de esos desequilibrios. Entre ellos, la pérdida de rentabilidad en promociones, la dificultad de acceso para hogares y jóvenes y el impacto macroeconómico que puede tener la falta de vivienda.
Además, CaixaBank Research ha vinculado parte de estos riesgos a la incertidumbre internacional. El alza de la energía y su efecto sobre inflación y tipos aparece en sus análisis como uno de los factores que podrían afectar tanto a la financiación como a la evolución del sector.
En paralelo, la entidad ha lanzado también mensajes de prudencia. Gortázar ha defendido cautela sobre escenarios extremos y ha insistido en que el reto pasa por corregir los desequilibrios estructurales del mercado.
Qué plantea la entidad
La receta que repiten tanto CaixaBank como su servicio de estudios pasa por elevar la oferta de vivienda. Más suelo, estabilidad normativa, colaboración público-privada y decisiones de largo plazo aparecen como los cuatro ejes centrales de sus propuestas.
El mensaje de fondo es que el riesgo no está tanto en una burbuja en sentido clásico como en dejar crecer un problema estructural que, según la entidad, ya tiene consecuencias sociales y puede tenerlas también económicas si no se corrige. Ese es, hasta ahora, el principal aviso lanzado por CaixaBank sobre vivienda.