Mercedes López Romero, exdiputada de Ciudadanos en el Parlamento de Andalucía, perdió el 90% de visión después de mirar directamente al Sol durante un eclipse cuando tenía ocho años. Décadas después, y a pocas horas del eclipse total de este miércoles 12 de agosto, su experiencia se ha convertido en una advertencia para las familias: la observación sin una protección adecuada puede causar lesiones oculares irreversibles y los menores deben permanecer supervisados en todo momento.
"Me da miedo ver que la gente va a ver el eclipse con niños y todo; no son conscientes del peligro que supone", afirma López Romero en una entrevista con EFE publicada por El Independiente.
La exparlamentaria, de 45 años y fisioterapeuta de profesión, padece una ceguera del 90%, hipersensibilidad a la luz y lesiones en la mácula que, según relata, no pueden operarse porque afectan a tejido nervioso. Su pérdida de visión ha continuado avanzando con los años.
Una competición infantil para ver quién aguantaba más
El episodio que condicionó su vida ocurrió en el patio de un colegio de Dalías, en Almería. López Romero y otros niños se escondieron de los adultos durante un eclipse y comenzaron una competición para comprobar quién podía mantener la mirada fija en el Sol durante más tiempo.
Los mayores observaban el fenómeno a cierta distancia y con sistemas de protección, pero los menores decidieron hacerlo directamente. Su hermana, dos años menor, y otros compañeros apartaron antes la vista. López Romero fue quien sostuvo la mirada durante más tiempo.
Las consecuencias no se hicieron evidentes en aquel momento. Según su testimonio, los primeros problemas importantes aparecieron seis años después, cuando tenía 14 y comenzó a tener dificultades para distinguir los números escritos en la pizarra del instituto.
El oftalmólogo identificó entonces quemaduras en la mácula, la zona central de la retina que permite apreciar los detalles. Al preguntarle si había mirado hacia arriba de forma continuada, recordó lo sucedido durante aquel eclipse.
Una pérdida de visión progresiva e irreversible
López Romero describe su percepción actual como si hubiera "mucha niebla siempre". Tiene dificultades para diferenciar los colores y debe adaptar el brillo y el contraste del teléfono móvil y la televisión. También utiliza gafas de sol de manera habitual, incluso en algunos espacios interiores, por su sensibilidad a la luz.
La discapacidad visual condicionó además sus decisiones académicas y su autonomía. A los 17 años le comunicaron que no podría obtener el carné de conducir y, al cumplir los 18, se afilió a la ONCE. Renunció a estudiar Medicina y Enfermería, sus primeras opciones, y terminó formándose en Fisioterapia.
Posteriormente desarrolló una trayectoria política vinculada a Ciudadanos. Fue diputada por Almería durante la XI Legislatura del Parlamento andaluz y ejerció como portavoz de su grupo en la Comisión sobre la Discapacidad en Andalucía, según recoge su ficha oficial en la Cámara autonómica.
Su petición de no mirar el eclipse es una petición personal
La exdiputada recomienda no contemplar el eclipse, ni siquiera con gafas de protección, y pide una prudencia especial cuando haya niños. Se trata de una posición personal derivada de su experiencia y no de la pauta técnica difundida por las autoridades y los profesionales de la salud visual.
El Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas señala que el eclipse puede observarse con gafas específicas que cumplan la norma internacional ISO 12312-2 y estén en buen estado. Las gafas de sol convencionales, las radiografías, los cristales ahumados y otros métodos caseros no ofrecen una protección suficiente.
Los profesionales también recomiendan recurrir a métodos indirectos, como la proyección estenopeica, y mantener a los menores bajo la vigilancia constante de un adulto para garantizar que utilizan correctamente la protección.
Por qué mirar al Sol puede dañar la retina sin causar dolor
Mirar directamente al Sol puede provocar retinopatía solar, una lesión de la retina capaz de deteriorar de forma permanente la visión central. El riesgo existe también durante un eclipse parcial: que la Luna oculte una parte del disco solar no convierte en segura la radiación que continúa llegando al ojo.
El daño puede no percibirse de inmediato. La retina carece de receptores del dolor, por lo que la exposición no siempre genera una señal que lleve a apartar la mirada antes de que se produzca la lesión. Los problemas pueden manifestarse después mediante visión borrosa, manchas en el centro del campo visual, alteración de los colores o sensibilidad a la luz.
Por eso, la principal advertencia de López Romero se dirige a los niños, que pueden no comprender el alcance del riesgo o retirarse las gafas por curiosidad. Su propia historia muestra que una conducta de apenas unos minutos puede tener consecuencias duraderas y condicionar la vida cotidiana muchos años después.