La acampada de la Puerta del Sol de Madrid comienza a preparar su retirada después de 29 días de protestas para reclamar soluciones a la crisis de la vivienda en España. Los participantes han iniciado este domingo, 25 de octubre, los preparativos para desmontar parte de las lonas, carpas y tiendas de campaña que ocupan la emblemática plaza madrileña desde finales de septiembre, aunque todavía no existe un acuerdo definitivo ni un anuncio oficial que establezca cuándo concluirá la concentración. Según publica El País, varias fuentes de la organización han confirmado que existe un consenso creciente sobre la necesidad de iniciar una retirada progresiva, un proceso que podría prolongarse durante varios días y que deberá concretarse en las asambleas previstas para esta tarde.
La decisión llega en un momento en el que la movilización ha superado la duración de la histórica acampada del 15-M de 2011 y cuando parte de los participantes considera necesario trasladar la protesta a una nueva fase. El objetivo principal es concentrar los esfuerzos en la huelga general por el derecho a la vivienda convocada para el próximo 11 de noviembre, apenas 18 días antes de las elecciones generales. Aunque algunos colectivos defienden mantener una presencia permanente en Sol, otros consideran que la concentración ya ha conseguido situar las dificultades de acceso a la vivienda en el centro de la agenda política y que ha llegado el momento de extender las reivindicaciones a los barrios y municipios de Madrid.
Los acampados comienzan a organizar la retirada, pero todavía no hay una fecha oficial
Según la información publicada este domingo por El País, los integrantes de las comisiones encargadas de coordinar la acampada ya trabajan en la planificación del desmontaje. Uno de los participantes ha descrito esta jornada como el "día cero" del proceso, aunque ha reconocido que todavía quedan cuestiones pendientes de resolver. Las asambleas convocadas para la tarde deberán determinar el calendario de salida, la distribución de las tareas y si algunos grupos permanecen en la plaza mientras se retiran las principales estructuras.
La operación no será inmediata. Durante las últimas cuatro semanas, los manifestantes han levantado un campamento formado por cientos de tiendas de campaña, lonas, espacios comunes y zonas destinadas a la organización de actividades y al reparto de alimentos. Su retirada requiere desmontar las estructuras, recoger los materiales y limpiar los espacios ocupados. Los participantes también pretenden distribuir entre otras organizaciones sociales los productos que han recibido mediante donaciones, entre ellos comida, ropa de abrigo y herramientas, para que puedan seguir utilizándose en iniciativas de apoyo a personas vulnerables.
Aunque en los últimos días ha disminuido el número de tiendas y algunas de las estructuras instaladas en las calles de Arenal y Preciados ya han desaparecido, la acampada continúa activa y mantiene parte de sus actividades habituales. El futuro inmediato dependerá de las decisiones colectivas que se adopten, puesto que no todos los participantes comparten la conveniencia de abandonar por completo la Puerta del Sol.
La protesta nació tras el desahucio de Maricarmen y ha superado la duración del 15-M
La acampada comenzó durante la noche del 26 de septiembre de 2026, impulsada por el Sindicato de Inquilinas, después del desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que fue expulsada de su vivienda habitual el 23 de septiembre y falleció aproximadamente dos semanas después. Su caso desencadenó una oleada de indignación y una movilización en Madrid que terminó convirtiéndose en una protesta permanente contra los desahucios, los elevados precios de los alquileres y las dificultades para acceder a una vivienda.
Lo que comenzó como una concentración de protesta fue creciendo hasta convertirse en una estructura organizada con asambleas, comisiones de trabajo y espacios de atención a los participantes. El campamento llegó a reunir más de un millar de tiendas de campaña y contó con la colaboración de diferentes colectivos sociales y organizaciones sindicales. Durante estas semanas también se celebraron actividades culturales, reuniones políticas y encuentros vecinales, mientras los manifestantes reclamaban medidas para garantizar el derecho constitucional a una vivienda digna.
