No puedo dejar de hacerme ahora esa pregunta sobre Óscar Puente. Los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda suman al menos 114 fallecidos, según los balances publicados, todavía provisionales en el caso de Urda. Una magnitud que obliga a discutir la responsabilidad de quien dirige el Ministerio de Transportes, aunque las investigaciones deban establecer las causas de cada siniestro.
Creo que Puente debería dimitir. Y creo que aún puede hacerlo sin recorrer el camino que convirtió la continuidad de Mazón en una defensa cada vez más difícil de sostener.
Pero, pongamos rigor. Sería injustificable atribuir al ministro, sin pruebas, decisiones operativas que no sabemos si adoptó o conoció. Tampoco cabe deducir de dos tragedias una misma causa. Pero la responsabilidad política va más allá de la intervención personal en un accidente, porque, además, la capacidad de responder por el funcionamiento del ámbito que se dirige y de reconocer cuándo su recuperación necesita otro liderazgo.
"No estoy pensando en mí"
En su comparecencia tras el accidente de Urda, Puente respondió a la pregunta sobre su dimisión con un “No estoy pensando en mí” y explicó que estaba ocupado en esclarecer lo sucedido. La atención a la emergencia resulta prioritaria. Sin embargo, ¿un ministro debe poder explicar cómo entiende su responsabilidad y qué consecuencias está dispuesto a asumir? Responder sobre su continuidad también forma parte del servicio que presta.
Desde la comunicación política, el riesgo empieza cuando el dirigente se presenta como imprescindible para resolver la crisis que afecta a su gestión. Esa identificación hace que cualquier relevo parezca una amenaza para la institución. Mazón había utilizado su compromiso con la reconstrucción para justificar que seguía.
Puente debería evitar que la necesidad de esclarecer los accidentes termine cumpliendo la misma función. La investigación tiene que poder avanzar con independencia de quién ocupe el ministerio.
Asegurar el relevo sin prolongarlo
Una salida responsable requeriría asegurar el relevo sin prolongarlo hasta que la presión hiciera inevitable la decisión. Los equipos deben continuar atendiendo a las víctimas y sosteniendo el servicio, mientras el Gobierno garantiza la continuidad de la gestión.
En la comparecencia de dimisión, Puente tendría que explicar qué responsabilidad asume. Una apelación genérica al desgaste personal dejaría sin responder la cuestión principal. También la dejaría pendiente una despedida centrada en las críticas recibidas o en los méritos de su gestión. Lo relevante sería reconocer la gravedad de lo sucedido bajo su mandato y explicar por qué considera que un relevo puede contribuir a recuperar la confianza en el ferrocarril.
Le propongo el siguiente argumento: “La investigación debe determinar las causas de estos accidentes. Como ministro, me corresponde asumir una responsabilidad política por el ámbito que dirijo. He decidido dejar el cargo para facilitar una nueva etapa en su gestión. Seguiré a disposición del Parlamento y de los órganos que investigan lo ocurrido para dar todas las explicaciones que me correspondan”.
Las familias necesitan respuestas y Pedro Sánchez debe dar explicaciones
Una declaración así comprometería algo más que el puesto y su credibilidad dependería de facilitar la documentación requerida y de comparecer cuando fuera llamado, también después de abandonar el Gobierno. Dimitir no debería dar por concluida la rendición de cuentas. Las familias necesitan respuestas y garantías de que las conclusiones tendrán consecuencias, más allá del cambio de nombre en la puerta de un despacho.
Pedro Sánchez tendría asimismo que explicar qué espera conseguir con el relevo y cómo va a respaldar las medidas que resulten necesarias, porque tampoco Gobierno puede encomendar a una dimisión toda la reparación institucional. Sustituir al ministro sin revisar lo que deba corregirse dejaría intactas las preguntas que, precisamente, hacen razonable exigir responsabilidades.
Al escribir sobre Mazón me preguntaba qué argumento podía quedarle para marcharse después de haber empleado tantos en defender que debía seguir. Puente aún puede evitar esa encerrona. Su salida tendría sentido si reconoce que la responsabilidad del cargo alcanza también la decisión de dejarlo y acepta las obligaciones que continúan después. Esa es la dignidad que cabe exigirle a una dimisión.