La principal medida para protegerse del humo de los incendios forestales es permanecer en casa o en un espacio cerrado siempre que sea posible, con puertas y ventanas cerradas para evitar la entrada de partículas procedentes de la combustión. La recomendación cobra especial importancia en las zonas más próximas a los incendios, pero también en municipios situados a kilómetros del frente donde el olor a quemado, la presencia de cenizas o el cielo oscurecido indiquen que el humo ha llegado hasta la población.
Los especialistas recuerdan que el riesgo no está solo en las llamas. El humo contiene partículas muy pequeñas capaces de penetrar en las vías respiratorias y alcanzar zonas profundas de los pulmones, por lo que conviene reducir la exposición incluso cuando no exista una amenaza directa del fuego sobre las viviendas. En ningún caso se recomienda hacer deporte o actividad física al aire libre en las zonas afectadas, ya que el esfuerzo aumenta la cantidad de aire inhalado y, con ello, la entrada de partículas en el organismo.
Aire acondicionado en modo recirculación
Dentro de casa, una de las pautas más importantes es utilizar el aire acondicionado, si se dispone de él, en modo recirculación o reciclado, para que el aparato tome el aire del interior de la vivienda y no lo capte del exterior. Esta medida ayuda a evitar que el humo siga entrando en espacios cerrados cuando la calidad del aire exterior es mala.
También conviene evitar actividades que empeoren el aire interior, como fumar, encender velas, usar chimeneas o generar polvo. Si entran cenizas en la vivienda, lo recomendable es retirarlas con paños húmedos y no barrer en seco, porque al hacerlo las partículas pueden volver a quedar suspendidas en el aire.
Mascarilla FFP2 o FFP3 si hay que salir
Si salir a la calle resulta imprescindible, los expertos recomiendan utilizar mascarillas FFP2 o FFP3, especialmente en el caso de personas vulnerables. Las mascarillas quirúrgicas, los pañuelos o las bufandas no ofrecen una protección adecuada frente a las partículas finas del humo, aunque una quirúrgica podría aportar un beneficio limitado si hay cenizas visibles y no se dispone de otra protección.
La recomendación afecta de forma especial a personas mayores, niños pequeños, embarazadas, pacientes con enfermedades respiratorias, personas con problemas cardiovasculares y trabajadores que deban permanecer en exteriores. En estos casos, la exposición debe limitarse al mínimo posible, porque el humo puede agravar patologías previas o desencadenar síntomas incluso con periodos cortos de contacto.
Cuándo llamar a urgencias
Las autoridades sanitarias aconsejan pedir ayuda médica si aparecen dificultad para respirar, dolor en el pecho o tos persistente, síntomas que pueden indicar que el humo está afectando a las vías respiratorias o agravando una enfermedad previa. También deben vigilarse señales como sensación intensa de falta de aire, mareo, debilidad, empeoramiento del asma, aumento de la tos o malestar que no remite al alejarse del humo.
El humo puede producir inflamación en las vías respiratorias y dificultar la oxigenación, lo que supone un riesgo mayor para quienes ya padecen enfermedades crónicas de tipo respiratorio o cardiovascular. En caso de duda, es preferible contactar con los servicios sanitarios para recibir orientación y evitar desplazamientos innecesarios a centros médicos si la situación puede resolverse con indicaciones del personal de emergencias.
Ansiedad y sensación de falta de aire
Los expertos también advierten de que una emergencia de este tipo puede provocar cuadros de ansiedad, especialmente en personas evacuadas, confinadas o expuestas durante horas a incertidumbre, humo y miedo por la evolución del fuego. Una ansiedad severa puede generar sensación de falta de aire o dolor torácico, síntomas que pueden confundirse con un problema respiratorio o cardiaco.
Por eso, los servicios de urgencias recomiendan explicar bien la situación al llamar, indicar si existe exposición al humo, antecedentes médicos, dolor en el pecho, tos, fiebre, mareo o dificultad real para respirar, y seguir las instrucciones del personal sanitario. El objetivo es distinguir entre una crisis de ansiedad y una patología respiratoria o cardiovascular que requiera atención urgente.
Hidratación y calor: dos factores a vigilar
En un episodio de humo coincidente con temperaturas elevadas, es importante beber agua con frecuencia aunque no se tenga sed, evitar el alcohol y no realizar comidas copiosas. La deshidratación puede empeorar la sensación de fatiga, debilidad o mareo, y el calor aumenta el esfuerzo del organismo en una situación ya complicada por la mala calidad del aire.
La combinación de humo y altas temperaturas es especialmente delicada para mayores, bebés, embarazadas y personas con enfermedades crónicas. En viviendas sin buena climatización, conviene buscar espacios interiores más frescos y seguros, siempre que el desplazamiento pueda hacerse sin exponerse de forma prolongada al humo.
Por qué el humo puede ser peligroso
La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica advierte de que las partículas del humo pueden llegar a las zonas más profundas de los pulmones y empeorar enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Aunque cualquier persona puede notar irritación de garganta, ojos, nariz o tos, el riesgo aumenta en quienes tienen asma, EPOC, cardiopatías u otras enfermedades previas.
El humo de los incendios forestales no es solo una molestia ambiental. Puede incluir partículas finas, gases y compuestos irritantes generados por la combustión de vegetación, viviendas, materiales agrícolas, vehículos u otras estructuras alcanzadas por el fuego. Por eso, las recomendaciones sanitarias insisten en limitar la exposición antes de que aparezcan síntomas.
Qué deben hacer los grupos vulnerables
Los grupos vulnerables deben extremar la prudencia y evitar salir al exterior salvo que sea imprescindible. En el caso de niños pequeños, conviene mantenerlos dentro de casa, reducir la actividad física, vigilar si aparecen tos, irritabilidad, dificultad para respirar o cansancio inusual, y consultar con profesionales si los síntomas persisten.
Las embarazadas, las personas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiacas deben seguir de cerca las indicaciones oficiales, tener a mano su medicación habitual y no esperar a que los síntomas se agraven para pedir orientación sanitaria. Si una persona utiliza inhaladores, oxígeno domiciliario u otros tratamientos, debe mantenerlos accesibles y seguir las pautas indicadas por su médico.
Consultar la calidad del aire y seguir fuentes oficiales
Además de las recomendaciones generales, conviene consultar el Índice de Calidad del Aire y los avisos difundidos por las comunidades autónomas, ayuntamientos, servicios de emergencia y autoridades sanitarias. La situación puede cambiar en pocas horas por el viento, la intensidad del incendio o la llegada de nuevas columnas de humo, de modo que las pautas sobre ventilación, actividad exterior o confinamiento pueden variar durante el día.
La población debe seguir únicamente canales oficiales como 112, Protección Civil, servicios sanitarios, ayuntamientos y administraciones competentes. Ante la presencia de humo, la pauta básica es clara: quedarse en interiores, cerrar puertas y ventanas, usar FFP2 o FFP3 si hay que salir y llamar a urgencias si cuesta respirar, aparece dolor en el pecho o la tos se mantiene.