La trampa del descrédito: cuando la pobreza es el plan

Con motivio del Día del Trabajo, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saiz reivindica en Demócrata las políticas sociales: "Algunos lo llaman gasto e incluso despilfarro. Nosotros lo llamamos inversión social. Inversión en infancia, en autonomía, en dignidad"

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Elma Saiz es ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno

Elma Saiz es ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno

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Hoy, el Día del Trabajo, estamos ante uno de los momentos más dulces para nuestro mercado laboral. Hemos llegado a los 22 millones de afiliados, estamos cerrando brechas estructurales y por primera vez en la historia, la estabilidad en el empleo es mayoría. Aun así, muchos buscan un chivo expiatorio y esta vez les ha tocado a las personas más vulnerables.

No es casualidad, es una estrategia. No es un prejuicio espontáneo, es un plan. Estamos inmersos en una calculada ola de descrédito hacia quienes menos tienen, una maquinaria de estigma que no busca otra cosa que convertir a la víctima en culpable.

Señalar al ‘pobre’ es la herramienta más eficaz para no afrontar las verdaderas razones de la desigualdad

Lo triste es que no es la primera vez que pasa. Sabemos que la historia se repite y señalar al ‘pobre’ es la herramienta más eficaz para no afrontar las verdaderas razones de la desigualdad. Al deshumanizar la necesidad, se justifica la indiferencia, y lo que es peor, su criminalización.

Debemos preguntarnos por qué, como sociedad, permitimos que se juzgue a quien menos tiene. Me alarma ver que se intenta desacreditar el avance social y que los titulares de determinados periódicos insisten en la idea de que el Ingreso Mínimo Vital -IMV- es una ‘paguita’ para vivir sin trabajar. Además de falso es injusto.

Me gustaría que les oyeran a ellos. «Ahora sí puedo buscar trabajo. Nadie había dado un duro por mí hasta ahora». «Yo no tenía fe en mí misma. A veces la vida se convierte en una carrera de obstáculos. Aquí me dieron herramientas para levantarme». Nos recuerdan algo esencial: detrás del Ingreso Mínimo Vital hay personas, historias, miedos y también sueños.

Conviene destacar un dato. Dos de cada tres hogares que perciben el IMV han tenido ingresos por trabajo en el último año. Son hogares en los que hay niños y niñas, muchos de ellos encabezados por mujeres, donde la prestación complementa los ingresos familiares, no los sustituye.

Es importante subrayar algo que a menudo no dicen quienes comparan realidades que son absolutamente diferentes: el IMV, a diferencia del SMI, no es una referencia individual, sino que toma como referencia a todos los miembros de la unidad familiar.

La cuantía media de la prestación por hogar supera ligeramente los 500 euros al mes. Solo el 3% de los hogares reciben cuantías superiores al Salaria Mínimo Interprofesional y son hogares donde viven cinco o más miembros, principalmente menores y personas mayores dependientes.

Obstáculos que tienen nombre: precariedad habitacional, problemas de salud, brecha digital, soledad, cargas de cuidados o desgaste emocional

El último Informe FOESSA dice que las familias que perciben el IMV o rentas mínimas son el grupo con mayor nivel de participación en programas de inclusión y que registran altas tasas de búsqueda activa de empleo (85%), hasta 30 puntos por encima de la media. Falta de voluntad no hay.

Me decía una persona que la vulnerabilidad no nace de la pereza, sino de obstáculos estructurales que convierten cada esfuerzo en una subida interminable. Obstáculos que tienen nombre: precariedad habitacional, problemas de salud, brecha digital, soledad, cargas de cuidados o desgaste emocional.

Esta es precisamente una de las cuestiones a las que apunta el informe de J-PAL Europa “Fomento de la inclusión laboral: evidencia del Laboratorio”, que acabamos de presentar. Muchos de los beneficiarios del IMV atraviesan situaciones tan urgentes que, sin una atención integral previa, hablar solo de empleo es quedarse corto. Por eso es más adecuado hablar de capacidad de empleo o empleabilidad. Es aquí donde de verdad tenemos que poner ganas y recursos.

Por eso, a través del Incentivo al Empleo que acabamos de aprobar, reforzamos la participación de estos hogares en las políticas activas desplegadas por el conjunto de los servicios públicos de empleo y las personas perceptoras de la prestación serán incluidos como colectivo de referencia en el Plan anual para el Fomento del Empleo Digno. La experiencia nos enseña algo fundamental: la prestación protege, pero el acompañamiento transforma.

La lucha contra la desigualdad no se gana con discursos, sino con políticas sostenidas en el tiempo. Porque no se trata solo de cifras, sino de acompañar procesos vitales que son frágiles y complejos.

Algunos lo llaman gasto e incluso despilfarro. Nosotros lo llamamos inversión social. Inversión en infancia, en autonomía, en dignidad. En futuro. No es casual que Europa vaya en esta misma dirección, incorporando el empleo como uno de los ejes de la Primera Estrategia Europea contra la Pobreza, que está a punto de aprobarse y que estamos apoyando desde el minuto uno.

Necesitamos revalidar objetivos, ser conscientes de que los derechos sociales no son una conquista definitiva y hoy enfrentan serios intentos de reversión. Necesitamos poner pie en pared y blindar nuestro progreso frente a cualquier amenaza. Hagamos que la historia que se repita sea la de la resistencia y la superación.

sobre la firma

Elma Saiz es ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones desde noviembre de 2023. El pasado mes de diciembre asumió también la portavocía del Gobierno.