La movilización ha tenido consecuencias en el debate político nacional. El Gobierno de Pedro Sánchez aprobó dos decretos sobre vivienda después del comienzo de las protestas, aunque ambos fueron rechazados posteriormente por el Congreso, lo que contribuyó a agravar la crisis parlamentaria que desembocó en la convocatoria anticipada de elecciones para el 29 de noviembre. La vivienda se ha convertido desde entonces en uno de los principales asuntos de la precampaña electoral.
La preocupación por las personas sin hogar complica el desmantelamiento
Uno de los problemas que deberán resolver los organizadores es qué ocurrirá con las personas sin hogar que se han instalado en la acampada durante las últimas semanas. El campamento no solo ha funcionado como un espacio reivindicativo, sino también como un lugar donde personas en situación de vulnerabilidad han encontrado refugio temporal, comida y cierta protección frente a las bajas temperaturas nocturnas.
Según recoge El País, los participantes consideran necesario encontrar alternativas antes de completar la retirada, ya que la desaparición de las tiendas podría dejar sin ese apoyo a quienes no disponen de otro lugar donde dormir. La presencia de estas personas también ha generado debates internos sobre los objetivos de la concentración y los límites de la asistencia que puede prestar un movimiento ciudadano organizado mediante voluntarios.
Esta cuestión se suma al desgaste acumulado después de casi un mes de protestas. Las lluvias, el descenso de las temperaturas y las dificultades para sostener el funcionamiento cotidiano del asentamiento han provocado que parte de los participantes abandone progresivamente la plaza, mientras otros defienden continuar con la movilización hasta conseguir compromisos políticos concretos.
El Ayuntamiento de Almeida exige levantar la acampada y reclama los gastos de limpieza
La posible retirada coincide con una nueva ofensiva del Ayuntamiento de Madrid, gobernado por José Luis Martínez-Almeida, contra la permanencia del campamento. El delegado municipal de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, ha vuelto a reclamar este domingo a la Delegación del Gobierno que intervenga para poner fin a la concentración, al considerar que ha dejado de ser una protesta sobre vivienda para convertirse en un asentamiento irregular.
Carabante ha acusado además al presidente del Gobierno de permitir la continuidad de la acampada por interés político, una interpretación que no ha acompañado de pruebas sobre una intervención directa de Sánchez en las decisiones de los manifestantes. El responsable municipal ha mencionado los perjuicios para comerciantes, vecinos y actividades organizadas en el centro de la capital, entre ellas la Fiesta de la Trashumancia, cuyo recorrido ha tenido que modificarse este año por la ocupación de la plaza.
Por su parte, el Consistorio también estudia reclamar a los responsables de los posibles desperfectos los gastos derivados de la limpieza y reparación de Sol. La vicealcaldesa, Inma Sanz, ha defendido que los costes no deberían recaer sobre los madrileños, aunque el Gobierno municipal todavía no ha explicado qué procedimiento utilizaría para exigir esas cantidades ni cómo identificaría a los responsables de cada daño.
La huelga general del 11 de noviembre, el siguiente objetivo de los manifestantes
La preparación del desmantelamiento no supone necesariamente el final de las reivindicaciones. Los colectivos que participan en la protesta quieren trasladar parte de la organización construida en Sol a los barrios y concentrar sus esfuerzos en la huelga general del miércoles 11 de noviembre, convocada por organizaciones como la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, CCOO, UGT, CGT y CNT, entre otras.
La convocatoria pretende denunciar el impacto del precio de la vivienda sobre los salarios y reclamar medidas que faciliten el acceso a un hogar. Los organizadores buscan mantener la movilización social más allá de la presencia física en la Puerta del Sol y aprovechar las redes de colaboración creadas durante las últimas semanas para impulsar nuevas acciones en diferentes puntos de España.
De esta manera, la acampada que comenzó el 26 de septiembre se acerca a una posible despedida después de haber situado la crisis de la vivienda en el centro del debate político. La retirada todavía deberá concretarse en las asambleas de este domingo y no está descartado que algunos participantes mantengan sus tiendas en la plaza. Sin embargo, el comienzo de los preparativos marca un cambio de etapa para un movimiento que, casi un mes después de ocupar el kilómetro cero de Madrid, busca nuevas formas de continuar sus reivindicaciones de cara al 11 de noviembre y a las elecciones generales del 29N.